#OPINIÓN Gaveta azul: Caracas, jardín de América #1Mar

Pedro J. Lozada | Ilustración: Victoria Peña |

Unas cuantas cruzadas, de muchas necesarias deben ser emprendidas y movilizar al país rumbo a resultados prácticos y concretos. La ciudadanía debe apartar el conflicto político, enfocarse en realizar algo que rompa el círculo vicioso crisis-megainflación, megainflación-promesas, promesas humo-desesperanza. No estoy abogando por la ceguera y la mudez frente a los conflictos, abogo por comenzar a construir, apartar a patada limpia la impotencia que paraliza y colocarnos junto a los que intentan seguir adelante.

Pero, cómo hacer algo, por dónde comenzar?.

Domingo Faustino Sarmiento, el escritor y político argentino que llegó a conducir los destinos de su nación, luchador a brazo partido contra la ignorancia y la barbarie que casi siempre engendra, en un momento de enfrentar las dudas y la parálisis de no saber cómo o por dónde iniciar una tarea, dijo lo siguiente:

—“Las cosas hay que hacerlas, mal pero hacerlas”…

No se crea que Sarmiento estaba pidiendo trabajar de cualquier manera, pedía y solicitaba vencer la duda e indecisión de la inexperiencia, de la desconfianza en las propias capacidades y el potencial de cada hombre. En fin hacer las cosas, trabajar e ir adelante…Puede salir mal, es posible, pero no importa, se puede corregir y la próxima vez lo harás mejor.

Las cosas hay que hacerlas…van a salir bien. Es el acicate que me lleva a reiterar un exhorto acerca del que hablé con anterioridad, una invitación que nos hace la ciudad desde cualquier ángulo o perspectiva de observación que se nos presente.

Caracas nuestra deteriorada capital, aún nos alegra el corazón con la majestuosidad de sus árboles y el diverso colorido visible en jardines y arboledas, negándose con toda la fuerza exuberante de su fértil suelo a que la desidia borre su belleza natural magistralmente enmarcada por el trozo de cordillera montañosa que elevándose en el Naiguatá hasta 2785 mts/snm., asombra a propios y extraños por la mágica potencia que emana envolvente de sus entrañas y la majestuosidad de sus proporciones.

Incontable el número de veces que contemplando desde la panorámica ventana de mi apartamento el soberbio marco norte que imponente resguarda a la ciudad, la veo convertida en inmenso Jardín Botánico sin igual en el mundo. Caracas reúne las condiciones para llenar un rol que sería la envidia de cualquier otro atractivo turístico. Es difícil que las autoridades de la ciudad no se hayan percatado de semejante potencial, que constante se mantiene latente y hasta más allá de lo posible, dado el empeño de la naturaleza en mostrar su esplendor creativo en tamaño gigante, enmarcado con el poderoso abrazo de la cadena montañosa de la costa, elevándose majestuosa frente al Caribe. Un panorama óptimo para colocarnos en órbita del ranking turístico internacional.

En una de las ocasiones en que hice públicas estas inquietudes en torno a las posibilidades turísticas de Caracas desde la perspectiva ecológica, dije que la industria del turismo es la que menos y más baratos insumos y materia prima requiere para dar su producto final: Un cliente feliz y agradecido. Le basta con el sol, el paisaje, playas de fina arena y un ecosistema cercano. Los complementos harán la diferencia para la oferta y el mercadeo publicitario de venta. Nosotros con los elementos naturales necesarios de primer orden y calidad no podemos competir en el Caribe con México y República Dominicana, más un buen lote de islas con vistosos encantos, que además de los insumos básicos ya nombrados tienen las estructuras complementarias adecuadas y un personal motivado, entrenado y preparado para vender el primer rubro solicitado por el cliente después del sol: Atención esmerada y servicios de calidad prestados con gentileza, respeto y la mínima invasión de privacidad.

Es cierto que el turismo es se una actividad cada vez más competida y como industria de alta rentabilidad, no solo económica, se preocupa asiduamente en enriquecer sus propuestas tanto en variedad y calidad, elevando el atractivo y puesta en escena de sus atractivos estelares. La oferta turística actual ofrece una amplia riqueza de contenidos y su gama de opciones posibles incluye espectáculos, rarezas, monumentos, lugares de interés, artesanías, folklore y costumbrismo, competencias deportivas y en los últimos tres decenios se ha incorporado con gran fuerza la carta gastronomía. Variedad y riqueza que hace necesario un cuidado extremo en la organización de los servicios ofrecidos, la mayoría pre-pagados, por lo que el compromiso y la responsabilidad del prestatario oferente requiere cronogramas donde las sincronías estén afinadas de forma perfecta a fin de lograr una función de servicios con niveles óptimos de puntualidad, eficacia y prolijidad en los detalles.

El turismo verde, ecológico o paisajístico –le cuadran cualquiera de los nombres—es menos exigente de ciertas sincronías, más elástico en las formas dado su carácter básico, contemplativo, de emociones contenidas en armonía con el cuadro o detalle del paisaje mostrado y una atmósfera general de armonía y tranquilidad. En todo caso, sea cual sea el servicio y carácter de la oferta en juego, siempre es necesaria información confiable, de utilidad práctica, descriptiva cuando lo exija el momento o situación y con datos fieles, confirmados.

El comentario de generalidades acerca de las formas y ofertas turísticas se justifica en la idea de dar a conocer las posibilidades de una propuesta como la que se asoma en estas líneas de terminar de convertir a Caracas en el Jardín Botánico más extenso e importante del mundo. Es imposible que fracase y no tenga éxito, sencillamente porque más de la mitad está lograda y sólo se necesitan “ojos para ver”. En la ciudad hay por lo menos cuatro grandes parques con tal vocación más el jardín botánico de la Universidad Central. Enumero sin detalles y obviando los nombres oficiales, a saber: Los parques del Este y del Oeste, Los Caobos y el benjamín en extensión de la hacienda La Trinidad, más el Jardín de la UCV. y bellos espacios públicos como la jardinería de Los Próceres y sus arboledas colindantes, plazas de bien cuidados espacios donde lucen cayenas y capachos, más las extensas arboledas de islas centrales de avenidas de la ciudad y bosquecillos en los laterales de autopistas y urbanizaciones con paseos comunales arbolados. Sume el lector esa masa vegetal y agregue lo que conoce y se me quedó en el tintero.

Falta muy poco para que la supuesta utopía plasmada en estos párrafos sea una fascinante realidad. Lo que se necesita dependería del orden administrativo y un plan organizado. Lo primero, oficializar un proyecto (plan de trabajo), sistematizar los procesos de atención y mantenimiento de lo existente, coordinar esfuerzos y sumar empresas y entidades al proyecto, recordando la atención mediática por cuanto gira teniendo a la ecología como epicentro. Ladrillos básicos para forjar la estructura inicial serán la motivación y participación, categorías de acción que asumirían las autoridades regionales y municipales, comunidades organizadas y entes que fomentan actividades culturales y turísticas, como el Consejo Superior de Turismo y otros grupos ecologistas.

En lo esencial una condición potencial sin concretar deriva a ilusión y el tiempo la esfuma, solo que en este caso la posibilidad de convertir la ciudad capital en un Jardín Botánico gigantesco va unos pasos más allá de lo potencial, la naturaleza lo tiene técnica y vegetalmente tan avanzado que sería doloroso desperdiciar el valioso grupo de condiciones presentes para convertir nuestra ciudad en orgullosa poseedora del más grande y valioso Jardín Botánico del mundo. Comenzar no será difícil aunque se encontrarán obstáculos. Habrá que recordar a quienes se interesen por la idea y su proyecto, la odisea del Maestro (“M” mayúscula, por favor) José Antonio Abreú. Al iniciar la construcción de su utopía musical no llegaban al medio centenar las personas involucradas, incluidas en la media centena los que solo le escucharon y alentado con las mejores intenciones y más nada.

—Imagínese doctor, si yo pudiera, es una gran idea, un proyecto magnífico, etc, etc. En fin, lo de siempre, jarabes linguales.

Y siguió adelante. La idea y el proyecto de educación musical con su legítima consecuencia “El Sistema de Orquestas” concebido, creado, fundado, organizado y dirigido por ese hombre de talla moral y creativa gigantesca, ha cumplido 46 años. Hoy es referencia mundial, los catorce pequeños que asistieron a la primera clase se han multiplicado por miles y miles en todo el planeta. De nuestro país se habla en cualquier lugar solo de tres cosas: La caótica c inexplicable brollo crisis, la casi eterna megainflación y el Sistema de Orquestas…que sigue dando frutos.

Hay que comenzar pensando en grande pero sin pretender ser mañana la referencia verde de Latinoamérica. Tener presente lo dicho por la antigua sabiduría: “El camino de mil leguas comienza con un paso”. ¿Quién lo dará?, Los Consejos Municipales son buen candidato, promoviendo un concurso por el árbol más hermoso, el mejor cuidado del barrio o de la urbanización. Estos competirían por el primero del Municipio. Sería un buen comienzo, pueden organizarse otras maneras siempre con miras a extenderlo a toda la ciudad. Después se avanzaría a otros niveles.

Quién intentará ese primer paso iniciando el camino de mil leguas que convertirá a Caracas en el Jardín Botánico del Mundo? Será Ud., como presidente del ente público que dirige; o tal vez Ud., primer accionista y gerente general de tan exitosa empresa agroindustrial…No se preocupe señor banquero, en estas lides ser primero no es lo más importante sino el grado de colaboración e impulso dado al proyecto, incorpórese…

Pedro J. Lozada

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