#OPINIÓN Red de Instituciones Larenses: Fortaleza #23Oct

Maximiliano Pérez | Ilustración: Victoria Peña |

“Voy a seguir creyendo, aún cuando la gente pierda la esperanza. Voy a seguir dando amor, aunque otros siembren odio. Voy a seguir construyendo, aún cuando otros destruyan. Voy a seguir hablando de Paz, aún en medio de una guerra. Voy a seguir iluminando, aún en medio de la oscuridad. Y seguiré sembrando, aunque otros pisen la cosecha. Y seguiré gritando, aún cuando otros callen. Y dibujaré sonrisas, en rostros con lágrimas. Y transmitiré alivio, cuando vea dolor. Y regalaré motivos de alegría donde solo haya tristezas. Invitaré a caminar al que decidió quedarse. y levantaré los brazos, a los que se han rendido. Porque en medio de la desolación, habrá un niño que nos mirará, esperanzado, esperando algo de nosotros. Y aún en medio de una tormenta, por algún lado saldrá el sol. Y en medio del desierto crecerá una planta. Siempre habrá un pájaro que nos cante, un niño que nos sonría y una mariposa que nos brinde su belleza…”

Mahatma Gandhi.

Suficientemente conocido, Mohandas Karamchand Gandhi, de quien hemos tratado en múltiples oportunidades, nació en Porbandar, Raj (rāj, literalmente gobierno en hindi), el 2 de octubre de 1.869. El Raj británico, fue el régimen de gobierno colonial de la Corona británica sobre el subcontinente indio entre 1.858 y 1.947. Este régimen también es conocido como el Gobierno de la corona en la India, o Gobierno directo de la India. Falleció en Nueva Delhi, Unión de la India; 30 de enero de 1.948,  fue el dirigente más destacado del movimiento de independencia indio contra imperio británico, para lo que práctico la desobediencia civil no violenta además de pacifista fue un abogado pensador, político y pacifista hinduista, que recibió de Rabindranath Tagore el nombre honorífico de Mahatma que en sanscrito e hindi significa “Alma Grande” (mahā: “grande” y ātmā: “alma”). De Bāpu, como también era conocido en trato afectuoso de sus conciudadanos porque significa “Padre” en idioma guyaratí, cuenta la leyenda hecha historia que desde su lecho de muerte, la tierra donde cayó herido mortalmente, dijo a su asesino:

“Yo te perdono hijo… y te bendigo.”

Ante las penurias soportadas durante los últimos veinte años y lo que viene sucediendo en los últimos días en países vecinos se podría suponer que ahora la escalada ignominiosa es de carácter internacional.

Mucho se ha pronosticado que esto sucedería. Las ideologías inoculadas a pueblos ignorantes masifican la anarquía que se hace sentir en Latinoamérica, las acciones parecen ser cíclicas en diferentes continentes, olvidamos las fratricidas guerras africanas, y se obvia uno de los más elementales principios del derecho:

“Nuestros derechos llegan hasta donde comienza el derecho de los demás.”

Los incuantificables recursos monetarios provenientes del poder gubernamental acompañados por la hegemonía comunicacional, por el poder de movilización y el toque de queda impuesto a través de la penumbra nocturna originada por la falta de electricidad, hacen factible el cambio de la realidad por situaciones inexistentes que, con aberración premeditada, destruyen la calidad de vida de los ciudadanos.

Es imprescindible agilizar a la dama vendada, la Justicia; y para que pueda sostener, sin torpeza, a la espada y la balanza, es obligatorio sustanciar los expedientes de manera diáfana, incluyendo la mayoría de los casos que conlleven a la demostración de la culpabilidad de la violación de elementales Derechos Humanos…

“Es el camino de la paz”

Maximiliano Pérez

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