#OPINIÓN Cronicario: Francisco Linares Alcántara fue el primer venezolano muerto en la presidencia #3Ene

Juan José Peralta | Foto: Cortesía |

Afectado por una grave afección bronquial agravada en el camino que le obligó a guardar cama, el 21 de noviembre de 1878, el general Francisco Linares Alcántara salió de Caracas hacia La Guaira, su estado empeoró rápidamente y nueve días después, el 30 de noviembre de 1878, a las 11.30 de la noche falleció en la Casa de La Aduana, antigua sede de la Compañía Guipuzcoana, primer presidente venezolano muerto en ejercicio.

De 53 años, murió de pulmonía pero algunos especularon que envenenado. De la primera magistratura se encargó el presidente de la Alta Corte Federal, general Jacinto Gutiérrez hasta la asunción del nuevo presidente, general Antonio Guzmán Blanco para un segundo mandato. El encargado de la presidencia de inmediato decretó su inhumación en el Panteón Nacional recién creado por Guzmán Blanco.

Había nacido el 13 de abril de 1825 en Turmero, estado Aragua, hijo del prócer de la Independencia general Francisco de Paula Alcántara y de Trinidad Linares y su infancia transcurrió en los predios de su pueblo natal. A los doce años pasó al cuidado y tutela de su hermano paterno el licenciado Ramón Alcántara. Siendo hijo natural, al ser legitimado por su padre asumió el Alcántara como segundo apellido anteponiendo el apellido materno Linares.

La inestabilidad política de la época en que vivió le obligó a tomar las armas en numerosas ocasiones durante los gobiernos de los hermanos Monagas, participó en la Guerra Federal y posteriormente en defensa de la causa liberal.

Inició su carrera política en 1854 como diputado al Congreso Nacional por el estado Aragua. El 16 de abril de 1873 fue nombrado Primer Designado de la República, especie de vicepresidente responsable de asumir la primera magistratura en ausencia del Presidente y en esa responsabilidad en dos oportunidades, entre junio de 1873 y mayo de 1874, se encargó temporalmente del Ejecutivo. Consentido del presidente Guzmán Blanco quien lo propone, el 27 de febrero de 1877, el Congreso lo eligió presidente para el bienio 1877-1879 y el dos de marzo se juramenta.

Linares Alcántara inició un gobierno inspirado en valores democráticos: La prensa se expresó libremente. Su ex ministro de Guerra y Marina, general Joaquín Crespo publicó en “La Opinión Nacional” un folleto a favor de Guzmán y ofensivo a sus ministros, resolviendo no aplicar sanción. Su gobierno se caracterizó por la apertura política y favoreció la autonomía económica de los diversos estados de Venezuela.

En 1877 publicó el Decreto de la Paz que autorizaba el regreso a Venezuela de los exiliados políticos de Guzmán Blanco, entre ellos el arzobispo Guevara y Lira y los generales Juan Bautista García y León Colina, este último jefe de la revolución de 1874 contra Guzmán. Linares aprobó el traslado de los restos del eminente médico José María Vargas al Panteón Nacional y el decreto que reabría el Colegio de Ingenieros de Venezuela.

Cuentan que alentó acciones contra Guzmán, su antiguo protector, entre otras el derribamiento de las dos estatuas que el caudillo se hizo erigir, las razones del supuesto envenenamiento por venganza.

Aunque concedió amnistía a los presos políticos e hizo regresar a los desterrados por Guzmán, también supo enfrentar a sus adversarios políticos, a quienes persiguió con saña. En el corto período de su gobierno no se vislumbró ningún objetivo específico en pro del progreso del país y valido de la adulancia para alcanzar sus objetivos políticos, en el desempeño del poder se solaza en un complaciente Congreso que le concede el título de Gran Demócrata.

Los restos mortales del Presidente de Venezuela fueron llevados a velatorio en la Casa Amarilla, convertida por él en residencia presidencial, donde el famoso médico alemán Gottfried Knoche se encargó de embalsamarlo.

El 4 de diciembre, cuando sus restos eran trasladados al Panteón Nacional, una detonación rompió el silencio y luego otras. Presas del pánico, el cortejo fúnebre oficial y los deudos pusieron el féretro en el suelo y echaron a correr en loca y desordenada estampida con saldo de varios herido. Pasado el susto regresaron y lo recogieron para enterrarlo.

Juan José Peralta

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