Filosofía de la pasividad en la pintura colonial larense

Freddy Torrealba Z. | Foto: Cortesía |

Los primeros rasgos del arte pictórico larense surgen a tientas en la etapa del Paleolítico en que imperaba la estática en la vida del hombre indígena e se desplazaba salvajemente por aquellos extensos y vírgenes territorios. Su data es de antes del nacimiento de Jesuscristo.

Su desarrollo material y espiritual era limitado lo que le impedía tener una visión amplia de la naturaleza y la incipiente sociedad. El hombre americano por descubrir Europa, era sedentario, lento y rutinario profundamente apegado a la realidad la cual transformaba de forma pausada.

En consecuencia, esta forma de arte nace condicionada por ese lento ambiente en que el hombre se alimentaba con la recolección de frutas y la caza de animales sin desplazarse ampliamente en el territorio que ocupaba, entre éste los más de 21 mil kilómetros del actual estado Lara.

Sus primeras manifestaciones plásticas las tenemos en los jeroglifos al aire libre, creaciones rupestres en cuevas representativas de su persona, animales, flora, fauna y sus actividades cotidianas. Lo mismo sucede en los continentes de Europa, Asia y África. Pero sin duda el arte pictórico lo acompaña desde los albores de su existencia sellada por la pasividad física en estas tierras guaras.

El influjo europeo

Tras la consumación de la Conquista por los españoles llegamos a la etapa de la Colonia en que florece una forma de pintura importada de España. Entonces España formaba parte de la periferia subdesarrollada del Viejo Mundo con escaso crecimiento económico sin alcanzar la condición de nuevo estado nacional que ya ostentaban Inglaterra, Alemania y Francia, entre otros.

Aquel arte era el barroco con expresiones también en la música, literatura. escultura y arquitectura. El mismo es impuesto por el extranjero por conducto de la Iglesia a los efectos de desarrollar la empresa de la colonización. El mismo es replanteado a los fines de facilitar su imposición a la población indígena y luego a negros africanos y mestizos o pardos.

Entre los pintores de este período que principia en 1682 tenemos: al Pintor del Tocuyo, el Pintor Rebolledo, el Pintor Porras y un escultor conocido como El Tocuyano. Los cuatros son nativos de la capital morandina fundada en diciembre de 1545 por Juan de Carvajal.

La deficiente profundidad geométrica

El húngaro Arnold Hauser plantea que previo al Renacimiento los pintores se desenvolvían en sociedades cerradas donde estaba negado el dinamismo en la obra de arte. En pintura se expresaba en la ausencia de profundidad espacial que lo sumía en la inamovilidad.

Justamente un punto crítico de las obras de estos artistas es el deficiente uso del espacio en el cuadro que se presenta en sociedades de cultura estática como las de la Edad Media. Nos referimos a la falta de profundidad espacial existente desde as antigüedad y la Edad Media.

En cambio, en sociedades de cultura dinámica ocurre lo contrario pues el dinamismo existente le permite desplazarse ante el cuadro con entera libertad creativa. Ello sin las restricciones derivadas de ordenar con motivos el espacio a pintar.

Es durante el Renacimiento que son formulados los principios de la pintura que hoy conocemos los cuales liberan al artista de los rigores de la ausencia de profundidad geométrica en la obra. Uno de sus decididos impulsores es el florentino Leonardo da Vinci quien revoluciona así la pintura de ese tiempo en Italia.

En cambio, en sociedades abiertas el dinamismo existente le permite desplazarse ante el cuadro con entera libertad creativa. Lo hace con entera libertad de movimiento al momento de inventar más allá de la ordenación de los componentes del espacio al pintar.

Los pintores que hicieron vida en la etapa de la Colonia en El Tocuyo pasaron por ese fenómeno artístico que linda en una a distorsión. Vale decir, una débil perspectiva con la existencia a veces de un solo plano.

La impasibilidad filosófica

La causa del problema tiene su origen principal en la concepción filosófica del hombre, naturaleza y sociedad imperante entonces. Se trata de la corriente de la escolástica promovida por la Iglesia, una variable de la metafísica.

Esta filosofía sume al artista en unja situación del “más allá” con sus estados de inmovilidad perpetua. Ello más las ideas del castigo en el infierno, espíritus malos y la eternidad.

Esa situación perduró en el mundo pictórico europeo durante los mil años que dura la Edad Media por en se impone el poder indiscutible de la Iglesia Católica. Esas concepciones filosóficas en el arte son trasladadas al Nuevo Mundo tras el descubrimiento por Cristóbal Colón en 1542.

Entonces el poder de la Iglesia Católica no se hace esperar para pasar a controlar esta actividad en el pueblo de El Tocuyo que ya tenía 2 templos dedicados al culto del catolicismo: San Francisco y la Concepción. En los planes de los conquistadores europeos se contemplaba el dominio ideológico, económico, político, cultural y religioso de los indígenas de la región integrantes de casi una docena de etnias. En consecuencia, a los nativos les es impuesta la religión imperante en la metrópolis extensivo desde luego a la emergente pintura.

Los misioneros franciscanos fomentan este arte entre mestizos o pardos, esclavos negros e indígenas con su capacitación sin permitirles firmar sus obras. Es un arte de corte elitesco dirigido al disfrute exclusivo de miembros del poder imperante: religioso, económico, político, intelectual y militar. Gente de comprobada solvencia financiera y no la plebe sin ningún poder para adquirir una pintura.

En algunas colecciones privadas de esa época se han encontrado hasta 200 obras por coleccionista. Pero se trata de un arte de salón alejado de la realidad cotidiana del hombre. Un espejo de las concepciones filosóficas escolásticas y metafísicas de la religión católica.

El peso condicionante de la iglesia es manifiesto en los fondos negros de los cuadros algunas veces para recalcar una instancia como el infierno. Cuando se trataba del cielo usaban el claro amarillo. Allí es manifiesta la lucha entre el catolicismo y la maldad del infierno que el autor debía graficar fielmente a través de sus diversos símbolos.

Es lo que podríamos denominar el reposo metafísico en la pintura colonial larense. Un fenómeno en que es evidente el peso de la Iglesia católica quien ejercía un control absoluto en las obras del pintor al que trazaba la pauta bajo estricta vigilancia. Quien violara la norma se exponía al castigo de la versionada Inquisición de la periferia del Nuevo Mundo, entre ésta la del Tocuyo.

La Virgen del Rosario El pintor del Tocuyo
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