lunes, diciembre 6, 2021
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#OPINIÓN Gaveta azul: Cállate boca (ahora leer, releer y pensar) #18Oct

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El cansancio se apodera del que insiste pertinaz en una tarea, y cual Sísifo empujando la roca, jamás alcanza la cima. La pesada piedra se devuelve y debe recomenzar. Aquí vemos y oímos a centenares de émulos tras las rocas de una cordillera infinita de carencias, dificultades, vicios, incapacidad, dolos, represión y un desenfrenado “medalaganismo”. Los modernos Sísifos denuncian día tras día el caótico infiernillo en que nos hemos convertido, fotocopiado por cada centro poblado de la nación en todos los puntos cardinales de la disminuida geografía que ocupamos al Norte de Suramérica.

Y de cada punto de esa geografía, el grito de protesta ahogado por la impotencia sueña con tomar forma de alarido destructor que nos libere de los siniestros padeceres generados por 22 años de locura, cimentados en la estúpida ilusión de confundir dinero con riquezas, agregado al plus mogollónico de asumir como realidad la otra mentira, quizás más dañina que la primera; dar por cierto e irrevocable que la suma de supuestos potenciales en recursos materiales de todo género son una realidad palpable, cuantificable en euros y dólares.

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Vale repetirlo. Una posibilidad jamás pasará a realidad porqué a diario se pregone su existencia. Se necesitan unos cuantos estudios iniciales. Lo primero es cuantificar el tamaño, volumen, cantidad, o dimensión de ese potencial. Estimar su productividad, lo que permitirá prever costos de inversión, tiempo de recuperación del capital, márgenes de rentabilidad, etc. Y en paralelo planificación y prospección del tipo de explotación a realizar, impacto socio-económico por generar, grado de compatibilidad ambiental, estructuras administrativas de operación, inserción institucional, obras y equipamiento, financiamiento y toda una serie de consideraciones adicionales que surgen de cada conjunto básico o ancla, del proyecto preliminar. El resultado final del estudio mostrará el nivel de realización posible del proyecto.

Es un trabajo necesario que no puede dejarse de lado, aunque en los reinos de la improvisación se sustituye por órdenes del mandón de turno interrumpiendo una reunión de gabinete…

— Epa, fíjate lo que se me ocurrió. Un puente aéreo-espacial Caracas-la Luna, con nuestros hermanos chinos. Ellos ponen los cohetes y nosotros el paquete turístico… Eso si, nacionalista. Bienvenida en la base de lanzamiento, del usuario o usuaria, con una bandeja que lleva una jarra de guarapo de papelón, dos empanadas de cazón y una catalina con un pedazo de queso guayanés…

—Qué te parece. Tremendo impacto turístico.

—Y la base de lanzamiento?

—Guá, facilito, la construimos ahí mismo, en el cerro’el Cristo…Hey, ya está. Mira me tienes que dar mañana mismo dos mil millones para la base de lanzamiento, anota no se te olvide: dos mil millones, okey, y tú te encargas del proyecto. Esta tarde lo anunciamos en cadena nacional, okey sigamos, la revOOluSSSión no se detiene..

—-Cónchale Jefe, eso es un tronco de idea. Cómo se le ocurrió…nojó, usted es un genio y lo demás es mamadera e’gallo…

Yo te aviso chirulí. Tremendo impacto al tesoro nacional. Salen los dos mil millones, montan oficinas, Tres por la medida pequeña. Una en Caracas, otra en el nuevo Estado La Guayra donde estará la base de lanzamiento, “Más grande y superior en tecnología a la del imperio en Cabo Cañaveral”—y la tercera, enlace del proyecto en Pekín, con carácter diplomático a sus funcionarios y un nombre lo más rimbombante y largo que se les ocurra. Ahí se esfumaron 500 milloncejos y viene otro guamazo de 500 más para gastos de papelería, material de escritorio, equipamiento y las indispensables camionetas con sus logotipos anunciando el proyecto que nos coloca en el rango de potencia espacial.

Humo y muela, mucha muela y fusss el tenue grisáceo disipando millones. Una parte a la atmósfera de las dificultades estratégicas por el veto del imperio, acatado con una cierta mascarada de presiones militares cubriendo a medias los intereses comerciales del dragón amarillo en el mayor mercado de consumo de Occidente.

Y la tajada más grande, como es de costumbre en los diversos negociados de instalación y equipamiento envueltos en el sagrado campo de las sobre-facturaciones incomprobables—por lo menos a simple vista— amén de los respectivos porcentajes y comisiones. Por último, que no es igual a fin del cuento, la misteriosa desaparición de los equipos, enseres y demás hierbas de acopio de tres oficinas operantes de un proyecto fantasma. Las comisiones encargadas de investigar el asunto ”hasta sus últimas consecuencias” no encontraron ni una piche engrapadora.

—Pará, pará, pará…(argentinismos válidos)

Usted, señor gavetero, es un mentiroso. Pregona un “Ciérrate boca” y nos larga semejante parrafada, que por otra parte es un invento suyo. En nuestra revOOOlussssión
a nadie se le ocurrió semejante disparate…

—Pará, pará, pará…ahora me toca a mí. Tienes razón en una pícola partecita. Ese disparate no ocurrió, pero han habido tantos que recordando mis manes de periodista, allá por el primer calderato, se me ocurrió hacer algo de ficción para ilustrar los miles de informes, denuncias, notas y reportajes por todos los medios posibles, sin excluir colores (hasta de su misma línea política) y aunque el Príncipe siciliano dijo, mejor que todo cambie para que siga igual.

Aquí todo cambió para continuar peor. Incluso se han dado el gusto de intentar reescribir la historia a placer de los jerarcas, empeño estúpido e inútil, tanto como la tontería de hacer negro a Bolívar, cometiendo el error de no participarlo a los sudafricanos que deben hacer rubio a Mandela y aumentar su estatura histórica. Hay que ver lo que significa que un rubio sudafricano defendiese los derechos de la población nativa, cuyo hermoso color es fruto de la protección natural del cuerpo a la radiación de los rayos UV debido al terrible atraso en la aparición del protector solar N° 50 y 75.

Hasta aquí, no repito más lo que todos los venezolanos, sin excluir a los actuales “dueños” de la verdad, conocemos de memoria y sufrimiento. Tampoco denuncio más. Al repetir me hago cansón y los lectores probablemente también se colman. De vez en cuando saludaré a la bandera, en particular después de releer y pensar. Desde luego recordaré a Murphy, por curiosidad. Me agradaría saber hasta dónde llegará el límite temporal necesario para que TODO LO MALO, EMPEORE.

Pedro J. Lozada

[email protected]

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