#OPINIÓN ¿Cuándo nació la ciudadanía venezolana? #7Jul

Jairo García Méndez | Ilustración: Victoria Peña |

Tengo como tradición de ciudadano y republicano, leer el Acta de Independencia todos los 5 de Julio. Cuando estoy con mis hijos, me acompañan en este ritual. Y cada vez que la leo, quizás por la sensibilidad que despierta “el orden político de los acontecimientos humanos”, descubro más belleza.

Esta vez me he detenido no el contenido propio del acta, sino en la orden para publicarla dada por el Supremo Poder Ejecutivo de la República de los inicios, y en los rituales y ceremonias que ordena para su juramentación y firma por todas las autoridades civiles, políticas, militares y eclesiásticas.

Primero ordena “Que se ilumine por tres noches la ciudad, de un modo noble y sencillo, sin profusión ni gastos importunos, empezando desde el propio día domingo”. El día domingo 14 de julio fue la fecha escogida para la solemne publicación del Acta.

Iluminada la ciudad, el protocolo exigía la inmediata juramentación militar.

En los siguientes días, venía la juramentación de todos los cuerpos de la ciudad, políticos, eclesiásticos y militares. Y para la juramentación de los individuos, dispone: “…se comisiona a los alcaldes de cuartel, para que con la escrupulosidad, circunspección y exactitud que corresponde en materia tan delicada, procedan a tomarle, y recibirle por la formula que se les comunicará, conforme a lo prescrito por el Supremo Congreso, concurriendo a sus casas, o donde señalaren los de cada cuartel, desde el miércoles 17 del corriente, a las nueve de la mañana hasta la una; y por la tarde, desde las cuatro hasta las siete de la noche…”

Y dice luego la consecuencia inmediata de aceptar y firmar el Acta, la consecuencia política y jurídica, los deberes que se asumen y los derechos que adquieren: “…prevenidos de que este juramento será el acto característico de su naturalización y calidad de ciudadano, como también de la obligación en que quedará el Estado a proteger su honor, persona y bienes…” Así nacieron nuestros primeros ciudadanos y nuestras primeras tradiciones republicanas.

Allí no nacía un pueblo, sino la ciudadanía.

La Orden explica el significado del título de ciudadano que se adquiere al firmar el acta, y lo hace de esta manera llena de belleza republicana. Leamos: “Y finalmente, que en el concepto de que por la declaratoria de Independencia han obtenido los habitantes de estas provincias y sus confederadas, la dignidad y honrosa vestidura de ciudadanos libres, que es lo más apreciable de la sociedad, el verdadero título del hombre racional, el terror de los ambiciosos y tiranos, y el respeto y consideración de las naciones cultas, deben por lo mismo sostener a toda costa esta dignidad, sacrificando sus pasiones a la razón y a la justicia, uniéndose afectuosa y recíprocamente; y procurando conservar entre sí la paz, fraternidad y confianza que hacen respetables, firmes y estables los estados, cuyos miembros proscriben las preocupaciones insensatas, odios y personalidades, que tanto detestan las sabias máximas naturales, políticas y religiosas…”

Y concluye el Decreto de Publicación del Acta de Independencia, del 8 de Julio de 1811, con este párrafo, cuyo autor, seguramente el primer presidente republicano, Cristóbal de Mendoza, estaba pensando en siglos:

“El Supremo Poder Ejecutivo, finalmente, exhorta y requiere, ordena y manda a todos, y a cada uno de los habitantes, que uniéndose de corazón y resueltos de veras, firmes, fuertes y constantes, sostengan con sus facultades corporales y espirituales la gloria que con tan sublime empresa adquieren en el mundo, y conservarán en la historia con inmortal renombre”.

Este es un párrafo para paladearlo, recitarlo de memoria, enseñarlo, divulgarlo, difundirlo.

Ahí están resumidas las tradiciones republicanas fundacionales y fundamentales del venezolano.

Jairo García Méndez

@jjgmendez

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