#OPINIÓN Del Guire al Turbio: País de mártires #31Oct

Alicia Álamo Bartolomé | Ilustración: Victoria Peña |

Sin darnos cuenta, paso a paso, sin cambiar el rumbo, un plan diabólico se ha ido imponiendo, triunfante, en la puerta de América del Sur. Bien concebido y bien ejecutado, con su sello foráneo, se ha colado por las venas de la patria y hoy la inundan de males que afectan la libertad, la economía, la alimentación, la sanidad, la seguridad, la penitenciaría, la educación, la recreación… en fin, ¡la vida entera de los ciudadanos!

Hoy somos territorio de mártires. ¡Cuantos han caído en la lucha de David contra Goliat! Lo mejor de nuestra juventud, la que se forma en liceos, universidades y escuelas técnicas, la  que busca el futuro con entusiasmo y ambición legítima, ha caído dejando su sangre en calles y cárceles o ha ido a la diáspora en busca de mejor destino, exponiéndose a los rigores del exilio que también pueden ser un martirio. No todo es comer y gozar de beneficios sanitarios, educación, seguridad y oportunidad de trabajo, puede faltar la cariñosa tibieza del hogar, del terruño, el aliento de la mano amiga. El territorio de la soledad también es de mártires.

Aquí quedamos algunos por viejos, incapaces o valientes que no quieren abandonar.

La lucha ni su cuna, que prefieren confiar en el fin de la pesadilla por un vuelco inesperado de los acontecimientos, que se cuece en secreto en alguna parte, o por un milagro del cielo, puesta la fe y la esperanza en ese Dios del amor que no abandona. Aquí estamos y somos fuertes, muy fuertes, no nos faltan la sonrisa ni el optimismo, nos nutrimos de actividades culturales y espirituales para llevar una vida más o menos normal. La riqueza de la imaginación -la única que no han podido quitarnos- se activa para crear, tanto situaciones amenas, como platos culinarios apetitosos sin recursos ni los materiales necesarios, puede que sin muchas proteínas ni vitaminas, pero agradables a la vista y el gusto, capaces de saciar el hambre del momento. Uno se las arregla.

El destino del Goliat vernáculo es el mismo de todo Goliat tirano: un David, desde su pequeñez y debilidad, lo vencerá con el tiro certero de piedra  de su honda. Ni en uno ni otro caso me refiero a un hombre -basta de Mesías ficticios- sino a un grupo, un equipo, de un lado el del mal y del otro el del bien. La debilidad del grupo Goliat es su soberbia, su deshonestidad, su ambición maligna, su confianza en el dinero mal habido por la rapiña y el narcotráfico, capital podrido que engendra autodestrucción. La fortaleza del grupo David es tener la conciencia de su debilidad, el ser humilde para buscar una solución en la unidad, el desinterés personal, el trabajo tenaz, la perseverancia, la decisión, la valentía que dan la fe y la esperanza en Dios. Armados unos, inermes los otros, pero éstos amparados en la verdad, mientras aquellos viven de la mentira.

Venezuela ha entrado, gracias a la persecución sostenida de este régimen satánico a inocentes para someterlos a humillación, tortura y asesinato, en la categoría de país de mártires, como lo han sido, con insistencia en este siglo, muchos países africanos. Desde los Estados Unidos -nación amante de las estadística oí de labios de un sacerdote una noticia sorprendente: hoy, en África, hay mayor número de católicos que en Iberoamérica.

¡La sangre de los mártires jamás deja de fertilizar la tierra!

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