#COLUMNA Soliloquios de café: Presencia (Parte IV) #5Jul

Maximiliano Pérez | Ilustración: Victoria Peña |

Anécdotas sobre el Dr. Epifanio Pérez Pérez.

A principio de los años 60, en 1.964, por envidias profesionales amparadas en la política, fue acusado de lucrarse de la profesión, y de brujo por ser Rosacruz. Fue juzgado y sentenciado por el Tribunal Disciplinario del Colegio de Médicos del estado Lara a no recibir reconocimientos ni condecoraciones durante un lapso de 5 años.

Le conminaron a que apelara a la Federación Médica de Venezuela, de la cual, también era fundador y se le había otorgado el carnet con el número 41… les contestó papá:

“El único Tribunal al cual apelo es a vuestra consciencia…

Espero que la tengan en paz.”

Lo que nunca imaginaron aquellos impíos fue que, de sus amigos y pacientes, en su afecto y agradecimiento aún recibo los reconocimientos y condecoraciones que logró merecer la única persona de la cual tengo conocimiento que haya pagado un bien del Estado que hubiese tenido bajo su responsabilidad…

En el homenaje que acostumbra hacer el Colegio de Médicos a sus miembros fallecidos durante el año, estando en la Presidencia de tan ilustre institución mi gran e inolvidable amigo y condiscípulo, el Dr. Danilo Pérez Monagas, ante la tumba de papá, dije a la comisión que rendía honores:

“Es el tiempo de culminar la investigación sobre el lucro profesional del cual había sido acusado mi padre, por cuanto se tenía que realizar la Declaración Sucesoral y ese… era el momento de la verdad.”

Su mayor y mejor herencia la recibí en la palabra sincera de Don Rafael Ricardo Gil, uno de los hombres más respetados de la región… una placida tarde en el Coliseo del Club Hípico Las Trinitarias. Le había dicho a don Rafael Ricardo:

“Yo a usted lo conozco desde antes de nacer, le voy a decir la palabra mágica…

¡Epifanio!…”

Enjaguándose las lágrimas, puso su mano derecha en mi hombro y expresó:

¡Cara…!

“Tú eres Max… el hijo del hombre que yo no pude ser.

Porque uno, por compromisos, o por negocios, le falta a sus principios, y ese no fue tu padre… ¡Tu padre fue un hombre que se fue íntegro!

De papá sólo he recibido satisfacciones; sé que fue un ser humano que cometió errores pero, cuán cerca está de la perfección.

Su mayor don… “El querer ser útil”.

Dio cuanto pudo. Una vez más agradezco a Dios que nos haya enviado este regalo de amor que nos transmitió principios, valores… lo más grande y sublime que he tenido.

Gracias por enseñarme a servir; el valor de la sencillez, la probidad, de la dignidad, del espíritu combativo, de la urbanidad e… integridad.

Gracias por formar parte del monumento hecho por el escultor Ernesto Maragall; en su soledad nos recuerda el sacrificio, y rudo esfuerzo, que hiciste junto a tus idealistas compañeros ucevistas que decidieron enfrentar con firmeza a la tiranía gomecista sirviendo de inspiración y fortaleza a quienes, aparentando locura ante una segura derrota, lucharon, sin rendirse, en su empeño por buscar y recuperar la novia perdida… ¡La Libertad!

Gracias por darme la vida, por enseñarme el valor del libre albedrío y de la democracia. Gracias por llenar todo mi ser con el amor a Dios y a su Hijo; el Divino Maestro, como le decías a Jesús el Cristo Redentor. Gracias por mamá, tu amor verdadero, del cual nunca te separaste. Gracias por mis hermanos, especialmente, muy especialmente, por mi hermana Altaír, a quien amo sin medida e infinito agradecimiento. Gracias por todo cuanto me diste y me sigues dando.

“Felicidad infinita para ti doquiera que estés… papá”

¡Te amo inconmensurablemente!

Maximiliano Pérez

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