#OPINIÓN Visión de Frente: Sociedad civil o sociedad cautiva #28Ene

Jorge Rosell y Jorge Euclides Ramírez | Ilustración: Victoria Peña |

Son cada vez más repetidos los exhortos que hacemos desde la intelectualidad respecto a que la Sociedad Civil debe reagruparse, sacudir su modorra y reactivar sus mecanismos de resistencia ante la tiranía, mediante una movilización que sirva de presión para empujar una salida democrática, todo en sincronía con el respaldo internacional que tenemos por parte de los países democráticos.

El problema surge cuando entramos a considerar las opciones posibles con las cuales contamos para concretar esta lucha ciudadana. Apelamos a la Constitución, donde están contenidos los derechos que nos asisten para rescatar la Democracia. Estos Derechos han sido activados anteriormente en varias protestas de calle, siendo la más organizada, extendida e intensa, la que se escenificó en el año 2017, donde toda la oposición estuvo unida. 

En ese 2017 el régimen acudió a un uso bestial de la fuerza, aplicó un plan donde militares, policías y colectivos masacraron las manifestaciones y no conformes con ello entraron a viviendas, estacionamientos, clínicas y lugares de propiedad privada en general, para arrestar, atropellar y dañar, sin misericordia ni respeto alguno por las leyes y la moral. A los jóvenes que se mantenían en la vanguardia, con chalecos caseros antibalas, les dispararon a la cabeza y fueron tantos los asesinatos de esta época que para no naufragar en la memoria culposa, hemos olvidado la lista.

Insistimos en que leyéndoles y explicándoles normas legales no se defenestra una dictadura. Un régimen de fuerza como el instalado en la Venezuela actual no cree y por tanto no practica la legalidad. Su propósito como todo régimen tiránico de raíces comunista es aferrarse al poder sin importar la normativa legal interna o internacional y como dramático ejemplo tenemos a la desgracia cubana. Someter al pueblo cautivo de sus desafueros a través del mandato propio de la arbitrariedad, contrario al orden jurídico, es su ruta permanente.

Sin embargo, es propicia la ocasión para referirnos a dos disposiciones constitucionales que por muy manociadas que estén deben darnos luces y empoderarnos en nuestros propósitos libertarios. La explicación de sus propósitos no va dirigido al tiránico régimen que es el que las hace de aplicación actual, pues como dijimos no creen en el mandato legal, sino que su razón y designios van destinados a las fuerzas democráticas, pues con base en sus contenidos se nos conduce hacia el desconocimiento de “cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”, como textualmente establece el artículo 350. Por otra parte, el artículo 333 nos ordena que en caso de que un acto de fuerza contraríe el contenido constitucional “…todo ciudadano investido o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia”.

Supuesto de hecho o hipótesis del artículo 350 hecho realidad con la cotidiana transgresión del contenido constitucional del absolutista régimen y como consecuencia textual, mandato del artículo 333, de restablecer la vigencia constitucional a través de acciones protegidas por esta norma si van dirigidas a poner cese al inicuo régimen que hoy asola a nuestro país.

 Los propósitos de la gesta democrática con base en estas disposiciones constitucionales fue derrotado en 2017 mediante una violencia inaudita y sangrienta. Luego vino un proceso de reacomodo social y político ante aquel bochorno histórico. Elecciones condicionadas, incremento de la pobreza, colapso de los servicios públicos, desabastecimiento de gas y gasolina. Entramos por la pendiente de una crisis atroz sin que ya la sociedad tuviese mecanismos defensivos para detenerla, Ahora estamos en el infierno con la gran mayoría de la población en pobreza extrema, con una pandemia frente a la cual no existe una política sanitaria eficiente y para colmo, es usada como instrumento de control social por parte del régimen para impedir la movilización ciudadana.

 Dentro de este escenario hablar de los derechos constitucionales que asisten a la Sociedad Civil es oportuno, alentador y muy necesario, siempre y cuando entendamos que esta sociedad civil está en niveles dramáticos de postración y que desfallecida material y moralmente, debemos motivarla con criterio de que se encuentra en cautiverio, presa del hambre, la enfermedad y la violencia y que por ello pedirle que salga a luchar como soldadesca embravecida es una impropuesta rayana en la crueldad.

Toca entonces organizarnos, nuclearnos en torno a opciones pacíficas. Una de ellas es con tareas ciudadanas orientadas a rescatar la dignidad del voto, como instrumento sagrado de la Democracia. Para ello tenemos la capacidad, la disciplina y el conocimiento necesario. Ya asomamos en artículo de semanas anteriores el ejercicio que podemos hacer del voto democrático, sin la vigilancia írrita del ilegítimo Consejo Nacional Electoral por parte de Universidades y gremios profesionales, todo con vista al mandato constitucional de las disposiciones antes aludidas. Es necesario ejercitar el músculo democrático con vista a fortalecer la voluntad de la multitud que ansía salir de este desgobierno que ha destruido moral, institucional y económicamente a Venezuela. Dios con nosotros, ¿no?

Jorge Rosell y Jorge Euclides Ramírez

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