#OPINIÓN Gaveta azul: 26 intentos #27Jul

Pedro J. Lozada | Ilustración: Victoria Peña |

Veintiséis intentos e igual número de fracasos.Vanas ilusiones y sueños convertidos en pesadillas. Cientos, miles de hojas impresas prometiendo paraísos, incumplidos al  esfumarse y quedar en intenciones,  empedrando el camino al infierno.

Veintiseis paquetes de propósitos destinados a construir bases sólidas  e instituciones fuertes y perdurables para asentar un país y en rumbarlo al mejor de los futuros, se desvanecieron sin dolor de nadie o se perdieron de la memoria de sus arquitectos que pocas veces lograron utilizarlas con propiedad,como los mapas que nos orientasen, o los planes a seguir para realizar en  paz y armonía cada presente a transitar.

Esfuerzos perdidos, empeños olvidados y desechados en  cualquier rincón de un despacho gubernamental donde los brillantes y bien pulidos enunciados se apolillaron amontonados para deshacerse en las manos del funcionario ocasional, curioso y entrépito preguntando sin cesar hasta recibir respuesta a partir del  cervantino discurso de un Viceministro, del medio centenar que pululan a diario por la Casa de  Gobierno.

—Bota esa vaina, eso ya no sirve. Son  constituciones viejas.

El receptor de la orden y con ello la respuesta  buscada, se formula una nueva interrogante al ver tantos activistas políticos reunidos en los alrededores del despacho presidencial.

—Será que pasa algo?

Nadie responderá. El grupo espera turno y cada uno está listo y dispuesto a pagar su cuota del derecho al enchufe disfrutado, dedicando  unos minutos del tiempo que le conceda el supremo, al peor vicio de los regímenes de fuerza,exacerbado en Latinoamérica hasta la náusea: Practicar el controversial deporte de la adulancia, conocido por el eufemismo de “culto a la personalidad”, y designado en el lenguaje coloquial del común en forma menos elegante y más descriptiva de la práctica real que se lleva a cabo.

Qué asunto piensan discutir dando lugar a una convocatoria, según dicen, no programada?

Se vislumbra como la posible discusión de una nueva constitución o la reforma de la actual “la mejor constitución del mundo”. Si se trata  de un nuevo proyecto de Carta Magna sería la N° 27, aunque visto desde una perspectiva jurídica formal, según los estudiosos del tema,sólo doce de estos  documentos optan a la calificación de Carta Magna (incluida la vigente). Han sido sancionadas por congresos constituyentes, o una convención, o por una asamblea nacional.Las catorce restantes, algunas de las cuales solo sirvieron de instrumento para cambiar  los períodos  de gobierno, fueron realizadas por el  poder ejecutivo de manera directa o bajo el disfraz de una iniciativa  legislativa.

Es importante señalar que la declaración de la  Independencia en 1811, cuya constitución de un  Estado federal fue la primera de nuestro  país, también lo fue para hispano-américa, razón señalada en el himno nacional que  auspicia “seguid el ejemplo que Caracas  dio”.Rigió seis meses. La caída de la primera república con la capitulación de 1812 desata la cruenta guerra independentista y queda jurídicamente acéfala la estructura del Estado hasta el intento de un nuevo proyecto de país, plasmado por el Congreso de Venezuela en la constitución centralista de Santo Tomás de Angostura, (15/8/1819) que solo dos años.Fue derogada para dar paso  al sueño confederado gran colombiano el 30 de agosto de 1821 en el Congreso General de Colombia reunido en Cúcuta.

La “Ley Fundamental de la Unión de los Pueblos de Colombia” promulgada por Su Excelencia, General de los Ejércitos Unidos de Colombia, Simón Bolívar, el seis de octubre de 1821,cercena de un plumazo la independencia del país, que cede su soberanía territorial para convertirse en un Departamento de Colombia.

El seis de mayo de 1830 se instala en Valencia un  Congreso Constituyente con los representantes de  once (11) provincias cuyas deliberaciones culminan el 22 de septiembre del mismo año, fecha en la que el General José Antonio Páez promulga la nueva  constitución y nace la tercera república. Recobra Venezuela su independencia y se rompe el  Estado Confederado de Colombia. Es la cuarta ocasión en que surge una nueva Carta Magna, sumando a su importancia histórica el hecho de regir los destinos de la nación por  veintisiete años (hasta 1857).A partir de esta fecha  se inicia la  moda de cambiar a menudo la constitución hasta llegar a la “mejor del mundo”, la número 26 en la cuenta.

La constitución de la República Bolivariana de Venezuela promulgada mediante referendo a objeto de “cambiar  lo antiguo y recuperar la democracia para el pueblo”, ha servido justamente, para qué?

En principio es, o pretende ser, la  panacea cúralo todo y ha resultado víctima, como  casi todas las anteriores, de  cuanta violación se le ocurre a los personeros del régimen y lo único tangible como posible logro es el obstinado empeño  de enmendarle la plana nada menos que a Don Andrés Bello, acuñando a juro en la nueva gramática para el pueblo, otro género, aún sin bautizo dada la ambigüedad de aplicación y su indefinición semántica.Al efecto proponemos aliviar la angustia de una vez por todas en la siguiente forma, a saber:

Los géneros son tres: Femenino,  masculino y ridículo.

Científicos de muy elevado prestigio por sus  aportes al mejor y más amplio conocimiento,afirman que una teoría tiene mejores posibilidades de acierto en sus proposiciones, mientras más simples y breves sean sus enunciados. Es posible que por extensión sea aplicable a otras  categorías. Así una  constitución tendría mejores posibilidades de supervivencia a la rauda dinámica actual, bajo los mismos criterios de brevedad y simpleza de  sus enunciados. Cuando pretendes cubrirlo todo, se te enfrían los pies  por dejarlos fuera. Una constitución que intenta y pretende regular  y regir  cuanta circunstancia, actividad y categorías de acción existan o surjan  en las sociedades  del presente,  transformándose  velozmente  a otras dimensiones del quehacer humano, solo logrará  frustraciones y desengaños y se convertirá apenas al nacer –según el cervantino discurso político—  en  una “vaina vieja que no sirve para un sirullo”.

Pedro  J. Lozada

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