#OPINIÓN Karl Marx y el marxismo teórico (Parte X) #20Sep

Juan José Ostériz | Ilustración: Victoria Peña |
18.-Actos grotescos de explotación personal de Marx

(Para esta y otras fechas en la vida de Marx, se extrajeron de la presentación cronológica de Maximilien Rubel en Marx: Life and Works (trad., Londres, 1890); la existencia del hijo ilegítimo fue revelada por primera vez en W. Blumenber, Karl Marx: An Illustrated Biography (1962) traducción .Inglesa, Londres,1972) – (Marx-EngelsGesamt-Ausgabe,págs.102-103).

Pero el aburguesamiento de Marx llevó a otra forma de explotación, esta vez, de sus hijas. Las tres eran inteligentes. Por la lógica del radicalismo las habría estimulado a tener una carrera. De hecho:

• les negó una educación satisfactoria,
• se negó a permitirles algún tipo de preparación,
• les prohibió estudiasen alguna carrera.
• Más tarde, no aprobó a los pretendientes de las niñas, que venían de su propio ambiente revolucionario: a uno, Paul Lafarque, que venía de Cuba le llamaba “negrillo” o “el gorila”; a otro, Charles Longuet, era un idiota.¡Al diablo con los dos!”

Marx sin embargo, quizá necesitara a su mujer más de lo que estaba dispuesto a admitir. En 1881, decayó rápidamente, dejó de trabajar, hizo curas en varios balnearios europeos o viajó a Argelia, Montecarlo y Suiza en busca de sol o aire puro. En diciembre de 1882, se regocijó al comprobar su influencia creciente en Rusia: “En ninguna parte he tenido un éxito más encantador”. Destructivo hasta el final se vanagloriaba de que “me causa satisfacción herir a una potencia que, después de Inglaterra, es el verdadero bastión de la vieja sociedad”. Tres meses después murió con su bata puesta, sentado al lado del fuego. Una de sus hijas, Jenny, había muerto pocas semanas antes. Las otras dos también terminaron trágicamente. Eleanor, con el corazón destrozado por la conducta de su marido, tomó una sobredosis de opio en 1898, posiblemente en un pacto suicida del que él se escabulló. Trece años más tarde, Laura y Lafargue también acordaron un pacto suicida, y ambos lo cumplieron.

Quedó, sin embargo, un extraño superviviente de esta familia trágica, producto del acto más grotesco de explotación personal. En todas sus investigaciones sobre las iniquidades de los capitalistas británicos, encontró muchos ejemplos de obreros mal pagados pero nunca logró descubrir alguno que no recibiera ningún sueldo. Sin embargo, el caso se dio en su propio hogar. Cuando llevaba a su familia al paseo formal de los domingos, una figura femenina, baja y gorda, cerraba la marcha llevando una canasta de picnic y otros bártulos.

Era Helen Demuth, conocida en la familia como “Linchen”. Nacida en 1823, de familia campesina, se había incorporado a la familia von Westphalen cuando tenía ocho años como niñera. Vivía y comía allí, pero no recibía sueldo alguno. En 1845, triste y preocupado por su hija casada, su madre le envió a Linchen, que tenía entonces veintidós años, a Marx para facilitarle las cosas. Permaneció con la familia Marx hasta su muerte en 1890. Eleanor la describía como “el ser más tierno para los demás, mientras toda su vida fue una estoica para sí misma”. Era una trabajadora empedernida que no sólo cocinaba y fregaba, sino que manejaba el presupuesto familiar, cosa que Jenny era incapaz de hacer. Marx jamás le pagó un penique.

En 1850, durante el período más tétrico en la vida de la familia, Linchen fue la amante de Marx y concibió un hijo. El pequeño Guido acababa de morir, pero Jenny también estaba embarazada otra vez. Toda la familia vivía en dos habitaciones, y Marx tuvo que ocultar el estado de Linchen no sólo a su mujer, sino también a sus inacabables amigos revolucionarios. Por fin, Jenny lo descubrió o hubo que decírselo y, sumado a todas sus desventuras en ese momento, probablemente acabó con su amor por Marx. Lo llamó “un hecho sobre el que no volveré más, porque aumentó muchísimo nuestras penas privadas y públicas”. Esto se encuentra en un esbozo autobiográfico que escribió en 1865, del que se conservan veintinueve a treinta y siete páginas: el resto, que describía sus peleas con Marx, fue destruido, probablemente por Eleanor.

La criatura de Linchen nació en el domicilio del Soho, el 28 de Dean Street, el 23 de junio de 1851. Fue un varón que registraron con el nombre de Henry Frederick Demuth. Marx se negó a reconocer su responsabilidad, entonces y siempre, y desmintió de plano los rumores de que él era el padre. Linchen tenía más carácter e insistió en reconocer al niño ella misma. Lo entregaron a una familia de clase obrera llamada Lewis, para que lo criara, pero le permitieron que fuera de visita a la casa de los Marx. Sin embargo, le prohibieron que usara la puerta principal y le obligaron a ver a su madre sólo en la cocina. A Marx le aterraba la posibilidad de que se descubriera que era el padre de Freddy y que eso le hiciera un daño fatal como dirigente y profeta de la revolución. En sus cartas sobrevive una oscura regencia al caso: otras fueron suprimidas por diversas manos. Finalmente convenció a Engels de que reconociera a Freddy, en privado, como una pantalla para disimular en familia, pero Engels no estaba dispuesto a llevarse el secreto a la tumba, e imposibilitado de hablar escribió en una pizarra: “Freddy es hijo de Marx, Tussy(Eleonor) quiere hacer un ídolo de su padre.”

Linchen fue el único miembro de la clase trabajadora que Marx pudiera haber llegado a conocer bien y ser su único contacto real con el proletariado. Freddy, su hijo, pudo haber sido otro, ya que fue criado como un muchacho de clase obrera, y en 1888, cuando tuvo treinta y seis años, consiguió su ansiado certificado como ingeniero armador calificado. Pasó, prácticamente, toda su vida en King´s Cross y Hackney, y era miembro regular del sindicato de ingenieros. Pero Marx nunca le conoció. Murió en enero de 1929.

Juan José Ostériz

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