#COLUMNA El rincón de los miércoles #29Jul

Luis Rodríguez Moreno | Foto: Cortesía |

Es muy difícil poder explicar las verdaderas razones por la cual los venezolanos seguimos siendo víctimas de los apagones diarios que dejan a las ciudades sin el servicio eléctrico. No estoy seguro, pero Venezuela debe ser uno de los pocos países en el  mundo donde ocurre esa anomalía, sin que el Estado encuentre una manera de solucionar un problema que afecta a millones de personas, especialmente en el interior del país. Está claro que el sistema colapsó hace ya mucho tiempo. Casi a diario se interrumpe el servicio sin aviso previo, lo que provoca grandes daños a los artefactos eléctricos en los hogares y empresas venezolanas que registran grandes pérdidas, irrecuperables todas, porque nadie se responsabiliza de los daños causados por los cortes. La mayoría de las ciudades venezolanas padecen las consecuencias de la falta de energía, al caer la noche, dando paso a una oscuridad que obliga al ciudadano a concluir sus labores antes del apagón diario y proteger su integridad ante la acción delictiva en sus respectivos hogares. Resulta incuantificable registrar las pérdidas provocadas por la crisis eléctrica en Venezuela, y por los vientos que soplan, pasará un buen tiempo antes de que el país regrese a la normalidad energética.

II

El COVID-19 ha sido el detonante para la crisis por la que atraviesan los países. Ricos y pobres han sido impactados de una manera brutal por una pandemia que deja a su paso millones de victimas e impide de la misma forma el crecimiento económico y social de  los pueblos. Algunos de ellos han podido gestionar parcialmente las consecuencias, pero otros se han decantado por utilizarla con fines políticos disociadores que no permiten unificar esfuerzos y criterios sobre la mejor forma de enfrentarla. Las guerras ideológicas constituyen, sin lugar a dudas, una barrera infranqueable para el entendimiento y el acuerdo entre los grandes y los chicos del planeta, necesitados como están de encontrar la fórmula que permita salir del cruel momento por el cual la humanidad atraviesa.

III

Teodoro Leal Aranda fue una de las voces más conocidas de la radiodifusión larense entre los años 56 y 66 del siglo pasado. Trabajó en el circuito de los hermanos Rafael Angel y Amílcar Segura, pero con más regularidad en  Radio Barquisimeto,una emisora con una onda corta que la proyectaba por todo el mundo. Muchos años estuvo Leal Aranda como uno de los mejores locutores del país, hasta decidirse por la educación superior y convertirse en un excelente profesor universitario. Junto a Rafael Teodoro Chávez y Julio J. Montero, Leal Aranda integró el grupo de personajes radiales de la ciudad que ayudó a modernizar las estaciones donde prestaron sus servicios profesionales. Su reciente fallecimiento enluta al medio radiodifusor de la capital larense.

IV

RETRO.- Cuando gobernaba en Barquisimeto Don Eustoquio Gómez, un ingeniero encargado del acueducto de la ciudad le solicitó al mandatario publicar un aviso advirtiendo a la población de una escasez absoluta de agua por la ruptura de un tubo matriz, por lo menos durante quince días. Don Eustoquio, enojado por aquel problema, le dijo al ingeniero que la reparación debía ejecutarse al día siguiente, sin aceptar los argumentos técnicos del ingeniero, “vaya usted hasta el acueducto y me espera para demostrarle que esa reparación la hago yo en menos de ocho horas para que el pueblo no padezca de sed por su ineptitud. El mandatario movilizó a los soldados del cuartel Jacinto Lara, a los obreros del Ejecutivo y al personal de Aseo Urbano, y con toda esa gente se puso al frente de los trabajos, en ocho horas se arregló el tubo matriz. “Conque usted decía que en 15 días, eh”, le espetó el viejo caudillo al técnico, a quien despidió del cargo.

V

Un abuelo es la prolongación de uno mismo, pero de primera mano por lo cual tiene un privilegiado lugar en el seno de la familia, porque todos lo queremos de una manera muy especial. Su tiempo es diferente al del hijo, pero para el nieto es una persona llena de amor que lo rodea desde el mismo momento en que nace, lo consiente y le perdona cualquier travesura en su proceso de crecimiento. Un brioso corcel que se entrena para llevar encima el peso del chiquillo hasta que se hace hombre y comparte su galope hasta el final de su tiempo, que siempre nos parece muy corto. El viernes pasado mis hijos perdieron físicamente al suyo, sin poder despedirlo como hubieran querido. Juan José los amó en la distancia con el mismo fervor y pasión que prodigó a sus hijos durante toda su existencia. Tenia JJ alma de trovador para cantarle a la vida y se marchó llevando en sus pupilas los rostros de sus hijos y sus amados nietos como pasaporte al cielo.  Buen viaje JJ.

Luis Rodríguez Moreno

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