#OPINIÓN Gallina muerta #28Ene

Antonio A. Herrera-Vaillant | Ilustración: Victoria Peña |

Algunos piensan que el movimiento democrático venezolano enfrenta retos insuperables. Esa impresión la auspicia el régimen por todos los medios, sumándole a cuanto pusilánime encuentra a su paso. Su instrumento principal es equiparar a Venezuela al triste y longevo destino de la nación cubana.

Es un paralelismo que asiduamente promueven tanto el régimen y sus aliados cubanos, como sus adversarios; cada lado con distintos motivos: Unos para desmoralizar a la oposición, los otros buscando aliados externos, y algunos para justificar fracasos.

Pero a pesar de innumerables parecidos de forma, son muchas, profundas y eventualmente decisivas las diferencias entre ambos países. Posiblemente los rasgos compartidos más notables sean la resentida lucha de clases y razas, el acomplejado odio hacia el mundo desarrollado, y la masiva migración por parte de adversarios de ambos regímenes.

Pero el origen, condiciones y trayectorias de ambos situaciones son extremadamente distintos, siendo el régimen venezolano infinitamente más endeble que el cubano.

En Cuba un grupo de civiles provocó la caída de una dictadura militar. Velozmente y con extrema crueldad – masivamente aplicada – impusieron una férrea dictadura, erradicando casi toda la oposición interna, expatriando a más de 20% de la población y eliminando toda propiedad privada. Todo ello en menos de dos años, con escasos recursos materiales, apoyo masivo de Europa Oriental y amplio apoyo popular a un líder mesiánico que dirigió todo con manos de hierro durante 56 años.

En Venezuela, un grupo de militares altamente corruptos y con apenas un barniz ideológico, encabezados por un desaparecido taumaturgo y un séquito de fracasados políticos de izquierda, fueron llevados al poder por votación popular, dedicándose casi de inmediato al saqueo y la dilapidación populista de una de las economías más ricas de Latinoamérica hasta llegar a un estado fallido. Su entramado de apoyos y alianzas mercenarias hoy depende de los recursos a su alcance, incluso el narcotráfico; pero en Venezuela persiste una oposición democrática mayoritaria, inerme, pero con amplio apoyo internacional.

El improductivo, estéril y fosilizado régimen cubano es apenas una sanguijuela que solo aporta maldad, materia gris y tecnología represiva al chapucero aparato represivo de los distintos círculos de poder mafioso que se imponen en Venezuela.

Aún no ha llegado el punto de quiebre de la satrapía venezolana, pero hasta la dirigencia en Cuba debe saber que lo que alguna vez fue su gallina de los huevos de oro está muerta y descabezada.

Antonio A. Herrera-Vaillant

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