Apagones persisten por falta de funcionamiento de termoeléctricas #9May

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Desde marzo de 2022, en los estados de occidente del país se han registrado cortes eléctricos de hasta nueve horas diarias. Zulia, Táchira, Mérida, Trujillo, Barinas, Portuguesa, Apure y Lara han sido los estados más afectados durante estos meses.

A finales de marzo de este año, el ministro de Energía Eléctrica de Venezuela, Néstor Reverol, anunció un nuevo plan de racionamiento eléctrico para los estados mencionados anteriormente.

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El Plan de Administración de Carga comprende suspensiones del servicio durante dos tandas al día, con cortes que pueden durar hasta tres y cuatro horas.

Los cortes eléctricos y fallas eléctricas en Venezuela no son materia nueva para sus ciudadanos. Los ingenieros civiles José María de Viana, expresidente de Hidrocapital, y Julio César Gutiérrez, vicepresidente del Centro de Ingenieros y Arquitectos del Estado Lara, explicaron que desde 2015 se ha reducido considerablemente el funcionamiento de las plantas termoeléctricas del país.

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Según De Viana, el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) es un sistema mixto por tener un gran potencial hidroeléctrico y un complemento termoeléctrico importante que tenía en todas las regiones alguna capacidad.

El Sistema Eléctrico Nacional depende de ambas plantas para funcionar de manera estable. De acuerdo con Gutiérrez, los demandantes del servicio eléctrico sobrepasan la oferta que tiene la corporación eléctrica nacional.

Gutierrez explicó que Venezuela tiene capacidad instalada para producir 30.980 megavatios. De ellos, 16.080 megavatios ó 51,9% son generados por las termoeléctricas, y 14.900 megavatios (48,1%), por las hidroeléctricas.

“Actualmente, las termoeléctricas venezolanas producen solo 8-10% de su capacidad total. Mientras que las hidroeléctricas están trabajando a 50-55% de su capacidad total”, aseguró Gutierrez.

Unas funcionan con agua, otras con combustible y gas

Ninguna de las dos formas de generación de energía eléctrica, termoeléctrica e hidroeléctrica, puede trabajar por sí solas en el Sistema Eléctrico Nacional. Para satisfacer la necesidad de la población deben trabajar ambas.

“Al fallar alguna de las dos formas, ocurre lo que se llama inestabilidad en el sistema eléctrico. Desde 2015, existe este fenómeno en el SEN”, indicó Julio César Gutierrez.

La generación de energía eléctrica a través de las hidroeléctricas se produce al agarrar la fuerza del agua de los ríos caudalosos, como el Caroní y el Caruao, ambos están en el sur del país, en el estado Bolívar.

“Esa fuerza pasa por las turbinas y después el agua vuelve al cauce del río aguas abajo. De la turbina va a un generador y en el generador se produce energía eléctrica” explicó Gutierrez.

El sistema hidroeléctrico que está en el estado Bolívar es el tercer desarrollo hidroeléctrico más importante del mundo”, indicó De Viana.

Las termoeléctricas funcionan de una forma distinta. En este caso, la generación de energía eléctrica se produce por altas temperaturas y dependen de fueloil o gas para funcionar.

Según Gutiérrez, en estas plantas, cuando se crea vapor, ocurre la generación de energía por calentamiento y producción de vapor. Unas turbinas son las encargadas de realizar este fenómeno.

Las plantas del fueloil o de gas son como un motor de carro o una planta eléctrica a la que se le pone combustible, y a través del movimiento de una turbina, se genera electricidad. En este caso, se produce CO2, por ende, este proceso es más contaminante que el de las hidroeléctricas.

De acuerdo con De Viana, las termoeléctricas tienen presencia en las regiones, mientras que las hidroeléctricas están ubicadas, en su mayoría, en el sur del país y en el litoral.

Los estados más alejados de la producción del Río Caroní tienen sus plantas térmicas que compensaban la demanda.

Ambas están conectadas a través de 20.000 km de líneas de transmisión, aproximadamente, cuatro líneas de diferentes tipos de capacidad.

Una de 765 kilovoltios que sale del Embalse de Guri, otra de 400 kilovoltios que sale de la Represa de Las Mataguas, conocida como Matagua I y II, de la Represa de Caruachi y de la Central Hidroeléctrica “Manuel Piar”, en Tocoma. Las otras líneas son de 230 kilovoltios y la menor de 115 kilovoltios.

“Van por todo el país desde el sur distribuyendo por el centro, los llanos occidentales, llanos centrales, en subestaciones”, señaló Gutierrez.

Sin mantenimiento y combustible para funcionar

Al fallar las plantas térmicas que compensaban la demanda, los estados alejados del sur del país han sido los primeros en afrontar las consecuencias.

De Viana señaló que la mayoría de plantas termoeléctricas están fuera de servicio. Alrededor de 70% de ellas tienen fallas, no tienen suministro de combustible para operar, no cuentan con el suministro de gas adecuado, o simplemente, dejaron de funcionar.

De acuerdo con ambos expertos, las plantas termoeléctricas han sido muy afectadas por la escasez de productos derivados del petróleo, como gasolina, fueloil y gas.

Los especialistas reiteraron que sin estos productos, las termoeléctricas no pueden funcionar.

Además de ello, los expertos explicaron que tampoco se ha realizado el mantenimiento necesario a sus maquinarias para prevenir que dejen de funcionar.

Según Gutiérrez, las plantas termoeléctricas tienen capacidad instalada para generar 16.080 megavatios, 51,9% de la energía eléctrica que consume el país.

«Actualmente, las termoeléctricas solo llegan a producir entre 1.500 – 2.000 megavatios. Solo están operando a 8% – 10% de su capacidad total», indicó.

«Toda la generación de energía eléctrica del país está siendo completada a través de las hidroeléctricas, que están funcionando solo a 50%-55% de su capacidad total», enfatizó Gutierrez.

El colapso existe por falta de mantenimiento

De acuerdo con De Viana, para que todo elemento funcione hay que mantenerlo y repararlo. El sistema eléctrico venezolano ha sufrido un deterioro progresivo de casi todas sus partes: de las máquinas de producción eléctrica, del sistema de transmisión y de las redes locales.

«El sistema es intermitente. Una gran parte de las ciudades de occidente tienen entre cuatro y seis horas de interrupciones eléctricas todos los días. Eso genera el infierno del que la gente habla», señaló De Viana.

El expresidente de Hidrocapital explicó que cuando las cosas no funcionan, se dañan cada vez más. «Siempre hay que reparar y realizar mantenimiento. Al no hacerse, las fallas serán peores, especialmente en Los Andes y en el Zulia», reiteró De Viana.

Según Gutiérrez, el mantenimiento del Sistema Nacional Eléctrico dejó de hacerse periódicamente cuando se nacionalizó el 8 de enero de 2007.

«Al nivel que no se debería llegar es al mantenimiento de tipo correctivo, que es justamente el que hace el Estado ahora», dijo Gutierrez.

Estados de occidente son los más afectados por fallas de termoeléctricas

“Ojalá no fallen porque esas son las que nos mantienen”, dijo Gutiérrez al referirse a la sala 1 y la sala 2 del Embalse de Guri. Cada sala contiene 20 turbinas, actualmente, solo hay ocho operativas.

Gutiérrez explicó que Zulia ha sido uno de los estados que más ha pagado las consecuencias de las fallas de las termoeléctricas porque es el que recibe la cola del Sistema Eléctrico Nacional en cuanto a la generación hidroeléctrica. Esto se debe a la distancia entre este estado y Bolívar.

“Zulia es un estado petrolero, su generación de energía eléctrica provenía de gas y fueloil, por eso es que ahí había plantas termoeléctricas y no hidroeléctricas”, señaló Gutierrez.

De acuerdo con el ingeniero civil, Zulia tenía una demanda de entre 2000-2100 megavatios y tenían capacidad para producir más de 2500 megavatios.

“Cuando empezaron a fallar las termoeléctricas por la falta de mantenimiento, comenzó a intensificarse el problema eléctrico en Zulia”, explicó Gutiérrez.

A FINALES DE ABRIL

No terminaron los racionamientos eléctricos, por el contrario ahora son mas y hasta dos veces en un mismo día, el primero a las 11am a 3pm y ahora a las 11:30pm. Los chamos fueron al colegio con sueño. Es inhumano esto de los apagones.#Venezuela #Zulia

— Lenin Danieri D (@LDanieri) May 3, 2022

En Zulia está el Complejo Termoeléctrico Rafael Urdaneta, que podía generar 2200 megavatios, solo está generando 230 megavatios.

Una situación similar ocurre en varios estados del país, como Lara, Mérida, Táchira y Carabobo.

La demanda del estado Lara era de 725 megavatios. De ellos, 300 megavatios se producían en termoeléctricas del estado. El resto era brindado por la energía de las hidroeléctricas. La Planta Termoeléctrica Argimiro Gabaldón está fuera de servicio.

“Hasta 2015, Lara dependía 67% del sistema nacional, ahora depende 95%, porque las termoeléctricas salieron de producción por falta de mantenimiento”, dijo Gutiérrez.

En Carabobo, está Planta Centro, una termoeléctrica en la zona de El Palito. Gutiérrez señaló que esta tenía capacidad instalada de producir 2000 megavatios. Actualmente, está fuera de servicio.

En Mérida, está la Planta Termoeléctrica de El Vigía, con una capacidad para producir 800 megavatios. Actualmente, tampoco funciona.

En Táchira, está la Termoeléctrica de La Fría, que tiene capacidad de producir 150 megavatios. Actualmente, produce cero megavatios. Táchira ha sido el estado más afectado por apagones y fluctuaciones eléctricas entre enero y abril de 2022.

“Estas cifras son un estimado, ya que la información sobre el tema eléctrico está en una caja de Pandora”, dijo Gutierrez.

La minería ilegal afecta las hidroeléctricas

Gutiérrez explicó que sobre los embalses, donde funcionan las hidroeléctricas, impactan dos cosas: la temporada de sequía y la explotación del Arco Minero.

Durante los periodos de sequía, los niveles de agua de los ríos pueden bajar. En el Embalse de Guri se manejan los niveles de la siguiente forma: amarillo, naranja y rojo. Gutiérrez explicó que si se llega al nivel rojo se pueden dañar las turbinas.

Más allá de la sequía, el experto afirmó que hay un problema con el Arco Minero.

En esta zona se está deforestando y talando indiscriminadamente. Cabe destacar que en este lugar están los afluentes principales del Embalse de Guri, el Río Caroní y el Río Caruao, los cuales están siendo afectados por esta actividad.

«No veremos el impacto ahorita, pero puede que nuestros nietos vean la sequía del Guri si eso continúa. Este impacto es consecuencia directa de la explotación del Arco Minero», ratificó.

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