Proliferan arreglos de vestuario y calzado

Para el venezolano se ha convertido en una tarea imposible hacerse cargo completamente de la compra de los productos de primera necesidad, dado que los ingresos no son los suficientes para cubrir la canasta alimentaria. De esta manera el vestido y calzado para muchos ha pasado a ser un lujo.

El precio de los mismos incrementa a diario en el mercado. Un par de zapatos fácilmente puede costar como mínimo 25.000 bolívares y unos blue jeans nuevos más de 35.000 bolívares. Ante eso, el venezolano ha optado por una opción que les permite rendir un poco más su presupuesto: remendar la ropa dañada o estirada y arreglar el calzado deteriorado.

Juana Lamus tiene más de nueve años en el ejercicio de la costura, anteriormente se dedicaba de lleno a la realización de lencería para el hogar, pero desde hace dos años aproximadamente decayó el negocio. “Ya le gente no tiene recursos para mandar a hacer piezas nuevas, prefieren mandar a arreglar la ropa que tienen para su uso diario que invertir tanto dinero en una nuevo conjunto”.

Agregó que su mayor clientela son caballeros, quienes solicitan la colocación de parches en sus blue jeans y la reducción de ropa. En su opinión, el número de clientes en búsqueda de estos arreglos en su vestuario incrementó a mediados del mes de agosto del 2016. Inclusive en el mercado donde Lamus labora, costureros dedicados a elaborar piezas, se unieron al negocio de los arreglos por ser el que posee la mayor demanda.

“Diciembre fue tan impresionante que teníamos que rechazar negocios. Uno de mis clientes ha remendado tantas veces uno de sus pantalones que ya se convirtió en un jean de parches”, expresó.

Por otro lado, el trabajador de uno de los puestos de costura que no quiso ser identificado, aseguró que la necesidad de arreglo ha llegado a un nivel en donde los ciudadanos solicitan trabajos para reparar sábanas, toallas y hasta ropa interior desgastada; algo que antes no era visto.

En tanto, José Manzanilla tiene un puesto de arreglo de zapatos al este de la ciudad.  Relató que hace dos años, al momento que se quedó desempleado, comenzó a caminar de casa en casa y ofrecer su servicio hasta que obtuvo recursos suficientes para crear su propia empresa en la calle.

La suela corrida, tapita, pintura y costura son los principales trabajos que recibe Manzanilla en su local improvisado. Destacó que desde el mes de diciembre incrementó la demanda en los trabajos de zapatería.

“Antes uno podía ahorrar un poco y comprarse unos buenos zapatos. Ahora hasta los de mala calidad están por la nubes y prefiero gastar 5.000 bolívares en un arreglo para estirar la vida útil del calzado que 50.000 bolívares por algo que ni dos meses me durará”, expresó Sofía Colmenares mientras se acerca a un puesto de zapateros en el centro de la ciudad.

 

Abandono e inseguridad

Mi Pequeño Miami es un mercado que se encuentra en el centro de la ciudad. Es reconocido por concentrar a expertos en la costura, sublimación de vestuarios y bordados.

Un trabajador del recinto, que se mantuvo en el anonimato, denunció que el sitio está azotado por el hampa. Los únicos organismos de seguridad que se acercan al lugar tan solo están en búsqueda del arreglo de algunos de sus uniformes y simplemente no existe nadie que vele por su tranquilidad.

“Nuestro trabajo es una zozobra continua. En medio de nuestra jornada los malandros nos interrumpen, entran a nuestros locales y nos han quitados nuestros teléfonos o el efectivo que hicimos en el día”.

Ante eso, el antes concurrido mercado se convirtió en una establecimiento solitario donde más del 40 % de sus trabajadores ha migrado hacia otros puestos de trabajo.

“Hay muchos que se han ido del país porque entre el alto costo de la materia prima y la inseguridad, simplemente no podían soportar un minuto más en este país. Muchos hemos optado por colocar rejas en nuestro locales pero si el hampa no se detiene  este lugar podría desaparecer”.