#OPINIÓN Se busca un Emprendedor: Hemos perdido la capacidad de escucharnos #20Abr

Italo Olivo | Ilustración: Victoria Peña |

“Sigue siendo necesario elegir el lugar y la ocasión, no solo para la transmisión de determinadas noticias, sino para que se de una verdadera conversación. No siempre esta es intimidad y secreto, pero en todo caso se sustenta en un efectivo darse.“
Ángel Gabilondo

El déficit de escuchar se está volviendo endémico en la comunicación pública y ahora es devastador en las relaciones cercanas de la vida diaria.

Si profundizamos un poco más, podremos observar que no solo es una cuestión de querer, pero también y sobretodo de energía, es decir la facultad de hacer, según la propia voluntad.

Podemos tener la impresión que el no querer escuchar depende de nuestro desinterés con relación hacia el otro o hacia otro, aquel que está cerca de nosotros, del que conocemos ya las palabras y basta un inicio de la frase y la tonalidad de la voz, de una conversación coloquial para darnos la certeza de que ya entendimos el resto y por tanto nos ahorramos tiempo y palabras.

Lo que también es cierto para las comunicaciones de los medios, a menudo solo necesitamos el comienzo de un parecer o una explicación del experto de turno para cerrar el audio interno. Pero no es tan simple. En nuestra sordera actual intervienen automatismos internos y externos que nos impiden engañarnos a nosotros mismos de que somos realmente libres de activar o desactivar este audio interno a voluntad, pero existen sobre todo perturbaciones ambientales, desde el tiempo disponible, hasta las prisas por ir más allá de lo que dicen los demás, para poder expresar nuestra opinión de inmediato.

En la socialidad cada vez más cercana en la que vivimos, que es el valor que nos impulsa a buscar y cultivar las relaciones con las personas compaginando los mutuos intereses e ideas para encaminarnos hacia un bien común, independientemente de las circunstancias personales que a cada uno rodean, el tiempo para escuchar, cuando se da, se reduce al mínimo, un mínimo a su vez bloqueado por un malentendido perjudicial. En este sentido, cada uno lo podrá verificar en su experiencia personal.

Precisamente aquí está la cuestión, tendemos a no escuchar, no porque decidamos que es una cosa inútil y ociosa, sino porque ya no sabemos escuchar, como si hubiera intervenido un bloqueo, una incapacidad, un poder que lo anula. Si es así, deberíamos pensar que hemos perdido la capacidad de escuchar, incluso si quisiéramos reactivarlo, para que no fuera suficiente con presionar un botón, ya que el mecanismo en su conjunto está roto.

Definitivamente, una ayuda psicológica puede incluso servir , pero con el riesgo de que se convierta en un placebo social.

Italo Olivo

www.iolivo.com

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