#OPINIÓN Capitalismo lunar: La suma de todas las incertidumbres #23Jul

Alexei Guerra Sotillo | Ilustración: Victoria Peña |

El interés por el futuro ha sido, desde tiempos ancestrales, una preocupación del ser humano.

Con herramientas que van desde los intentos adivinatorios, misticismos paranormales, adivinos iluminados o el racional uso de la planificación y la prospectiva, son variados los esfuerzos y enfoques para construir certezas y acceder a información que nos permita bosquejar el porvenir.

A diferencia de lo que ocurre en otras sociedades, el proceso  de desinstitucionalización que ha vivido Venezuela, adelantado por el chavismo, ha elevado a niveles inéditos la incertidumbre, con toda la complejidad y dificultad que ello supone para la gestión de cualquier organización, tomar decisiones personales o intentar planificar cualquier cosa.

Y son las instituciones precisamente normas acordadas, pactos sociales, legales, políticos, económicos o morales, aceptados ampliamente por los integrantes de un grupo social, que establecen las reglas de juego para toda actividad y toda convivencia. Hablando de reglas de juego mínimas para la gobernabilidad y el crecimiento económico, sin instituciones, ni existen reglas, ni juego, y sí mucho caos y arbitrariedad.

La permanencia de Nicolás Maduro en el poder, y el mantenimiento del control militar y territorial del país, con base en el uso de la violencia, la persecución e intimidación, deslegitimado ante un buena parte de la comunidad internacional, y la imposibilidad de lograr hasta ahora, una salida política y electoral, consensuada con los principales actores de la oposición y sociedad civil, en medio de nuestra peor crisis económica, representa en la actualidad la principal fuente de incertidumbre.

Más allá del clima de opacidad y censura que, desde el gobierno, se alienta para sembrar desinformación, es clara la participación de actores externos en la búsqueda de una transición viable y acordada.

La contracción de la economía venezolana, el avance de la hiperinflación, el deterioro y colapso de los servicios públicos, la violencia de grupos irregulares y delincuenciales,  el uso de la pandemia para reforzar el control social, el aumento de la pobreza, y la aguda crisis hospitalaria, definen a estas hora la coyuntura venezolana.

¿Llegará el agua? ¿Se irá el agua? ¿Cuánto durará el racionamiento eléctrico? ¿Se caerá la conexión a internet? ¿Traerán hoy el gas? ¿Me alcanzará el sueldo para hacer mercado? ¿Tendré algo en la nevera para comer mañana? ¿Conseguiré la medicina para el tratamiento? ¿Podré surtir gasolina? ¿Me podrán atender en el hospital? Preguntas de una larga lista cuyas respuestas consumen hoy el día a día de los venezolanos.

La inercia gravita a estas horas en la atmósfera nacional mientras el poder avanza con un proceso electoral con más sabor a simulación que a legitimidad y reconocimiento.

Las bases del poder se agrietan y parecen desvanecerse ante el cerco financiero internacional, la inviabilidad económica, y un malestar social represado por el miedo, la pandemia y un profundo desgaste anímico y emocional.

Las dudas se multiplican. Las responsabilidades se diluyen. Las respuestas escasean y las preguntas se acumulan, sin encontrar algún atisbo de certeza.

Todos sospechan lo que puede ocurrir, pero nadie puede predecirlo ni intuirlo.

El capricho sustituye a la norma. La cárcel, es el costo por disentir u opinar algo distinto a la versión oficial.

Me viene a la mente aquella película basada en el libro de Tom Clancy,  y su famoso personaje, Jack Ryan, “La Suma de todos los miedos”. En el film, el agente de la CIA, experto en inteligencia, devela un complot que involucra a factores rusos en un nefasto e impensable ataque terrorista en suelo estadounidense, que coloca al mundo al borde de una guerra nuclear.

El título de la película, nos da pie para describir e ilustrar muy bien la realidad venezolana, a estas alturas del 2020.

Asistimos, a la suma de todas las incertidumbres.

Alexei Guerra Sotillo

@alexeiguerra

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