#OPINIÓN Sainete en cápsulas: De qué espesor son las hojas del almanaque #7Ene

José Luis Zambrano | Foto: Archivo IMP |

Hoy no tengo la suficiente complexión emocional como para edificar un balance de lo que fueron 365 días para el olvido. Sería como desmenuzar por sorbos y con pormenores nocivos para la buena digestión de los sentidos, un diario de vida que se abultó de tachaduras y de dientes apretados.

Por eso, no haré este arqueo de los respiros de mi país en ningún plano para un 2018 que expira en el ventanal de las amarguras, por más que seamos un territorio donde se batieron los récords más sorprendentes y se dejó en claro que se puede estar peor. Que nuestra desgracia puede hallarse a toda página, en la sección reservada parta los asombros y las singularidades carentes de lógica.

No hablaré de los emigrantes inagotables que rebasan la calzada fronteriza. Tampoco de las defunciones demoledoras por una delincuencia provocada y por la carencia de medicamentos fundamentales. Ni de las provocaciones implacables, presuntuosas y de mala índole de una vocería gubernamental que sólo busca sacar de quicio a quienes anhelan la paz nacional.

Creo que sería un contrasentido seguir mencionando los sucesos enervantes y difíciles, cuando al 2019 se le atribuyen virtudes y pronósticos categóricos. Se ha observado con ojos propios, que año tras años se asegura un cambio abrupto, para devolverle las maneras alegres al país que fuese catalogado en el pasado como el más feliz del mundo.

Nos hemos cansado de escrutar en los vaticinios de aquellos que echan las cartas, lanzan conjeturas, atizan en las creencias antiguas y hasta le adulteran el rumbo a las constelaciones, para llevarnos a un anhelante final feliz, sobrepasando los presentimientos y los optimismos, para siempre caer al terminar del año con unos resultados biliosos y desconcertantes.

Siempre lo mismo. Una parte poco estimulante asegura que llegaremos a 10 millones por ciento de inflación, que se irá la otra mitad que queda de profesionales para buscar una suerte distinta en otros confines y que el hambre será el único plato rebosante en la mesa de la discordia de cada hogar.

Otra parte reaviva los ánimos. Toma un manojo de veredictos, se apertrecha de temples y se abraza a una esperanza frenética, grata e irresistible. La última predicción me llegó de unas gemelas en que su mayor capacidad parecía el de poder adivinarle la una el pensamiento a la otra, que de atinar en alguna resolución definitiva para interrumpir los agravios incitados por casi 20 años.

Coinciden con unos pronósticos escuchados hasta saciedad, por otros agoreros y en años distintos. Que alguien traicionará al presidente en su propio entorno y saldrá de la manera más dolorosa. Que se desatarán movimientos telúricos como guiños de lo próximo a acontecer. Que retornarán los venezolanos extraviados en los diferentes continentes, para recuperar la economía, pero que se romperán la cabeza para recomponer una sociedad diluida, inefable y confundida.

Lo único distinto en estos presagios son las épocas. Unos hablan de semanas y otros de un año a lo sumo. Recuerdo que mi padre siempre me decía en la infancia, que Dios es el único dueño del tiempo y poseedor de la facultad insondable de saber lo que sucederá.

Solo me resta inclinarme por una corazonada mucho más certera. Una simple conjetura de buen juicio en la que pronto valdrá la pena quitarle las hojas al almanaque. Una nueva realidad en la cual podremos planificar los días venideros y pueda asaltarnos el humor bárbaro del optimismo.

No me hacen falta figurillas ni escenarios pintados en bolas de cristal. El armarnos de fe y el comprender que no existen situaciones irreparables, puede llenarnos de argumentos para encarar un año resolutivo, propicio para lavar las heridas y sacar del panorama a quienes machacan nuestro bienestar.

No tengo dudas que después de 20 años desoladores, florecerán los tiempos de las vacas robustas. La maldad y sus bribones tienen sus días contados en el calendario donde se resuelven los enigmas. No perdamos nuestra entereza ni bajemos los brazos, pues la contienda por la libertad apenas está por comenzar.

José Luis Zambrano Padauy

[email protected]

@Joseluis5571

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