#OPINIÓN Buena nueva: Segunda venida #18Nov

Isabel V. de Tenreiro | Ilustración : Victoria Peña |

La Segunda Venida de Cristo o Parusía es una idea que asusta. Pero, si lo pensamos bien, no tendría que serlo, porque estamos hablando de la culminación de la salvación.

¿Pero por qué hablamos de culminación de la salvación? ¿Ya Cristo no nos salvó? Es que Cristo vendrá a establecer su reinado definitivo, cuando “sus enemigos sean puestos bajo sus pies” (Hb. 10, 11-14.18).

Será éste el momento más espectacular y más importante de la historia de la humanidad: ¡Cristo viniendo en la plenitud de su gloria! Si hace dos mil años Cristo vino como un ser humano cualquiera, en su Segunda Venida lo veremos con todo el esplendor de su divinidad.

Ánimo, porque será el momento de nuestra definitiva liberación: nuestros cuerpos se reunirán con nuestras almas… que en eso consiste la resurrección. Es cierto que algunos “de los que duermen en el polvo despertarán para el eterno castigo” (Dn. 12, 1-3). Pero ese castigo será para los que le han dado la espalda a Dios.

Porque los justos, los que hayan buscado cumplir la voluntad de Dios en esta vida, los que por esa razón “están escritos en el libro … despertarán para la vida eterna … brillarán como el esplendor del firmamento … y resplandecerán como estrellas por toda la eternidad” (Dn. 12, 1-3).

Es cierto, también, que ese momento será precedido por “un tiempo de angustia, como no lo hubo desde el principio del mundo” (Dn. 12, 1).

Sin embargo, las pruebas y sufrimientos de esa etapa serán para preparar a los que -aun andando en la Voluntad de Dios- requieran ser purificados algo más para poder entrar al Cielo. Será también la última llamada a conversión para los que se encuentren en pecado y decidan –aunque sea al final- volver a Dios … Porque “Nada manchado entrará en (la Jerusalén Celestial), ni los que cometen maldad y mentira” (Ap 21, 27).

Ya purificados, podrán entrar al Cielo y serán “bienaventurados los limpios de corazón, pues ellos verán a Dios” (Mt. 5, 8).

De allí que las tribulaciones de ayer, de hoy y del futuro, tribulaciones personales o grupales, tribulaciones de ciudades, de países, del mundo, deban ser vistas –y aprovechadas- como preparación de todos los seres humanos a esa venida final de Cristo en gloria.

Será un momento en que “el universo entero se conmoverá”, pues veremos “al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad. Y El enviará a sus Ángeles a congregar a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales y desde lo más profundo de la tierra a lo más alto del cielo” (Mc. 13, 24-32).

Seremos resucitados y reunidos todos: unos resucitarán para una vida de felicidad eterna en el Cielo y otros para una vida de condenación eterna en el Infierno. En ese momento grandioso, inimaginable, esplendoroso, tal vez el momento más espectacular y más importante de toda la historia humana, habrá “cielos nuevos y tierra nueva” para los salvados. Será el Reinado definitivo de Cristo (cfr. Ap. 21 y 1 Pe. 3, 10-13).

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