#OPINIÓN Red de Instituciones Larenses: La integridad #18Sep

Maximiliano Pérez | Ilustración: Victoria Peña |

Ni en el cuerpo ni en las riquezas hallan los hombres su felicidad, sino en la integridad y la cordura.

Demócrito

Demócrito (460 a. C. / 370 a. C.) fue un filósofo y matemático griego.​ Discípulo de Leucipo, filósofo griego del siglo V a.C. a quien se atribuye la fundación del atomismo, al parecer fue el primero en poner en tela de juicio la suposición aparentemente natural que afirma que cualquier trozo de materia, por muy pequeño que sea, siempre puede dividirse en otros trozos aún más pequeños”. Afirmaba que llegaba un momento en que dicha división llegaba a un fin.

A Demócrito se le llama “el filósofo que ríe”. Pensador con un amplio campo de intereses, es recordado por su concepción atomista de la materia. “El padre de la física” o “el padre de la ciencia moderna”. Fuente: Wikipedia.

De la página Web “Frases de la Vida” cito:

“Al momento de definirnos como personas y encaminar nuestras acciones uno de los valores más importantes es la integridad. Una virtud que está acompañada de la honradez, la confianza, la rectitud, la decencia y la lealtad. Como su nombre lo indica quiere decir que algo o alguien cuente con todas sus partes y este entero; a su vez habla de pureza, de aquello que no está contaminado y permanece limpio.

Una persona con integridad es aquella que hace que concuerden sus acciones con sus palabras, que tiene la capacidad de mantener sus principios aún en situaciones de duda, que hace lo correcto para el beneficio de todos a su alrededor y no lo que le conviene para su propio bien, que no se deja influenciar fácilmente por las apariencias, sino que siempre va en busca de la verdad. Sin lugar a dudas es una característica que sería estupendo que todos desarrolláramos para crear un mundo mejor.”

Pareciera que en tiempos diferentes las realidades hacen coincidir los principios y valores como un medio de preservar a la especie humana.

En Venezuela es imperioso rescatar, fomentar y preservar esos principios, que en la gran mayoría de los casos, en épocas no muy lejanas fueron características intrínsecas de los ciudadanos que hemos tenido la dicha de poblar a esta, la llamada “Tierra de Gracia.”

Muchos aprendimos sobre la integridad en el seno del hogar, en las tertulias en el comedor de nuestras casas o en las placidas tardes cuando las familias nos agrupábamos en torno al patriarca o a la matriarca a comentar los hechos cotidianos y a transmitir sus pensamientos y experiencias a través de enseñanzas verbales que eran complementadas en el sistema educativo, desde que comenzábamos en el Kindergarten, hoy pre- escolar.

Hago un paréntesis para rendir tributo y agradecimiento al doctor Pablo Shiossone pues, además de haber sido mi profesor de castellano y literatura, me grabó profundos principios y valores ciudadanos cuando fue mi profesor de: “Formación Social, Moral y Cívica.”

En “Fiebre”, página 77, dice Miguel Otero Silva, cito:

“Hemos pasado por la universidad sin dejar huellas, como pasan los pájaros por el aire. Y en este país, y en esa Universidad, hay cosas innumerables por hacer. El estudiantado, rebaño acorralado entre cuatro paredes, legión aglomerada de hombres jóvenes, tiene una función que cumplir, un destino inapelable por delante. Y nosotros hemos pasado por allí sin hacer nada. Quizás fuimos cobardes. Quizás nos amordazó el desierto de muerte que nos rodea; de algo peor que la muerte: la ignominia”.

Es nuestro deber preservar “integralmente” a nuestras Magnas Casas de Estudio.

Maximiliano Pérez

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