#OPINIÓN Socialcristianismo todavía en pie #9Ago

Jorge Euclides Ramírez | Ilustración: Victoria Peña |

El catolicismo en Venezuela y específicamente en Lara tiene raíces profundas que se nutren de un sentimiento ancestral, hermano de la muerte, testigo de un cautiverio onanista, víctima y rehén de algún profeta que nos conjuro a tolerarnos sin querernos.

Este catolicismo nuestro ha tenido a lo largo del tiempo maravillosos tutores, algunos doctores y otros sabios, todos místicos arrebatados de este mundo por el fuego de una comunión perfecta con el cielo de su fe.

El catolicismo de nuestro pueblo siempre fue de contemplación y embeleso ante los enigmas religiosos, la creencia muda y prosternada frente a un Dios distante del problema social pero amigo generoso del esfuerzo cotidiano.

Alguien pudiera pensar que el Dios de los larenses se parece más bien al Dios de Lutero o el de los Anglicanos y menos al Dios de las encíclicas de los Papas del Siglo XX.

Sobre la base de esta religiosidad sencilla y buena, en los términos de Carlyle, es posible que haya nacido el partido socialcristiano COPEI en Lara. Éste partido era la expresión de una clase media profesional y empresarial que buscaba abrirse caminos entre las tolvaneras mundiales que produjo el enfrentamiento bélico de grandes cosmogonías políticas con una visión planetaria del problema económico, pero en complemento de estas raíces confesionales lo auténticamente nuevo como opción ideológica estaba representada en un numeroso equipo de gente joven formada en la lectura de los grandes teóricos como Maritain, Monod, Claudet ,Chardin y por supuesto en las encíclicas sociales de la Iglesia, desde la Rerum Novarun hasta la Pax in Terri de Paulo VI.

Pasado el tiempo y aplacados un poco los embates de la insurgencia guerrillera, el país comienza a diseñar nuevas rutas de progreso donde el equilibrio socioeconómico toma importancia en la agenda republicana. Los jóvenes de ese Copei larense de mediados del Siglo 20 como sus correligionarios en todo el país representaban con propiedad a esa Venezuela emergente educada en los mejores colegios y con la convicción de que un gran país solamente podía construirse sobre la base de una familia cristiana y el respeto a la propiedad asociada al trabajo y la solidaridad.

COPEI en la actualidad, debemos registrarlo con tristeza, está escondido en alguna parte aunque existe, igual que existen los masistas de los años setenta y los adecos del cuarenta, allí están, en el fondo silente de una sociedad aparentemente dormida en la resignación pero a la espera que ese bullicio interior le abra ruta a un nuevo ciclo y se produzca el renacimiento de la paz, la concordia y el progreso, de la mano de unos líderes que coloquen al país por delante de sus partidos.

Y aunque en busca de estos líderes que rescaten la plenitud democrática y revivan a partidos históricos, como es el caso de Copei uno dirija la mirada hacia las nuevas generaciones no hay que olvidar corazones jóvenes que han mantenido encendida la llama de los sueños socialcristiano para Venezuela, como Eduardo Fernández y Chavol Ramos en Caracas, Nancy Rodríguez, Jesús Alberto Jiménez Peraza, Luis Gerardo Oropeza, José Antonio Cassany, Antonio Castillo en Lara. Copei tiene todavía buena semilla, Dios permita su fecundación

Jorge Euclides Ramírez

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