#OPINIÓN Ante la foto de Chávez #14Abr

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Ponciana Carrasco tiene 43 años, sus padres son del Paso de Baragua pero ella nació y se educó en El Venado, estado Zulia. Se graduó de psicopedagoga con especialidad en niños con dificultad de aprendizaje, Con apenas 20 años fue cautivada por la oratoria de Hugo Chávez y el país bonito que ofrecía, era como llegar a una meta nacional bajo las cornetas jubilosas del ejército invisible de nuestros padres libertadores.

Ponciana mira la bolsa CLAP con mortadela que se transforma en chancleta dentro del sartén, con granos y arroz llenos de gorgojos y una harina de maíz que tuvo más que el mango verde. Es lo que hay mijita , le dice su mamá Gregoria y ambas miran hacia la pared del fondo de la sala donde aún está Hugo Chávez riendo como si disfrutara su dominio sombrío desde el mas allá, al lado de una alcayata sin mecate porque la hamaca se rompió y no hubo real para comprar otra.

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Como el chivo padrote que Chelao se trajo a pie desde El Paso hasta Raya con los ojos siempre mirando lejos, así los recuerdos  se mudaron a los días de la celebración y la plata que llegaba por misiones y créditos para robarse las tierras de vecinos ricos. Nadie en la familia de Ponciana  se aprovechó de estos saqueos simplemente por católicos con miedo al purgatorio y al infierno pero si recibían del reparto oficial lo necesario para vivir con holgura campesina.

Chávez se nos metió en el alma, era un profeta con espada montado en un vendaval de palabras como anestesia ante tanto dolor de no ser nadie. Agarró nuestros sentimientos  y los hizo carbón de su fuego en la comedia donde él era un dios  y el mundo un juguete con muñequitos de cera que vivían o morían según los colocara como aliados o enemigos de su cómica furia.

Su gran secreto, su  don, fue la palabra, ese oleaje incesante de su voz llenando de ilusiones los patios donde el alma puso los olvidos y los sueños rotos. No importaba si sabía de lo que hablaba, un carrizo importaba su ideología, era  su palabra sembrando amaneceres en medio de una larga noche de derrotas. Ponciana mira la foto y le increpa con gesto de fastidio que hasta cuando ríe a sabiendas que todas sus semillas crecieron como matas de espinas.

Se pregunta si los políticos que durante 20 años han querido quitarlo de la repisa donde los pobres le ponen velas saben que no se trata de explicar ideas o denunciar quejidos sino de recoger pañuelos para llorar juntos el duelo de una esperanza nacional que murió atravesada por todos los imposibles que forja la realidad.

No se trata de unirse aunque ello sea impostergable para ser otra vez pueblo, no se trata tampoco de tomar un papel y registrar allí las culpas y caminos que nos trajeron al infierno, se trata simplemente de perdonarnos porque soñar no es un delito y el pueblo tuvo un mal sueño donde los caballeros blancos se hicieron monstruos que solamente podemos vencer cuando todos nos miremos en el mismo espejo.

Jorge Euclides Ramírez

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