FOTOS Deterioro en el Museo de Barquisimeto

Mariángel Massiah | Fotos: Karen Paradas |

El Museo de Barquisimeto es el centro cultural más importante de la ciudad. Su estructura data de 1878, momento cuando funcionaba como Hospital San Lázaro.

Posteriormente, entre 1909 y 1917, fue construido en su terreno un edificio de estilo neoclásico colonial, donde funcionó la primera sede del Hospital Antonio María Pineda, nombrada en honor a su fundador quien trabajó junto a Luis Razetti.

Luego de que el edificio quedara vacío pasó a manos del Ejército, Batallón Jacinto Lara. El recinto terminó totalmente abandonado y en malas condiciones, ante eso y por su valor patrimonial, en 1974 el Concejo Municipal decidió recuperarlo y restaurarlo, hasta que a fina- les de 1982 se decide convertirlo en sede del Museo de Barquisimeto.

Para el barquisimetano el Museo es un espacio sin especificidad que le da cabida al arte moderno, contemporáneo, clásico, escultural y a diversas expresiones plásticas como el dibujo; además de ser un lugar expositivo sobre todo tipo de temas, adentrándose desde las ciencias sociales hasta la tecnología.

“La ciudad no se puede desprender del Museo”, expresó Ana Clara, una habitante de la zona. Para ella, no es un lugar exclusivo para ver obras de arte, sino para trabajar en ese mundo. En promedio, unas 30 mil personas al año visitan la institución y se efectúan más de 18 actividades culturales.

“Los larenses le tiene un cariño my especial al Museo, es algo que no ocurre en todos los lugares. Entras al Museo es algo solemne y es invadirse de una atmósfera de respeto”, recalcó Clara.

Sin embargo, a pesar de la relevancia que tiene el Museo para la entidad, el aspecto de su fachada no transmite su envergadura. La madera en las ventanas está descompuesta y no ha sido cambiada. Una parte del friso en la parte de debajo del frente está caído y en el caso más grave ha cedido la pared formándose inmensos baches que dejan asomar la estructura original del edificio.

Estas características denotan un descuido de la infraestrutura de la sede cultural a lo largo de varios años. Sin embargo, el Museo de Barquisimeto fue restaurado por últi- ma vez en el año 2012, momento cuando las tejas fueron suplanta- das, los techos impermeabilizados, reparados los aires acondicionados y corregidos los sistemas hidráulicos y de filtración. Inclusive en las salas de exposición se sustituyeron las luminarias de neón por focos.

Aunque fueron numerosos los esfuerzos por mantener viva la estructura del edificio, un antiguo obrero del museo, cuyo nombre no quiso revelar, aseguró que el deterio- ro del inmueble tiene relación con el tratamiento de los muros externos que necesitan un mantenimiento es especial, apegado a la forma tradicional de construcción.

El correcto tratamiento arquitectónico debe hacerse con base en un estudio previo, el cual requiere la toma de una muestra del muro o de los adobes para determinar el tipo de arena Ph.

“Es un problema nacional, muchas veces solamente atacan la deficiencia con lo que tienen, es decir agarran cuatro lochas y tapan los huecos que están calados con pintura y friso. El tratamiento debe estar apegado a las características constructivas originales porque ese tipo de muros respira y tiene movimiento. Cuando hay sequía se comprimen gracias a la poca humedad y en época de lluvias las moléculas de tierra se expanden; siempre están en constante movimiento”, informó un especialista en rehabilitación arquitectónica.

Además hizo hincapié en la complejidad que tiene la restauración de los muros coloniales, al ser estructuras que requieren de frecuente atención. Inclusive destacó cómo algunas viviendas en el casco histórico han sido derrumbadas por la ignorancia en su tratamiento. Agregó que el problema de mantenimiento siempre es tapado a punta de cemento y friso, pero al no ser la manera adecuada tan solo resuelve el problema visual por seis meses, tiempo en que se deteriora por la acumulación de humedad.

“Necesitaba frisarse con cal mezclada con sábila para que dure al menos tres años y al pasar el tiempo se hace un repaño. Históricamente los directores que pasan ven eso y simplemente no lo atienden”.

No obstante, el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) es quien técnicamente tiene la última palabra dado que es el organismo encarga do de atender los edificios con valor patrimonial y por ende debe enviar los técnicos o las recomendaciones específicas.

En lo que se refiere a la asignación de recursos por parte del Estado para el funcionamiento de la institución, se pudo conocer que el dinero siempre hace falta porque la demanda es muy grande, pero en ocasiones no es un problema de volúmenes sino de la orientación de la inversión y el mal uso de los bienes.

En tanto, Vanesa Álvarez, residente de la zona, invitó a todas las organizaciones estadales y nacionales a involucrarse y apoyar a las instituciones culturales. “Es terrible que todos vean como el Museo se desconcha y se encarguen de él tan solo con un mateo de pintura para que se vea bonito. Todos los barquisimetanos requerimos que tanto el Gobierno nacional como la alcaldía o gobernación se ocupen y no dejen perder a un patrimonio cultural de nuestro estado”.

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