Contracción de la economía será de 22% e inflación de 9.416% en el 2019 #29Jul

Juan Bautista Salas | Foto: Archivo IMP |
política, Economía, Análisis

La economía venezolana ha continuado en franco y continuo deterioro, un proceso que se inició en 2014, estimándose que p para finales de 2019, el PIB representará sólo 39% de lo que llegó a ser en 2013, revela un informe de coyuntura  Julio 2019, elaborado por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello, suscrito por los economistas Luis Zambrano Sequín y Fernando Sosa.

Destaca el documento que esté ya muy prolongado deterioro del nivel de actividad económica, debe haber afectado notablemente la capacidad potencial de la economía, haciendo mucho más reducidas las posibilidades de una recuperación sostenida, aún en un contexto de políticas económicas más sensatas y eficientes, y un entorno externo que nos fuera favorable.

Para este año, la caída en el PIB que se espera es de, al menos, un 22% con respecto a 2018. La aceleración en la tasa de decrecimiento de la economía está, sin duda, asociada a la importante reducción de la producción de hidrocarburos y sus derivados, el deterioro de los servicios fundamentales (energía, agua, salud y educación) y de la infraestructura básica de apoyo a la producción, la implementación de una política monetaria y fiscal en extremo contractiva y los efectos de las sanciones internacionales al régimen; factores que en su conjunto se han traducido en expectativas aún más negativas de los agentes económicos.

Deterioro petrolero

Destaca el informe que la  producción petrolera, que comenzó su fuerte contracción en 2013, mucho antes de que el Gobierno Norteamericano impusiera severas sanciones sobre PDVSA, sus filiales y empresas asociadas, muestra un retroceso acumulado de 74%, pasando de 2,894 millones de barriles diarios (en 2012) a 741 mil barriles diarios en el segundo trimestre del 2019. La mayor parte de esta contracción se ha producido en los últimos tres años, en los cuales la caída ha sido de 70,7%.

Explica que este descenso de la producción petrolera, acarrea a su vez una reducción de las exportaciones, principal fuente de divisas del país, estimándose que este año las exportaciones petroleras,  podrán generar tan sólo unos US $ 21 mil millones, lo que contrasta con los casi US $ 98 mil millones de 2012″.

Advierten que las dificultades para colocar e importar el petróleo y sus derivados de las áreas tradicionales, especialmente de Estados Unidos, ha reorientado las operaciones hacia el mercado asiático (China, India y Singapur) y Rusia. Las exportaciones petroleras a China muestran el mayor crecimiento, pasando el volumen transado de 246 mil barriles diarios, en enero, a 656 mil barriles diarios en junio. Como ya es conocido, la mayor parte de estas exportaciones se utilizan para cancelar el servicio de la deuda externa que se tiene con ese país, siendo por tanto reducida su incidencia sobre los ingresos externos efectivos y con poco impacto sobre las finanzas del Gobierno.

Aseguran que la caída en las exportaciones petroleras, se ha traducido en una importante restricción a la capacidad de importar bienes y servicios. Esta capacidad se ha visto además progresivamente mermada debido al muy escaso acceso al financiamiento externo y el ya muy reducido nivel de las reservas internacionales. En el 2019 se espera que las importaciones (petroleras) lleguen a US$ 10.900 millones (83% menos que en 2012) y las exportaciones a US$ 21.800 millones (77% menos que en 2012).

Déficit fiscal y deuda

Revelan que para este año se está estimando que el déficit fiscal alcance un 11,5% del PIB, que si bien sería más bajo que el promedio registrado entre 2012 y 2018 (16,4%) no deja de ser un nivel extraordinariamente elevado, especialmente si se tiene en cuenta el hecho de que este problema de las finanzas públicas se ha convertido en un factor más estructural que coyuntural

A la fecha, se estima que el saldo de la deuda externa del Sector Público representa el 634% de las exportaciones, un incremento de 60% respecto al valor del indicador en 2018; incremento que se explica no sólo por el incremento de la capitalización del servicio no cancelado sino también por la reducción de las exportaciones

Explican que la reducción de la expansión en los agregados monetarios, la tendencia del tipo de cambio a apreciarse y la continua contracción de la demanda agregada real han incidido desacelerando el ritmo de la hiperinflación en los últimos cuatro meses, período en el cual la tasa de inflación mensual promedio se estima en 31,2%, por debajo de la inflación mensual promedio registrada entre enero y febrero que fue de 155,5%.

Sin embargo, aún asumiendo que la reciente reducción en la tasa de inflación se mantenga el resto del año, se estima que los precios terminarían incrementándose 9.416%; una tasa más baja que en 2018 (1.698.848%), pero que sin duda seguirá siendo, por mucho, la más alta de América Latina y el mundo. 

Teniendo en cuenta la evolución mensual, el salario real en junio de este año representó el 50% de lo que fue en enero pasado. Sin temor a equivocarnos, se puede afirmar que, aun considerando que las ganancias desinflacionarias de los últimos dos meses se mantuvieran, los salarios reales seguirán deteriorándose, revela el informe de coyuntura económica de la UCAB.

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