#OPINIÓN Andrés Riera Silva #22Sep

Jorge Euclides Ramírez | Ilustración: Victoria Peña |

Los hombres del desierto construyen imperios para triunfar sobre la soledad. Los caroreños somos hombres que para vencer el secano hemos construido un universo cultural propio donde las referencias no tienen geografía sino conceptos, por eso no sentimos que Barquisimeto está más cerca de Paris o Londres, simplemente porque nuestra cosmogonía se estructura en base a las ideas y no en las jerarquías tangibles.

Y  esta perspectiva no nace del engreimiento o la vanidad de campesinos exitosos sino de la urgencia ontológica de tomar contacto con la totalidad para no morir en el tedioso aislamiento del verano circular. Y eso de andar mirando siempre el mismo entorno para desde esta observación repetitiva, entender la diversidad contenida en lo fenoménico, es una condición filosófica que para bien o para mal ha caracterizado el pensamiento caroreño.

Impetrado de este aserto es que Pastor Ramírez Herrera se explica que en  Carora haya existido un  Chío Zubillaga y que antes de él alguien de su misma vocación universalista como lo fue Andrés Riera Silva. Y precisamente podemos apreciar la valía de este ultimo gracias a que el primero lo estudia y califica sus aportes como un legado importante para la posteridad, haciendo especial énfasis en lo relativo a los aspectos educativos, los cuales estudio de manera organizada y fecunda Riera Silva.

Andrés Riera Silva nació en Carora el 5 de noviembre de 1839. Recibió el título de médico en la Universidad de Caracas en 1864. Recién graduado se establece en Carora, en donde con fervor patriótico y animado por gran espíritu filantrópico cumple su ministerio con absoluto desprendimiento, visitando a lomo de mula a enfermos de todas las condiciones sociales y en las más apartadas localidades. A sus pacientes de bajos niveles de ingresos económicos no les cobraba honorarios profesionales y   antes bien promovía soluciones en su favor, muchas veces con esfuerzo pecuniario propio.

No obstante el ejercicio de estas virtudes como médico no definían a plenitud su espíritu altruista y por ello colocó su profunda inteligencia y su cultura enciclopédica al servicio de causas colectivas, convirtiéndose de esta manera en promotor de iniciativas educativas y políticas cuyo objeto era el hacerle justicia a los sectores sociales más deprimidos económicamente.

Era tal su erudición en materia histórica y científica que fue colaborador brillante en la elaboración de la  Enciclopedia Larense de Telasco MacPherson, tal y como lo indica el médico e historiador caroreño Ambrosio Perera. En 1885 junto con José Antonio Perera y José Antonio Segovia conformo la Junta de Instrucción  Popular del  Distrito Torres, desde la cual se impartía educación gratuita a los jóvenes caroreños  sin distingo de posición social o económica.

Ese mismo año, 1885, en compañía de Juan A Pérez, José Antonio Segovia, Juan  Arze, Federico Carmona, Ramón Urrieta. Segundo  Verde, F Gimenez, Agustín Zubillaga y Adolfo Meléndez, integra la Junta Liberal Directiva del Distrito Torres, la cual estaba al servicio de las causas más progresistas del país y que en Carora toma el nombre de La Propaganda.

Posteriormente en 1890, Andrés Riera Silva funda el Colegio La Esperanza, conjuntamente con Ramón Pompilio Oropeza, quien es su primer rector, Antonio María Zubillaga, Amenodoro Riera, Andrés Álvarez, y Federico Carmona, quien posteriormente en 1904 funda el periódico El  Impulso. Como bien los consigna el historiador caroreño Luis Cortez Riera.

Y como Paris estaba tan cerca de Carora en el siglo 19, Andrés Riera Silva estuvo allí con el doble propósito de perfeccionar su carrera de médico y también de ampliar sus horizontes intelectuales, todo con la misión de extender las fronteras culturales de Carora hacia los ignotos parajes de la libertad ciudadana, a la cual únicamente se puede llegar por el camino de una educación que integre la instrucción con el ejercicio de una moral que dignifique las  potencialidades espirituales del hombre.

De Francia trajo un esquema mejor organizado de las ideas políticas con las cuales redimir a los oprimidos. Leamos fragmentos de su discurso en el Palacio Municipal con motivo del centenario del General Pedro León Torres.” Yo no vengo aquí, afrontando los espantos de esta tribuna a pronunciar un discurso de orden literario….es ir como soldado voluntario de la legión de los libres…Al lado del bravo Pedro León Torres, al glorioso combate de Bomboná, a darle un balazo al corazón de los tiranos.  ……Sin los sublimes acentos de La Marsellesa no tuviéramos Himno Nacional….Sin los Derechos del Hombre arrojados a los cuatro vientos por el formidable poder del pensamiento libre y de la prensa, todavía estuviéramos, Señores, de rodillas, en un convento recibiendo disciplinazos.” Sean sus palabras faro de luz para sus descendientes. Dios con nosotros.

Jorge Euclides Ramírez

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