#OPINIÓN Cronicario: La Chiquinquirá de Aregue es más antigua que la “chinita” de Maracaibo #7Dic

Juan José Peralta |

Fundada en 1616 por el presbítero Francisco de la Hoz Berrío, la población de Aregue, en el municipio Torres, es una de las más viejas del estado Lara, donde su devoción mariana en la advocación de la Virgen de Chiquinquirá es la más antigua en Venezuela y simboliza la fe y la presencia divina de Dios en todos los pueblos circunvecinos a Aregue que la celebran la primera semana de octubre.

La tradición indica que desde el siglo XVII, miles de peregrinos procedentes de diferentes regiones del país se congregan en Aregue este mes para asistir a la fiesta en su honor. También es la reina y patrona de Colombia, del estado Zulia y de la ciudad de Caraz, en Perú.

El obispo Mariano Martí conoció a Aregue en su visita pastoral a la Diócesis de Caracas en 1776 y le impresionó la belleza del templo y su libro parroquial de bautismos, abierto el 30 de marzo de 1692 y aseguran que el prelado debió ordenar recogimiento y prudencia por lo rumboso de las fiestas.

Esta Iglesia es bajo la advocación de Nuestra Señora de Chiquinquirá que es de pintura de unos cinco o seis palmos de alto, que esto tendrá el quadro, con la imagen de San Antonio a la derecha y la de San Andrés a la isquierda, y estos dos santos de medio cuerpo, pero la Virgen de cuerpo entero, con el Niño Jesús en el brazo isquierdo y la Virgen tiene un rosario en la mano derecha. Esta Iglesia es la mejor que he visto en este Obispado en pueblo de indios, toda de mampostería, de buenas paredes, con tres puertas, cubierta de texa y de obra limpia, cercada de un buen altosano de pared, que sirve de cementerio, dos Sacristías, la del lado de la Epístola para trastos y la del lado del Evangelio para revestirse, su buen campanario, y baxo de el Baptisterio muy aseado, coro alto, mediano y ornamentos.

Mariano Martí

Anécdotas y leyendas

Numerosas son las anécdotas y leyendas en la historia oral de Aregue. Cuentan que una india llamada Chiquinquirá andaba de cacería y de pronto vio una paloma silvestre. La persiguió con la intención de cazarla y el ave se metió en una cueva donde la india consiguió un extraño tubo de metal que por superstición no se atrevió a tocar.

Fue uno de los misioneros quien sacó el tubo y en su interior halló enrollado un lienzo con el rostro moreno de la Virgen y los indígenas le dieron el nombre de la india que la encontró y comenzaron a adorarla llamándola la Virgen India.

Según otra versión, esta imagen es una pintura de la Virgen del Chiquinquirá traída por los misioneros al pueblo de Dariguaco o Darihuaco hacia 1617, pueblo indígena cercano a Baragua en el actual municipio Urdaneta del estado Lara. Por razones aún no explicadas, esta encomienda fue trasladada al Aregue viejo, trayendo dichos aborígenes el lienzo de la virgen, al paso del tiempo conocida, venerada y amada, incluso por quienes la visitaban para invocar sus favores.

El naufragio

Según la leyenda, a fines del siglo XVI el navío del marino y comerciante español asentado en Carora Cristóbal de la Barreda naufragó en las tormentosas aguas del Atlántico y en su desesperación el acaudalado navegante pidió al Señor por su salvación y en su lugar se le aparece una virgen hermosa, quien lo salva de la muerte mientras moría el resto de la tripulación. De la Barreda prometió construir un templo a la Virgen con el inconveniente de no saber de quién se trataba. En un recorrido llegó a un poblado indígena donde adoraban una imagen que llamaban Chiquinquirá, de idéntico rostro a su salvadora en las aguas del Atlántico. Según investigaciones del padre Renzo Begni, en 1710 de la Barreda pidió al presbítero Antonio de Hoces, de quien se supone sea de la Hoz Berrío, la construcción de un templo en honor a la Virgen de la Chiquinquirá.

Cumplidos los requisitos religiosos y civiles, lejos de las inundaciones donde hoy encontramos al Aregue actual, se comenzó la obra a la cual de la Barreda destinó todos sus bienes, tierras, casas y esclavos. También se desprendió de su efectivo, las mercancías de su tienda, trescientas reses, el ganado cabrío y lanar de sus haciendas, todo cuanto poseía, a beneficio de la construcción de la iglesia para la Chiquinquirá. El total ascendía a dieciséis mil doscientos setenta y dos pesos y sesenta y tres centavos. Toda una fortuna para la época.

Datos registrados informan que de espectacular belleza, el templo fue concluido el 30 de abril de 1745 y abierto al culto el 11 de julio. Su entorno se fue poblando de manera ordenada como Pueblo de Doctrina de Nuestra Señora de Chiquinquirá de Aregue, considerada su más antigua adoración en Venezuela.

Once kilómetros de fe

En su condición de patrona oficial de la diócesis de Carora, la imagen venerada de Chiquinquirá visita todos los años las 27 parroquias y regresa para su día en una procesión proveniente de la Catedral de Juan Bautista en la Zona Colonial de la capital del municipio Torres, en una peregrinación llamada los once kilómetros de fe, hasta el regreso a su hogar, la hermosa iglesia de Aregue.

Al son de cohetes, aplausos y cantos marianos los feligreses llenan las principales calles de Carora hasta cumplir la tradicional ruta de fe. Despedida con música y montada en el Chiquinquirá Móvil, el lienzo sagrado realiza las paradas pautadas por la diócesis, siempre en el fervor religioso de su feligresía. Gran parte de las peticiones de los peregrinos son por salud, paz y la unión de los venezolanos en estos momentos de crisis y en especial el retorno de la democracia a Venezuela.

Aregue es la sede del culto a la virgen india donde la primera semana de octubre se congregan miles de peregrinos procedentes de diferentes regiones, incluso de países vecinos en torno a la bella basílica, a rendirle tributo de veneración por los favores recibidos, de amor y veneración, devoción de más de 400 años que permanece intacta y se transmite por generaciones.
Algunos historiadores refieren que el lienzo proviene de España y otros de Colombia, pero su destino según ellos era el estado Lara porque el Niño Jesús en brazos de Nuestra Señora del Rosario de la Chiquinquirá tiene en su mano un cardenal, pájaro autóctono de la región. Su nombre originario del Rosario fue cambiado por la fe popular de los indios adoctrinados por padres misioneros que la nombraron Chiquinquirá, voz aborigen que significa “lugar pantanoso y cubierto de niebla”, descripción del Aregue viejo que inundaba el río Morere en temporada de lluvias.

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