Alberto Coronel: Un amigo de la ciudad

Luis Rodríguez Moreno / Fotos: Sebastián Colmenárez |

A este hombre lo encontramos en una plaza de la ciudad trabajando incansablemente en la recuperación de un espacio público al que la desidia y la irresponsabilidad de la gente había condenado a su desaparición


Alberto Coronel es un hombre de profundo arraigo social. Tiene 67 años y vive modestamente en la ciudad de Barquisimeto, pero nació en Bobare. Sin embargo se confiesa como un trotamundo en plena retirada después de una larga pasantía en los Estados Unidos y buena parte de la América Latina, concretamente en Argentina y Uruguay, antes de decidir venirse a Venezuela.

A este hombre lo encontramos en una plaza de la ciudad trabajando incansablemente en la recuperación de un espacio público al que la desidia y la irresponsabilidad de la gente había condenado a su desaparición. Y, gracias a don Alberto la plaza Wonsidler, o la Paz, como suelen llamarla, parece recuperarse lentamente de la destrucción total, a falta de una municipalidad indiferente e ineficiente en el trabajo encomendado por los ciudadanos.

Desde meses atrás apareció Coronel armado con un envase como arma y un afilado machete por los alrededores. Con una paciencia tobiana fue limpiando las caminerías de la plaza e intentando sanear de alguna manera la vegetación. Lo más inmediato – asegura- ha sido recoger desperdicios y sectorizar los espacios con la idea de recuperarlos.

Alberto Coronel, sin prisa, pero sin pausa, llega temprano a la plaza para trabajar, apenas una vecina lo ayuda a ratos en ese oficio de jardinero y recuperador.

No recibe ninguna recompensa de la Alcaldía por esa labor y menos ayuda para solventar los problemas.

Cuando el reportero le pregunta sobre las razones que le indujeron a mantenerse activo en este trabajo, sonríe y revela su espiritualidad como una razón para vivir protegiendo la naturaleza que se expresa en el amor y la creación divina, más no en el hombre.

Se queja, sin odio ni rencores, de los depredadores y también de los indiferentes frente a la ruina del país, Piensa, no obstante, que todo obedece a una falta de educación y poca ciudadanía de quienes están obligados a cuidar de nuestros recursos naturales.

La ciudad, dice este personaje, no puede mirar a otro lado cuando se trata de sus espacios públicos. Si hacemos un recorrido por la ciudad nos damos cuenta que existe muy poco interés en mejorar esos espacios, nuestras plazas se han convertido en depósitos de basura, abandonados a su suerte.

Pueden creer la falta de elementos básicos para el mantenimiento de las zonas verdes de nuestros parques – se pregunta este Quijote de las buenas causas, cuando revela la poca atención que reciben de las autoridades municipales.

Barquisimeto ya no es la ciudad bonita de antes, cuando fue considerada hace unos años como la capital venezolana más apta para vivir.

La politiquería lo envuelve todo, mientras la ciudad se nos muere lentamente.

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