#COLUMNA Soliloquios de café: ¿Pasividad o desidia? #20Oct

Maximiliano Pérez | Ilustración: Victoria Peña |

“El mundo no será destruido por aquellos que hacen el mal sino por aquellos que lo observan y no hacen nada.”

Albert Einstein

Albert Einstein fue un físico alemán de origen judío, nació el 14-03-1879 en Alemania, después se nacionalizó suizo, austriaco y estadounidense. Se lo considera el científico más importante, conocido y popular del siglo XX.​ Falleció en el Princenton Medical Center, Nueva Jersey, Estados Unidos, el 18-04-1955 (Fuente: Wikipedia, Biblioteca virtual).

Es considerado el más grande científico del siglo XX, la causalidad de los acontecimientos también pareciera otorgarle el título del mayor pitonizo del mundo.

Pero más allá de sus aciertos, de la Teoría de la Relatividad, está esta gran aseveración que es premonitoria a las sociedades de muchos países donde uno pocos desalmados se apoderan de la voluntad de los ciudadanos y los someten. La mayoría de los casos haciendo realidad la “Parábola de la Ranita.

Poco a poco, poquito a poquito, despacio despacito, de manera increíble, casi inexplicable y premeditadamente, el grupúsculo que ejerce el poder se va posesionando de la manera de ser de las personas que llevan en sus genes la herencia libertaria heredada de quienes se inmolaron en pos de la justicia, la democracia y la libertad…

Las promesas y las migajas que quedan de las suntuosas orgias pagadas con dineros mal habidos, provenientes del asalto al erario público que ha debido ser destinado a lograr el bienestar de habitantes de una nación, sirven de analgésicos para adormecer a los ignorantes que se dejan engañar por ideologías fracasadas y desfasadas, que crean dogmas que son utilizado para esclavizar a los pueblos en nombre de los pobres.

La repartición desproporcionada del inmenso botín proveniente de recursos monetarios obtenidos corruptamente, es el mayor atractivo para aquellos que tienen ansias de dinero fácil, y cambian su dignidad, principios y valores, por andar en una camioneta de lujo, poseer una mansión, yates, aviones, y viajar a sus anchas. Olvidándose de que, esos recursos monetarios han debido ser destinados para el mantenimiento de la infraestructura nacional: de hospitales, ambulatorios, escuelas, liceos, universidades, sistemas de electricidad, distribución de agua potable gas domestico y hasta para lograr un sistema de aseo Urbano y domiciliario cónsono con la población que tiene bajo su responsabilidad, etc. 

Esas acciones delictivas ocasionan daños colaterales que causan hasta la muerte de un sinnúmero de personas, es por ello que han sido clasificadas como “Crímenes de Lesa Humanidad.”

La diáspora y el toque de queda impuesto por la penumbra donde la delincuencia se fortalece impunemente, y la anarquía creada con la falta de mantenimiento del tendido eléctrico en caseríos, pueblos y ciudades, que vienen acompañados por la escasez de alimentos, medicinas, repuestos para aparatos de uso domésticos, vehículos y maquinarias, por la falta de transporte público, la insalubridad, y la incontrolada hiperestanflación. 

No soy quien para juzgar a nadie, pero, la lógica y la razón me hacen presumir que quienes han aceptado la responsabilidad de ejercer soluciones para parar la debacle que destruye a la sociedad venezolana, al ciudadano de a pie, y extermina a los más necesitados, deben actuar perentoriamente…

Insisto en la activación de “la Justicia nacional e internacional,” con la mayor claridad posible, de manera imparcial, con acciones diáfanas… “A la Luz del Sol.”

Maximiliano Pérez

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