#ESPECIAL Hijo de Eligio Anzola Anzola: Creo que AD olvidó a mi padre

Angélica Romero Navas | Fotos: Daniel Arrieta |

Ser hijo de una personalidad como Eligio Anzola Anzola lo sentenció a tener una vida accidentada y lo obligó a tener conciencia de un entorno político en la plenitud de su niñez. Mientras sus contemporáneos jugaban en un parque, él estaba en un internado, o en el exterior, escapando del castigo que significaba ser un hombre de pensamiento democrático durante la dictadura de Juan Vicente Gómez.

Tuvo muchas casas, pocas veces un hogar, pasaba meses sin ver a su papá, veía las noticias con el temor de un día saberlo encarcelado o muerto, y aunque al hacer un recuento de los momentos compartidos, no sumarían tantos años, orgulloso se siente de ser “Anzolista”.

Hoy, pasada toda esa época itinerante, se distingue por ser un reconocido médico internista, abrazado por muchos larenses y esperanzado en volver a la democracia, por la que su padre tanto luchó.

Esta semana, accedió a la invitación hecha por EL IMPULSO y se excusó con sus pacientes para compartir la mesa en un Desayuno – Foro con nuestro Director – Editor José Ángel Ocanto, se trata de Iván Anzola Millán.

Hijo de un hacedor larense

Del matrimonio de Hortencia Millán y Eligio Anzola Anzola nacieron tres hijos: Eligio, Iván y Humberto.

Cuando nació Iván, el del medio, su padre ya era un personaje.

Aunque muchos creen que el doctor Eligio Anzola Anzola nació en Río Claro, en realidad es de Cerritos Blancos, pero de pequeño se mudó al sur de Barquisimeto y se apegó a ese lugar.

El doctor Eligio Anzola era militante de Acción Democrática (AD), el partido que jugaba el rol más importante frente a la dictadura de la época. De la mano de personajes como Andrés Eloy Blanco, Rómulo Betancourt, Rómulo Gallegos y Luis Beltrán Prieto Figueroa.

Entre tantos roles importantes que ocupó, Anzola Anzola fue jefe civil, juez, gobernador del estado Lara, secretario de organización de AD, Ministro del Interior de Rómulo Gallegos y dos veces precandidato a la Presidencia de la República.

Estar en el seno de una familia tan agitada, le impidió a Iván tener una vida común. Él veía a su padre como un líder, cuando estaba presente en casa, se hacía todo lo que él dijera pero no existen muchos recuerdos de él en la mesa, los más sólidos que Iván conserva de su padre son de su época de anciano.

-Mi padre nunca me dio un beso pero me dio el mejor cariño.

Era recio, de un carácter muy fuerte, pese a ello le brindó su amistad, “siempre me oyó, siempre me aconsejó”.

En el ejercicio de recordar, vino a la memoria de Iván una anécdota de cuando él le contó a su papá que quería casarse.

-Yo tenía 20 años de edad, me quería casar con una muchacha estudiante de economía, yo había dejado la carrera de medicina por estar con ella, él me dijo que tenía derecho pero que confiaba en mí. Me montó en un carro y me llevaron al aeropuerto para Bolivia, allá me reunió con tres hombres divorciados que me repetían que el divorcio es peor que el matrimonio, mi padre me mandaba una mensualidad y me dijo: quiero que vivas, a los tres meses se me quitó el enamoramiento.

Nunca hubo reproches, cuenta Iván, su padre acertó, tenía mucha vida por delante.

De Bolivia, Iván viaja a Brasil a estudiar medicina. Llegó a la casa de una familia larense, allí se instaló. Un día, al regresar de la universidad, vio un retrato en la mesa de una joven muy bonita. “Esa es mi hermana que está en Barquisimeto”, le dijo la señora de la casa.
Hoy celebra 51 años de matrimonio con esa bella mujer de la foto, de nombre Nilda Herice de Anzola, con quien tiene dos hijos: Humberto Anzola, hoy casado con Martha Bermúdez y Nilze Anzola, casada con Luis Teppa.

También celebra ser abuelo de Ivanna Teppa Anzola, Martha Bermúdez Anzola, Camila Teppa Anzola y Luis Andrés Teppa Anzola.

Se considera un hombre de hogar, honesto, piensa como habla y actúa como piensa y habla.

A diferencia de su padre, no milita en ningún partido político, ni siquiera al que su padre se entregó.

-Creo que Acción Democrática olvidó a mi padre, no lo digo con resentimiento, lo digo por rigor político, habría que recordarlo aunque sea por intereses de partido porque ese hombre le da lustre a cualquier partido, ese fue un señor y AD debe sus orígenes a ese señor”. Por eso hoy trabaja en rescatar las memorias de su padre, que bien vale la pena conocerlas.

La vida de un médico

Iván Anzola cursó la carrera de medicina en la Universidad de Sao Paulo en Brasil. Luego regresó a Venezuela para revalidar la carrera, a la par que hacía su rural en Caldera, un pueblito en el estado Barinas.

De allí se llevó recuerdos que hoy permanecen intactos en su corazón, como el preciso momento cuando se dio cuenta que realmente era un médico.

-La universidad no hace al médico, sino que hay un punto en la vida en que lo descubres. A mí me tocó en una guardia cuando llegó un señor con su hija que tenía un sangramiento genital y a mi cabeza llegaban las imágenes de esa clase, de los profesores, de los compañeros, pero yo no sabía qué hacer y estaba solo. Tenía mucha presión y fue cuando reaccioné, mandé al papá a comprar los insumos en la medicatura y controlamos el sangrado, no se me murió, hice mi trabajo.

Pero hoy hay características que se han perdido, los alumnos en clases se dirigen a sus profesores de “usted”, pero al obtener el título se pasan el “suiche” y creen que ya se las saben todas, comienzan a tutearlos, poniéndose al mismo nivel, no guardan respeto por la experiencia.

Anzola se radicó en Lara, aquí fue jefe de departamento del Antonio María Pineda, hizo un posgrado de medicina interna en el Luis Gómez López, allí mismo creó el servicio de medicina y la Fundación Hospital Luis Gómez López. No lo hizo solo, reconoce que mucha gente lo ayudó.

Entregado al servicio

El doctor Anzola es un hombre de gestos que lo ennoblecen. No cualquier especialista ofrecería sus servicios gratuitos incluso a gente de poder.

Luego de lo que considera fue una jubilación temprana, no se permitió quedarse en casa, pues el ejercicio de la profesión se convirtió en su vicio.

Por 17 años, ha dado consultas diarias de medicina interna en la Casa Hogar Santos Ángeles en Santa Elena.

Un lugar que le ha dado grandes satisfacciones personales, donde hace la medicina que siempre quiso hacer, desde la voluntad de servicio, desde la solidaridad. En donde sorpresivamente los más humildes ofrecen su colaboración y algunos más pudientes se limitan a un espaldarazo, pero con el amor hacia todos por igual.

La salud se debilita

El sistema de salud en Venezuela es precario y mal atendido. Un claro ejemplo, la muerte del rector de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, Francesco Leone.

Yo creo que el rector Leone fue víctima de un sistema, expresa el doctor Anzola. Repite la frase dos veces, está convencido de ello.

Para él, la situación demostró el cúmulo de deficiencias que existen en el país:

En primer lugar debió estar hospitalizado en un centro de salud público, pero los hospitales en este país, generan desconfianza.

En segundo lugar ha debido tener un seguro que cubriera perfectamente su permanencia en el centro de salud, “me llamó la atención que se recolectara dinero para poder costear los gastos, siendo él un funcionario del Ministerio de Educación al que le dedicó más de la mitad de su vida.

Y en tercer lugar, deja en evidencia, que estar en una clínica privada es un delito.
-Leone hizo lo que pudo hasta donde pudo, él fue una víctima más.

Diagnóstico y cura para su paciente más especial

Aunque el doctor Anzola se niega a ser una máquina de diagnósticos, sí tiene uno para su paciente más querido: Venezuela.

Este país tiene tres grandes males, dice, está desconstitucionalizado, desinstitucionalizado y deshumanizado.

Hay que trabajar mucho para corregir los dos primeros defectos, pero, el tercer mal requiere un tratamiento intensivo, “corregir al ser humano es la parte más difícil, costará mucho tiempo recuperar la educación moral y cívica”.

-¿El paciente tiene cura?

Sí, dice enfático, si el Gobierno pone empeño en estos cuatro puntos: seguridad jurídica, inversión, inclusión e incentivo, en todas las áreas, especialmente en la económica.
Además, aboga por recuperar el sostén fundamental del país, la justicia social, “si hay garantía de justicia social, el sistema de salud y la educación, que también son prioridades, deberían funcionar”.

Anzola confía plenamente en el liderazgo de la oposición venezolana. Dice que una cosa es lo que queremos que hagan y otra distinta lo que en realidad pueden hacer, frente a un Gobierno autoritario.

Es partidario del diálogo, que sugiere comenzar desde el seno interno de la oposición, pues ve con desánimo que la ley sea destruir al contendor que también busca un cambio, pues se desvirtúa la lucha.

-No estoy con militancias partidistas, yo quiero de vuelta a la democracia. Creo en la alternabilidad del poder, porque es una característica de la democracia, pero si en las primarias gana el contendor que a mí no me gusta, igual voy a votar por él, porque esto es una etapa, así como lo fue la lucha de calle. El que se considere participante de la idea de un cambio, tiene que ir a votar, yo no fui en el 2005 y eso me lo recrimino todos los días, yo fui cómplice del mal que estamos pasando.

 

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