#OPINIÓN Amor de madre, amor de Dios #14May

William Amaro Gutérrez | Diseño: Lizzie Suárez |

Recién este domingo se celebró en Venezuela el Día de la Madre y no tocar este tema en mi columna sería imperdonable para mí. Por ello, alabo a Dios por el equipo de Redacción de EL IMPULSO de poder tener esta oportunidad. Más aún, cuando el personaje más sufrido en nuestro país, debido al retroceso socio económico que estamos viviendo, son las madres venezolanas. Sin embargo, como digo siempre, mi tendencia personal al escribir no va orientada al tema político sino al tema espiritual. Por cuanto es allí donde encontramos poder y fortaleza para seguir adelante en medio de las tormentas.

Dicen, que el amor de madre es lo más parecido al amor de Dios. Y eso es verdad. Lamentablemente el mundo cristiano necesita de una pálida, aunque importante semejanza, para poder entender el amor divino. Requieren de una asociación “práctica”, muy lejos, por cierto, de lo que es el verdadero amor de Dios, para medianamente entender su magnitud. Y es que el mismo Satanás se ha encargado de obnubilar la mente del hombre. Desde los inicios de la creación, hasta hoy, ha incitado en la mente del ser humano la idea de un Dios dictador, duro e implacable. Asociando, erróneamente, la Justicia Divina con el castigo. Cuando es todo lo contrario.

Cierto es que hubo, hay y habrá madres que su amor manifiesto, sobre todo en la persona de sus hijos, grafican en algo el amor divino. Y en Venezuela podemos verlo a diario, cuando conocemos de los sacrificios que hacen ellas por sus hijos y sus nietos, Pero ahora, les traigo el caso de tres madres que el mundo conoció de sus sacrificios por sus hijos.

Juana Beretta Mola, valerosa madre italiana, ofreció su vida para salvar al hijo que llevaba en su seno. Prefirió morir de cáncer, antes que matarlo por aborto. La inglesa Marina Donethy, cuando tenía cuatro meses de su primer embarazo, recibió un diagnóstico de cáncer. El médico le planteó someterla a un tratamiento de quimioterapia para aumentar sus posibilidades de supervivencia, pero ella prefirió no poner en peligro la vida de su hijo David. El niño nació muy bien, ella murió poco tiempo después. Bárbara Barton, norteamericana de 37 años, esperó a que nacieran sus dos hijos gemelos, antes de recibir tratamiento contra la leucemia, sabiendo que esto le acortaría la vida. Prefirió arriesgar su propia vida. El tratamiento hecho a destiempo no le sirvió y luego murió.

Alabado sea Dios cuando se celebra el Día de las Madres en cualquier país del mundo. Creo, a pesar que se convierte en un día muy comercial, se, que alguna madre, olvidada durante todo el año por sus hijos, tal vez recibe un aliciente aunque sea sencillo y económico y será feliz. Por lo que a mí respecta, extiendo un abrazo santo y sincero, a todas las madres que leen estas reflexiones semanales, en especial a las de nuestro diario. Para que guarden en su corazón esta comparación de amor, que seguro las enaltecerá y las motivará a cultivarlo día a día.

Pero, vamos a estar claro, el amor de Dios no tiene comparación y eso debe colocarnos indefectiblemente y profundamente arrodillados a los pies del Salvador. Por cuanto sabemos de madres que llaman
“desnaturalizadas. Abandonan a sus hijos sin ninguna contemplación. Y allí es donde entra el amor de Dios. «¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, para no compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque ella se olvide, yo nunca te olvidaré” Isa.49:15. “El amor más poderoso que el ser humano puede conocer es el de una madre para su hijo, y éste es el amor que Isaías emplea para ilustrar el amor de Dios para su pueblo” Diccionario Bíblico Adventista. ¡Hasta la semana próxima por la WEB!

William Amaro Gutérrez

[email protected]

PUBLICIDAD

Comentarios

Comentarios