Séptimo día

Jesús Granadillo Ávila |

Tal y como estaba previsto, el año 2.017 ha comenzado mostrando un estado catastrófico en lo económico, político y social, lo cual confirma las estimaciones dadas a conocer por las distintas investigaciones de mercado realizadas las cuales vaticinan, que este año se vislumbra con peores resultados que los alcanzados en el 2.016.

Así tenemos, que el año 2.016 cerró con una tasa de inflación del 740%, la más alta del mundo, y se produjeron procesos de devaluaciones calculadas en un 73%, aunado a un inmenso desabastecimiento de alimentos y medicinas, a una canasta alimentaria estimada en Bs. 922.625.oo, y todo ello apunta hacia la posibilidad de incrementar la tasa de inflación al 2.000% y a una total escases de todo tipo de insumos.

En lo relativo al sector político, hasta ahora no se ven asomos o disposición de los protagonistas para tratar de superar los escollos existentes, para que los sectores en pugna conciban vías de conciliación y acuerdos, que permitan mostrar a la ciudadanía soluciones para renovar o sustituir las altas esferas del poder.
La sociedad civil se encuentra atrapada en un estado de pobreza física y mental, carentes de plazas de trabajo dignas y bien remuneradas, atormentada por los niveles de inseguridad que les rodea, huérfana de recursos para garantizar una buena educación y calidad de vida a la familia y sin nada que les garantice un futuro cierto, que obstruya la enorme diáspora migratoria existente en la población.

De acuerdo con este panorama, todo parece indicar que las perspectivas no son nada halagadoras en los distintos aspectos que conforman el devenir de nuestra sociedad; la economía está cada vez más extinguida, con una inexistente producción en todos los rubros, lo cual nos ha conducido a importar más del 80% de cuanto consumimos, obviando la calidad y condición sanitaria de esos productos, además de un alto desabastecimiento.
En el aspecto social el deterioro ha sido brutal, desapareció la calidad de vida de la población y esta muere de mengua en los centros hospitalarios, muchos deben hurgar en la basura en busca de residuos de comida, viven dentro de un horrendo estado de sitio por la violencia y la criminalidad, se incrementa cada día la tasa de desempleo y no existen opciones reales a una buena educación, a una vivienda digna y a una estabilidad emocional en las familias.
Por lo que se refiere al escenario político, no se avizora en el firmamento señales que muestren soluciones a corto y mediano plazo, todo lo contrario, el tan anhelado dialogo no termina de lograr su cometido y solo ha servido para el gobierno ganar tiempo, las relaciones gobierno-oposición son un constante hervidero verbal y de violencia, y no logran ubicar puntos de encuentro o de coincidencias.

Los sectores de la oposición, que sin duda son la mayoría, cada día se notan más fracturados, con serias peleas internas y tratando de imponer sus intereses propios por encima del colectivo, lo cual crea desanimo en la población disidente, cuyos objetivos primarios: seguridad, alimentación, medicinas, empleo, distan mucho de las desbocadas e imprecisas aspiraciones de los líderes opositores.

De tal manera, que los hechos hasta ahora conocidos nos hacen presagiar tiempos muy difíciles en todos los órdenes, los índices de resultados alcanzados apuntan hacia una posible hiperinflación y un posible estado de “Default”, se intensifica la economía de puertos, continua la diáspora migratoria y todo esto nos muestra un país sin presente ni futuro promisorio. Valor y Pa´lante.

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