#OPINIÓN Condiciones para Negociar #18Nov

José Antonio Gil Yepes | Ilustración : Victoria Peña |

Una vez más, al gobierno le interesa dialogar con la oposición para comprar tiempo e imagen; sin que nada cambie. Se trata de una estrategia para legitimar la juramentación de Nicolás Maduro, el 10-01-2019, ante unos 50 países que no reconocieron su elección. Pero, las derrotas que sufrió la oposición en los diálogos de 2016 y 2018 le inclinan a no dialogar. Sin embargo, las estadísticas mundiales muestran que las prácticas más comunes en los procesos de cambio de regímenes autoritarios son la participación electoral y la negociación. Entonces la oposición no puede escapar a este reto y necesita re encuadrarse psicológicamente bajo esta perspectiva y completarla exigiendo un proceso de negociación que le convenga y una agenda que sea justa.

El proceso conveniente. Referirse a “Negociación“, nunca a “Diálogo”. Escoger el lugar; Venezuela. Acompañarse por países amigos y enemigos para facilitar la divulgación de la experiencia. Fijar la fecha lo antes posible para poder pararse a tiempo de la mesa antes del 10 de enero, si el gobierno no acepta una agenda justa.

La agenda justa. Empieza por rechazar la agenda anterior y por reconocer que repetir la elección no tiene bases sólidas. Maduro la ganó; se la regalaron los abstencionistas. Además, lo más probable es que los países que no han reconocido la elección de Maduro lo hagan porque en Venezuela hay demasiados recursos. La agenda justa contiene los siguientes puntos incuestionables: Renovación de los 13 Magistrados express, de los rectores vencidos en el CNE, del Fiscal, Contralor y Defensor, todos inconstitucionales, por la AN; eliminación de la ANC y la juramentación del Presidente ante dicha AN.

Con esta agenda, la oposición siempre gana: Si el gobierno no la acepta, quedaría expuesto como no democrático y a mayores sanciones. Si la acepta, sería el principio del fin de su autocracia hegemónica. En este caso, los opositores necesitarían volver a re encuadrarse psicológicamente pues el gobierno sólo aceptaría repartir su poder a cambio de “garantías” o, en términos de Robert Dahl, “de que le bajen el costo al reparto porque, si no, no reparte.”

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