#OPINIÓN Prudencio regreso caminando derechito #3Mar

Jorge Euclídes Ramírez | Diseño: Jéssica Oshiro |

Prudencio Gómez nació cambeto y su caminar era un vistoso equilibrio ya que al afincar un pie parecía que perdería la vertical y se caería de lado a platanazo. Nació y se crió en Burere, donde estudio los tres grados de la escuela integral. En Burere creció y se hizo hombre, tuvo esposa y un hijo que se le fueron para el Zulia cuando Eliseo cumplió diez años y su mamá dijo que mejor estarían en Cabimas donde no había bromistas que le mamaran gallo a su retoño diciéndole que el verdadero nombre de su papá era Cincha de Burro,

Prudencio montaba en burro y sus piernas quedaban ajustaditas sobre el lomo del animal, ni tereque necesitaba para mantenerse firme y estable sobre el equino. Por eso le empezaron a decir cincha e burro y así se quedo  por ponerse bravo y entrarse a puño con los bromistas que le inventaron el apodo.

Una vez fue a Burere el Padre Alberto Álvarez en una de sus visitas como Administrador de la Diócesis y dio una homilía sobre el poder infinito de Dios que todo lo concedía según la conveniencia de los creyentes sinceros. De eso hacen varios años pero Prudencio tomo la palabra del robusto santo caroreño como una ley no escrita pero cierta.

Prudencio que es hombre de muchas virtudes y con buenos ahorros fruto de trabajar doce horas al día de Lunes a Sábado sintió que Flora, una dama recién llegada de Misoa le estaba haciendo ojitos y por su parte también él se sintió atraído. Pero no quería pasar por lo mismo de cuando Mencha lo dejó por cambeto.

Decidido a solucionar el problema se encerró en su casa desde el nueve de Enero y los vecinos le escuchaban rezar y rezar. El 14 de Enero muy temprano en la madrugada le vieron salir más cambeto que nunca seguramente de tanto rezar y no comer, dijo que iba a la procesión de la Divina Pastora en Barquisimeto y que su compadre Chetomas le haría el viaje.

Como a las nueve de la noche le vieron regresar, caminando derechito como si fuera un soldado en parada militar. El compadre que le llevo manifestó que no sabe nada, que el se limitó en dejarlo cerca de Santa Rosa y en la tarde lo recogió en la avenida Venezuela. Prudencio caminó toda la procesión al lado de la Divina Pastora y paso a paso se le iban enderezando las piernas y cuando llegó a Catedral ya estaba curado. Dicen en Burere que lo más bonito de esta historia es que es verdad. Aleluya.

Jorge Euclídes Ramírez

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