#OPINIÓN Democracia andina #24Abr

Ramón Guillermo Aveledo | Ilustración: Victoria Peña |

La democracia no es irreversible. Preservarla y desarrollarla amerita cuidados. Siempre. Las elecciones en las patrias hermanas de Ecuador y Perú nos lo muestran con elocuencia, cada una a su modo.

Contra la mayoría de los pronósticos, en Ecuador se impuso el empresario y político guayaquileño Guillermo Lasso, un triunfo a valorar porque supo abrirse a sectores más amplios y diversos del electorado y superar el difícil reto de haber pasado a segunda ronda por diferencia mínima sobre otro aspirante, el indigenista Yaku Pérez cuyo reclamo de fraude fue desestimado por los órganos electorales y judiciales.

Es de hacer notar que la polarizante figura del ex Presidente Correa, valedor del derrotado Arauz, no le permitió a éste completar la victoria cuando en primera vuelta había alcanzado 32%, superando ampliamente a Lasso. A diferencia de sus compañeros venezolanos del socialismo rentista, Correa supo aprovechar la bonanza petrolera en una economía con crecimiento y baja inflación, pero no evitar la desconfianza generada por su autoritarismo y arrogancia, característicos de lo que Osvaldo Hurtado, ex Presidente y científico social llama “Dictaduras del Siglo XXI”. Por eso fue una barrera infranqueable para que su candidato llegara a todos. No confiaron los ecuatorianos en que el autoritarismo funcionaría sin plata y prefirieron, sensatamente, no correr el riesgo. Es posible que en algunos, haya pesado la lectura del revanchismo evista en la también andina Bolivia.

Tiene Lasso, hombre maduro y asentado, desafíos de importancia en la correlación de la nueva Asamblea donde su coalición CREO-PSC reúne 31 diputados de 137, mientras la correista UNES tiene 48. Deberá acercar a la socialdemócrata ID y varias bancadas más pequeñas, así como procurar neutralizar al MUPP. No es un cuadro fácil y se pondrá a prueba su capacidad política y la responsabilidad de los opositores, por el bien de los ecuatorianos.

Mucho más fragmentado es el Congreso peruano recién elegido, el cual ha quedado en términos aún más dispersos que la legislatura precedente, piso inestable para el Presidente a elegirse en segunda ronda, entre el cajamarquino Castillo, sindicalista magisterial reputado como izquierdista y la tenaz Keiko Fujimori, hija del exdictador. Castillo alcanzó 19.1%, Keiko 13.33, seguidos por otros dieciséis aspirantes. Punto de partida débil, poco auspicioso para una nación importante en el concierto sudamericano.

Es profunda la crisis del sistema de partidos de Perú, país que ha crecido en su economía y ha logrado preservar su democracia a pesar de los pesares después de una accidentada historia. El desafecto por partidos y liderazgos, desgaste de la política, desprestigio institucional, sonados casos de corrupción han derivado en generalizadas sospechas. Divisas históricas mermadas y opciones nuevas que no ganan.

La democracia y el progreso económico avanzaron en América Latina, no así la equidad social y la fortaleza institucional. Este retraso hace vulnerables y reversibles los logros en la política y la economía, con riesgos para las libertades, el trabajo y la posibilidad de generar riqueza. La democracia andina tiene sus cumbres y sus barrancos.

Ramón Guillermo Aveledo

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