#OPINIÓN Cronicario: Rómulo Betancourt celebró sus veinte años en la cárcel y con grillos gomecistas #21Feb

Juan José Peralta | Foto: Cortesía |

Aquel 22 de febrero de 1928, Rómulo Betancourt celebró sus veinte años de edad prisionero y con grillos, “un año-hito en la Venezuela contemporánea. Fue el de la insurgencia, no dirigida por el caudillismo machetero, contra la ya prolongada tiranía de Juan Vicente Gómez”, escribió en un folleto publicado para recoger fondos para su partido en su 35 aniversario, extracto de sus memorias.

Considerado Padre de la Democracia venezolana por sus aportes y empeño al fortalecimiento de los valores ciudadanos y democráticos, uno de los políticos más importantes en la Venezuela del siglo XX, este 22 de febrero se cumplen 112 años de su nacimiento en Guatire, estado Miranda, en 1908.

Los jóvenes, el país entero, no soportaban la más terrible tiranía en casi un siglo de militarismo y caudillismo. Aquel febrero de 1928, aprovechando la Semana del Estudiante retaron a “la sagrada” –policía política de Gómez– para protestar contra el dictador, osadía que pagaron con cárcel, trabajos y destierro.

Presidida por Raúl Leoni, la Federación de Estudiantes de Venezuela convocó su celebración coincidiendo con Carnaval que “tuvo su reinado, bajo el cetro simbólico de la belleza morena de Beatriz Peña, algo distinto de los Juegos Florales a lo Clemencia Isaura de las viejas monarquías europeas. Los oradores estudiantiles, entre ellos yo, con encendido verbo jacobino, arengamos al pueblo”.

La Generación del 28, como se les llamó, para el historiador larense Manuel Caballero “inventaron la política en Venezuela”, con su forma civilizada de protesta y plantear la necesidad de modificar el sistema político venezolano. “El escenario de las luchas políticas y sociales –anota Caballero– se traslada del campo a la ciudad y se plantea la despersonalización de la política y el poder pues no hay caudillos sino un colectivo en acción”.

Los universitarios aprovecharon para iniciar una serie de protestas cívicas y cambiaron las formas de lucha en Venezuela: de las guerras civiles y montoneras del siglo XIX a la protesta civil pacífica, desconcertando al tirano y sus huestes.

En principio restringida a la universidad, la propuesta de los estudiantes activó a la casa de estudios como centro generador del conocimiento y del debate político y se organizaron diversas actividades culturales para recaudar fondos para la fiesta estudiantil iniciada el jueves dos de febrero con la elección por plebiscito de la reina de la universidad, Beatriz Peña, quien el lunes seis decretó el uso obligatorio de la boina azul y del botón de la Federación de Estudiantes.

Por la mañana, Rafael Angarita Bello pronunció un discurso en la casa natal de Andrés Bello y en el Panteón Nacional, a las once de la mañana, el estudiante Jóvito Villalba alzó su voz criticando “a quienes han mantenido su cara al sol durante veinte años”, aludiendo los cuatro lustros del dictador en el poder. De regreso a la sede universitaria frente al consulado de Estados Unidos gritaron ¡Abajo los yanquis! Y avivaron a César Augusto Sandino y Nicaragua.

Por la noche, en una velada musical coronaron a la reina en el Teatro Municipal y el poeta Pio Tamayo, antiguo exiliado político e introductor del marxismo en Venezuela, le recitó su “Homenaje y demanda del indio”. En el gran baile de gala en el Club Venezuela el estudiante J.T. Jiménez Arráiz “desapareció” el retrato del Benemérito que estaba en el salón principal.

El martes siete en la plaza de La Pastora Joaquín Gabaldón Márquez, en vehemente arenga a los estudiantes, invitó a seguir el ejemplo de los jóvenes patriotas en La Victoria en 1814 y el miércoles ocho en el teatro Rívoli, en un recital de poesía, prorrumpieron los discursos políticos de Miguel Otero Silva, Manuel Noriega Trigo, Gonzalo Carnevali, Jacinto Fombona Pachano, Antonio Arráiz y Rómulo Betancourt.

Desde jueves 9 hasta el domingo 12 Caracas estuvo alborotada y la ciudadanía respaldaba a sus estudiantes. Todos los días hubo marchas y protestas con la bandera tricolor por delante –algo nunca visto–, con las consignas protestatarias “Sacalapatalajá”, “Cígala y Bajalá”. En el Hospital Vargas, el estudiante Guillermo “Negro” Prince Lara, destruyó una placa en mármol de agradecimiento a Gómez.

Al día siguiente de terminada la insurrección verbal apresaron a Tamayo, Prince Lara, Villalba y Betancourt. “Amasamos dos pares de grillos por cabeza. Unos de sesenta libras, mal llamados lecuneros, y otros de veinticinco libras, bautizados como parachoques en el argot carcelario. En la zumbona jerga estudiantil fuimos apodados como los protomártires del Cuño, aludiéndose a la cárcel-cuartel donde estuvimos encalabozados”.

En protesta por la detención de los estudiantes, la gente irrumpió violentamente a la calle en Caracas y otras ciudades y más de un centenar de estudiantes envió un indignado telegrama al tirano y se entregaron en calidad de presos a la policía y los trasladaron a todos al castillo de Puerto Cabello. “La presión colectiva nos abrió los cerrojos del “buque de piedra”, como lo llamara Andrés Eloy Blanco, quien fuera pasajero de él, en contra de su voluntad, por espacio de largos años”. Los estudiantes fueron excarcelados por la presión ciudadana y estudiantil, pero Tamayo siguió en el castillo de donde salió en 1934 a morir el año siguiente.

La cárcel y los grillos no les escarmentaron, al contrario, algunos estudiantes salieron a conspirar contra la dictadura con el capitán Rafael Alvarado y el teniente Pedro Antonio Barrios. “En la madrugada de un Viernes Santo –la del siete de abril- intentamos el asalto de un cuartel caraqueño donde estaban en tránsito para Maracay cuatro mil flamantes fusiles belgas de repetición. Los primeros rayos del sol iluminando los cerros del Ávila, me encontraron disparando un máuser, con torpeza de novato y magulladuras por los culatazos en el hombro derecho, frente a las garitas y los techos que vomitaban balas del Cuartel San Carlos”.

De 20 años salió al exilio al fracasar la intentona y en 1931 desde la firma del Plan de Barranquilla, con paciencia de hormiguita armó las bases de lo que sería el más fuerte y numeroso partido con comités de base en toda la geografía nacional: Acción Democrática, con partida de nacimiento el 13 de septiembre de 1941.

En 1945, los militares encabezados por el mayor Marcos Pérez Jiménez dieron un golpe de estado al presidente –otro militar– Isaías Medina Angarita y carentes de liderazgo entregaron la conducción de la junta de gobierno a Betancourt quien con su partido, entre otras audacias promovió, el voto universal, directo y secreto, anhelo desde el siglo XIX para elegir al presidente y todos los cargos deliberantes.

En diciembre de 1947 Rómulo Gallegos fue electo presidente, gobierno de escasos meses porque los militares encabezados por el teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud le dieron un golpe de estado. Tras diez años de dictadura militar, los demócratas exilados regresaron en 1958, hubo elecciones y Betancourt fue elegido presidente con 1.284.092 votos, 49,18% de los sufragios.

En una conversación con él en 1989 a su regreso desde Berna, me contó que uno de los mayores agrados de su gestión fue en la educación: “Creamos más de 300 liceos y varios institutos pedagógicos para cubrir las necesidades de la nueva matrícula en educación media. Creamos más de tres mil escuelas en todo el país. Cuando asumí la presidencia en 1959 solo había cinco universidades, la Central y la Católica Andrés Bello en Caracas, la única privada, las de Los Andes, del Zulia y Carabobo. En Barquisimeto creamos la universidad y el Instituto politécnico, en Barcelona la Universidad de Oriente con núcleos en Cumaná, Ciudad Bolívar, Maturín y Margarita y se echaron las bases para la creación de otras en los llanos y Falcón. No se hicieron más instituciones porque enfrentar a la subversión y la guerrilla castrocomunista nos exigía cuantiosos recursos.

Una de sus mayores satisfacciones, confesó, fue la firma en 1963 del contrato para iniciar la construcción del Guri, la represa que iniciaba el proceso de generación eléctrica “para venderle al norte de Brasil y para el desarrollo industrial de la Guayana venezolana. Como luchador político, mi mayor satisfacción fue afianzar el sistema democrático, crear condiciones para la estabilidad política del país y promover los cambios para el desarrollo en un clima de convivencia, pese al intento de asesinato y a las conspiraciones de los comunistas por desbaratar los avances, para instaurar una dictadura totalitaria al estilo soviético. Pese a todo entregué el poder a Raúl Leoni, otro venezolano electo por las mayorías por el voto universal, directo y secreto como establecimos en la Constitución de 1947 ratificada en la de 1961.

Betancourt fue el presidente más asediado por cinco intentos golpistas y un intento de magnicidio el 24 de junio de 1960 que casi paga con la vida. Murió en Nueva York, el 28 de septiembre de 1981.

Juan José Peralta

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