#OPINIÓN Reflexión en positivo: Mal de ojo o maleficios #29Oct

José Gerardo Mendoza Durán | Ilustración: Victoria Peña |

Con tristeza me decía un amigo que tuve varios años sin ver y al reencontrarnos conversamos largo rato de nuestros compartires y jornadas de trabajo que nos tocó realizar en busca de mejoras y superación en nuestra época de mozos y de los adultos mayores y cultivados trabajadores en época de decencia y honestidad a prueba de fuego y casi con lágrimas en los ojos coincidimos en el lamentable tema de el día: como fue que en un abrir y cerrar de ojos, en espabilar pues, se perdió o perdimos aquella Venezuela y nos encontramos hoy con país deprimido, pobre, en franca ruina, un futuro incierto sin ofertas y que no puede ofrecérseles a todos aquellos que aún la amamos, como es el caso de la amplia población de juventud, a la diáspora de un porcentaje alto de los talentos que están enriqueciendo a otros países, ajenos a su idiosincrasia, que sin duda se encuentran con la esperanza de un pronto regreso y su corazón latiendo por nuestra patria en la espera de su refundación al ser rescatada de sus destructores y hasta con la ayuda de los que se sienten culpables volveremos hacer de este un país envidiable.

Si ponemos en práctica el lenguaje que escuchamos de nuestros abuelos, ellos dirían que a nuestra patria le echaron un mal de ojo, esos son decires de antaño cuando nacía o nace un bello y hermoso niño como era Venezuela le colocaban una liguilla roja o una peonia como protección de su salud y no le caiga mal de ojo o maleficios y así se sienten protegidos de todos los males y la paz para sus progenitores que confían ciegamente en su contra. Esto sería mejor explicado por los cubanos que de estos menesteres si saben y podrían explicarlo mejor porque hasta los expertos dicen que este mal de ojo o maleficio viene de allá, ya que se dice que estas ciencias ocultas predominan en la isla extendiéndose hacia dónde consiguen protección o aliados sobre todo. Como una bola de hierro sobrecargada de no muy buenas intenciones golpeando y destruyendo lo que está hecho y sin pasar por su mente volverlo hacer bueno. Ese es parte del mal de ojo que Dios proteja a los pocos que quedan es todo lo que se pude pedir con mucha Fe.

Sabemos que la voluntad atada a los sueños es el capital más poderoso que pueda poseer el ser humano por tal motivo invito a que unidos busquemos la formas de salir de una vez por todas de este estado emocional y permanente de zozobra y preocupación en que nos mantiene el sistema actual. El tiempo ocupado en la búsqueda de lo que ya teníamos y cada día nuestro tiempo vale menos como es el caso de lo que acarrea la falta de los combustibles ¡verdad que esto es un mal de ojo!, en el caso de el transporte público por todos es conocido cuantos padres de familia con su digno trabajo poseen un carrito para sostén de los suyos y me consta que han demorado hasta 4 semanas para surtirlo de gasolina y eso que aparte de lo que produjo el mes pasado lo gastan en gasolina y repuestos, si se invierte el tiempo en lo más popular y necesario de los servicios ¡verdad que se puede acabar la voluntad de trabajo!. Se vive en un estado permanente de emergencia y no hay dudas que fue que nos cayó el mal de ojo o pavita, por haber sido en su momento el país más hermoso y bello y que estará pronto a punto de reconstrucción así lo decretó Nuestro Señor Jesucristo.

Ahora más que nunca el campo es la solución unidos por la paz, la convivencia, el respeto y la prosperidad de nuestro país”

Condolencias

Cuando supe de la desaparición física de Don Pompeyo Antonio Valero Medina me entristecí y aún continúo así, fue mi amigo de muchos años, un hombre con cualidades, deja un gran vacío entre la gente correcta y así dejó sus huellas bien marcadas que el tiempo no borrará, un trabajador a tiempo completo, un excelente padre de familia, amigo de verdad que hizo culto a la amistad. Vuela alto querido amigo que no tengo dudas que hasta el sepulturero derramara lágrimas igual que nosotros por su viaje eterno y nada de que te arrepientas, su vida fue acrisolada.

Me uno al duelo de su esposa, hijos y demás familiares.

José Gerardo Mendoza Durán

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