#OPINIÓN El Presbítero Doctor Carlos Zubillaga Perera y la Encíclica #7Ene

Luis Eduardo Cortés Riera | Foto: Archivo IMP |

Fue una vida bastante efímera  la de este extraordinario levita caroreño, pero su legado espiritual y de acción social en  favor de los humildes y más necesitados permanece en el tiempo venciendo el olvido y la indiferencia. Murió a los 31 años en Duaca, Estado Lara, en 1911, al caer accidentalmente desde el techo de la iglesia de San Juan Bautista, lugar donde subió para huir de un imaginario felino que le perseguía.

Carlos era el hermano mayor de otro ser humano excepcional: don Cecilio “Chío” Zubillaga Perera, quien en aquella Carora de tiempos del gomecismo se enfrentó  al latifundismo, convirtiéndose en “la voz de los sin voz” y que hizo de su casa una verdadera universidad popular. Desafió ardorosamente con su praxis, fundamentalmente a través del periodismo, a su propia clase social, los “godos de Carora”, hasta su deceso ocurrido en 1948. Es la figura capital del siglo XX en el Distrito Torres.

Lo que poco se conoce es que existe una continuidad y secuencia entre el hacer social de Carlos y de Chío. A la muerte de su hermano, Chío recoge las banderas de lucha de su hermano sacerdote y doctor en teología, que no eran otras que la búsqueda de Dios entre los pobres, tal como lo estableció la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII, documento fundamental de la Iglesia Católica aparecido en 1891.

Después de estudiar en la Universidad de Caracas y alcanzar brillantemente el título de doctor, con una tesis que se inscribe en la atmósfera del documento papal de León XIII, con el nombre de La Iglesia y la civilización, regresa Carlos con entusiasmo juvenil a Carora a ejecutar en los hechos y en la dura realidad social lo que aparece escrito en la primera encíclica social de la Iglesia.

El padre Carlos, al llegar a Carora encuentra a un cura, Lisímaco  Gutiérrez, ya de 50 años casi, solo, que ya había dado pasos: funda en 1902 el Hospital San Antonio, una congregación religiosa femenina dedicada a la atención de dicho Hospital, dos periódicos El pan de San Antonio y El amigo de los pobres, y un proyecto cultural en la zona de la capilla de El Calvario y en los caseríos de la Otra Banda. El padre Carlos se incorpora de inmediato a la obra comenzada por el Pbro. Gutiérrez y dota al Hospital del edificio, reconstruye la iglesia de San Dionisio, abre una escuela nocturna para obreros entre 1905 y 1906. Todo esto nos lleva a pensar que por esto el humanista Luis Beltrán Guerrero dijo que quienes por primera vez y de manera concreta se acercaron a lo que iba a ser la Teología de la Liberación latinoamericana en estos pueblos del interior, fueron estos dos curas, quienes se identificaron con una Iglesia no tradicional, una Iglesia que se abría a descubrir a Dios en medio de un durísima realidad social.

El padre Gutiérrez recibe influencia del Concilio Vaticano I, convocado en 1870 por el papa Pío IX. Habría que averiguar por qué  Gutiérrez se interesa por lo social. Yo justifico más al padre Zubillaga, pues se formó en el Seminario de Caracas con la Rerum Novarum y encontró algo de esa Iglesia social en Carora en 1905. Con su muerte trágica, se puede decir que tal obra social se había venido abajo al quedar el padre Gutiérrez en soledad y anciano en Carora. El Pbro. Dr. Carlos Zubillaga fue un talento y de un temple tal, que yo no dudo nunca que quien influye en Chío es Carlos, y que la obra de aquél tiene su raíz en la del malogrado sacerdote Zubillaga, muerto en mala hora a pocas semanas de haber sido sacado de la ciudad por cuestiones de chismes.

El sábado 29 de diciembre de 2018 fui invitado como Cronista Oficial de Carora por el padre Alberto Álvarez y el abogado Gerardo Pérez González a decir unas palabras en ocasión del traslado de los restos mortales  del padre Carlos desde la  derruida iglesia de San Dionisio  hasta la iglesia de San Antonio, su creación. Allí destaqué la necesidad de dar a conocer a las nuevas generaciones el ejemplo de entrega y de sacrificio por los más humildes y necesitados del padre Carlos. Este excepcional religioso debe pasar a ser parte constitutiva del imaginario colectivo venezolano. Y tiene sobradas  condiciones para merecerlo.

Luis Eduardo Cortés Riera.

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