#CulturaIMP Víctor Asuaje, la comunicación del mensaje por medio del rostro femenino #22Nov

Freddy Torrealba Z | Foto: Cortesía |

Aunque Víctor Asuaje es un pintor autodidacto asombra por la excelencia de su obra tratada con un esmero que un dotado de teoría académica quisiera poseer y exhibir. En su obra no existe contrasentido ni desperdicio alguno sino el testimonio fidedigno de quien domina a sus anchas los secretos de las artes plásticas.

Nacido en 1966 en Barquisimeto, éste confirma el papel decisivo de la práctica del hombre en sus variados quehaceres, entre estos el artístico al que se ha adherido vehementemente con el estudio por cuenta propia que lo hacen un singular creador. No por pasar por la academia o universidad se es el mejor en alguna disciplina artística, científica, tecnológica o humanística.

Así pues, este barquisimetano presenta en la Galería Villalón Arte varios de sus trabajos en el marco de la muestra “Metálicas”. Esta es la evidencia de una labor creativa muy exigente y seria por parte de este artista de la plástica.

Al pasar revista a sus obras se constata que estamos ante un virtuoso del dibujo. Y como dice el pintor Pastor Barragán: ”el buen dibujante es también un buen pintor”. Cuando se trata de semblantes humanos la tarea es muy comprometedora por el desafío de reflejar en el cuadro gestos y rasgos en que suele estar de por medio la psicología, aunque sea de manera leve. Se trata de un apasionado retratista de rostros de mujeres que muestra enteramente sin ocultamientos ni deformaciones

Estos íntimos de este barquisimetano ocupan el mayor foco de atención visual. Los mismas presentan una estrafalaria cabellera que produce la sensación de un estallido de energía por demás muy impactante. De esa manera las cabelleras se tornan en un espectáculo cromático en que hay ausencia casi siempre del color negro. De suyo el autor deliberadamente lo ignora con lo cual nos recuerda que una de sus simbolizaciones es la negación de la vida.

Asuaje inventa una diversidad de motivos decorativos,los cuales creemos emparentados con esta era digital de interconexiones electrónicas desde el semiconductor, que ha desarrollado la cibernética y robótica. Todo ello con el sortilegio de la mujer que ocupa la mayor proporción del espacio del cuadro. 

Así logra una armonía por medio de una contrastante variedad cromática propio de quien planifica y calcula su representación pictórica distante de la abstracción. Esto lo hace con colores fríos entre estos el rosado más algunos cálidos como el rojo,transmitiendo unos positivos sentimientos y emociones.Los cálidos le sirven para denotar la delicadeza femenina y a la vez la altivez de la mujer actual que se rebela e independiza cada día más. 

El artista, a nuestro parecer, se desplaza con la mayor listeza mediante unos signos narrativos muy denotativos en que el color y la figura cobran intensa fuerza expresiva.Por ende, observa un apego a la figura la cual representa con finos trazados y un lenguaje pictórico en que asoma la alegría, pasividad y cierta sensualidad, pese al ineludible estallamiento de su particular paleta que vierte en cada obra.

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