#OPINIÓN Nuestros Pastores #21Ene

Se refieren los pastores al deber que tenemos todos de trabajar por la reconstrucción material, moral, espiritual, económica, política y cultural de la Nación.

Como es habitual, nuestros pastores, los obispos de la Iglesia Católica, se reunieron comenzando el año en la Asamblea Plenaria Ordinaria del Episcopado venezolano. Esa Asamblea produjo una exhortación pastoral que merece ser comentada.

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La declaración comienza con una cita tomada de los Hechos de los Apóstoles: -En nombre de Jesús Nazareno, levántate y camina? y de un salto, se puso de pie y caminó-. (Hechos, 3, 6b. 8ª.)

Los obispos venezolanos se colocan en comunión y sintonía con el pueblo? y sienten el deber de compartir las alegrías y los sufrimientos de ese mismo pueblo, sus esperanzas y sus ilusiones. Promueven la paz interior y la convivencia familiar y al mismo tiempo la exigencia de construir una sociedad más humana, justa y solidaria, impregnada con los valores del Evangelio.

Se refieren los pastores al deber que tenemos todos de trabajar por la reconstrucción material, moral, espiritual, económica, política y cultural de la Nación.

Ella requiere la responsabilidad de cada uno, la convocatoria de las mejores voluntades y talentos, y que las instituciones democráticas recuperen su credibilidad y su capacidad de acción honesta y eficiente.

Los pastores se dirigen no solo a los católicos, sino también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a los que piensan como nosotros y a los que tienen otras visiones, porque Venezuela es nuestra casa común y los problemas que son comunes a todos, nos afectan y nos desafían por igual.

Los pastores, con la enorme autoridad moral que los asiste, ponen su atención en la crisis política, social y económica que nos afecta. Se refieren al contraste entre la burbuja de progreso que se observa en Caracas y en algunas otras ciudades del país, y la dolorosa situación que aflige a los trabajadores y a los pobres que son la mayoría de los venezolanos.

La brecha de desigualdad entre ricos y pobres se hace cada vez más escandalosa. Situación que no puede tolerarse ni desde el punto de vista moral, ni desde el punto de vista de la racionalidad económica, ni de la lógica democrática.

El tema de la inflación, de la destrucción de la moneda, del ahorro y del ingreso familiar y el tema de la migración de millones (siete millones de personas según las cifras de la Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados, ACNUR) también ocupa la atención de nuestros obispos.

En próximas entregas seguiremos comentando el documento.

Eduardo Fernández

@efernandezandezVE
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