#OPINIÓN Del Guaire al Turbio: Rozando la luz #24Jul

Alicia Álamo Bartolomé | Ilustración: Victoria Peña |

Compuestos de alma y cuerpo nosotros los seres humanos debemos ser una armonía, dentro de esta dualidad. Tenemos de ángeles y de animales, porque somos una realidad tanto espiritual e intemporal como terrestre y temporal. Hemos sido concebidos, según el Génesis, a imagen y semejanza de Dios. Hagamos lo que hagamos no perdemos esa imagen, pero sí la semejanza cuando en la balanza de nuestra existencia y por nuestro libre albedrío -la cualidad más divina que tenemos- se inclina por el peso corporal. Entonces se desdibuja el Dios Hombre que llevamos como impronta.

Se equivocan quienes exaltan como modelo de vida una sobre la otra de estas dualidades. Rompen la esencia de la humanidad. De ahí han nacido y nacen muchas herejías. Ni el cuerpo sobre el alma ni el alma sobre el cuerpo, deben estar sometidos ambos a la unidad. Es un equilibrio y una búsqueda, porque no es fácil este equilibrio, sometidos como estamos a una civilización que exalta la sensualidad. Por otra parte, hay muchas personas que tienen inquietud de trascendencia, de dirigir su alma a las regiones del espíritu, pero están atadas a valores materiales o a prejuicios que sembró muy hondo en ellas una ideología que profesaron en la juventud. Son ataduras que impiden el goce enriquecedor de los valores religiosos que conducen certeramente al reino de de la luz.

Muchos individuos andan buceando en la oscuridad de un océano de dudas porque dan la espalda a las claras y tranquilas aguas de la fe. Buscan por todos lados respuestas y salidas, cuando toda la vida han tenido al lado la fuente de agua viva. Son víctimas quizás de una enseñanza errada de su religión, basada en exceso de ataduras y preceptos, pero no en la fuerza viva y abrasadora de la caridad; como lo son de una confusión de clericalismo con fe religiosa. Tienen razón de ser anticlericales, yo también la soy, porque no asocio mis creencias a ser ratón de sacristías. Entonces, ellos van buscando caminos exóticos por donde no llegarán nunca al goce inefable de la verdad. En su legítima inquietud, rozan la luz, pero no se atreven a poseerla ni a dejarse poseer por ella. Claro, es un acto de suprema valentía romper con posiciones y prejuicios arraigados, para dejarse llevar por quienes antes tuvieron como enemigos de su libertad. Y la libertad no es la que ellos creen, esa es más bien una esclavitud. Se me hace presente el consejo de San Remigio al bautizar al pagano Clodoveo: Adora lo que has quemado y quema lo que has adorado. A Dios sólo se llega en humildad, que es fruto de la sabiduría. La ignorancia conduce a la soberbia.

En la destrozada Venezuela de hoy se necesitan más que nunca hombres y mujeres despojados de sus opiniones enquistadas del pasado. Cada quien debe enfrentar esta hora trágica con un alma nueva, pura, desnuda de ideologías aberrantes y prejuicios apegados. Debemos inaugurar una era distinta, diáfana, donde la verdad se imponga sobre la mentira, la sinceridad sobre la hipocresía. Tiene que ser un despojo valiente, heroico, venciendo los impedimentos mezquinos de los respetos humanos y del qué dirán. En fin, alcanzar un señorío espiritual sobre el imperio actual de los instintos desaforados y las bajas pasiones. Sólo así lograremos ser humanos cabales e integrales, capaces de llevar adelante la misión de reconstruir el país.

Ya basta sólo de rozar la luz, hay que anegarse en ella.

Dedico este artículo a un ilustre quinteto de intelectuales venezolanos, pero para evitar cualquier orden que pareciera preferencial, los cito por el alfabético de sus apellidos: Rafael Arráiz Lucca, Rafael Cadenas, Rodolfo Izaguirre, Joaquín Marta Sosa y Xavier Reyes Matheus. No es que no haya un orden preferencial, lo hay, mas no de calidad sino de afecto, pero me guardo muy bien de mantenerlo in pectore.

Alicia Álamo Bartolomé

PUBLICIDAD

Comentarios

Comentarios