Ludwig van Beethoven, el revolucionario de la música académica con su bicentenaria novena sinfonía #21May

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Pese a la sordera que padece, la genialidad es el principal rasgo de la personalidad y existencia del músico alemán Ludwig van Beethoven. Esa desventaja física lo acompaña cuando compone la mejor música académica durante el período del clasicismo.

Es lo que determina su vida sufrida contraria al desarrollo natural de la existencia de los mortales. Ello lo torna un ser irascible y aislado hasta lindar en la forzada insociabilidad por su alejamiento del mundo cotidiano.

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Pero, curiosamente exhibe una manifiesta sensibilidad y preocupación social al expresar en sus creaciones el espíritu de su época, es el ascenso de la clase social de la burguesía al poder en Europa. 

Son las  renovadoras y esperanzadoras ideas de la libertad y democracia que lleva a Carlos Marx a percibir  el espíritu transformador  de dicha clase social que da al traste con el atrasado e inamovible feudalismo. Son los tiempos de las ideas libertarias de la emergente burguesía europea que influyen al compositor germano.

A su prolífera y excelente obra musical se suma en 1824 la Novena sinfonía en re menor que revoluciona el arte musical del clasicismo que prevalece en Europa entre 1750 y 1820. Su contexto histórico, social, político y económico es el de la Revolución Industrial que impulsa adelante la producción y el mercado económico a gran escala, la clave del desarrollo de los pueblos. 

Son los signos progresistas de la modernidad en el arte que trae la nueva revolución con: las máquinas, el barco de vapor, el ferrocarril, las fábricas, la reinvención de la mano de obra del proletariado y la riqueza de la burguesía. 

Se trata de una sinfonía coral por la incorporación de voces y letras .Una verdadera revolución estética cuando la música clásica languidecía.  Una combinación de instrumentos y lírica. El creador de una portentosa obra musical de características universales se pasea por la diversidad de los géneros de la música académica.

La Novena Sinfonía es una obra de características revolucionarias por sus novedosos aportes, imaginación y creatividad de su compositor. La misma la conforman cuatro movimientos para consumir 75 minutos. El cuarto es el de mayor relevancia por contener un mensaje de alegría y paz. Un sublime Ada por la felicidad de la humanidad que emana de los más nobles sentimientos  del alemán en la recta final de su existencia.

Pero, ¿Qué hace de la Novena sinfonía una revolución en la música culta de esos tiempos?  La obra presenta varios innovativos aportes fuera de serie, a saber: 

  • La incorporación de una coral con voces y letras más allá de la instrumentación orquestal. Se trata del poema “Oda a la alegría” del escritor Frierdrich Schiller.
  • El cuarto movimiento ha sido denominado una oda a la paz y alegría entre los hombres con un hermoso humanismo global.
  • Beethoven igualmente agrega una marcha turca con dos instrumentos marginales en las orquestas de esa época como lo son el bombo y platillo de origen turco. Es su manera de solidarizarse con los otomanos mal vistos y excluidos en la República  de Turquía a partir de 1929 tras la caída de su imperio. En la música también se manifiestan las diferencias sociales entre los hombres. Lo hecho por el compositor es similar a lo que ocurre con las maracas indígenas desdeñadas a un segundo plano por su origen. Pues, todo instrumento tiene historia, significado y valor, según el cristal con que se le vea.
  • Esta sinfonía presenta la singular virtud de transmitir al espectador las sensaciones  de una vital energía y dinamismo rítmico que a nuestro parecer se emparenta con el movimiento generado por la Revolución Industrial. 
  • Por esas causas la adoptaron organismos internacionales como la ONU, Unión Europeo y Comité de los Juegos olímpicos en sus actos ceremoniales y públicos.
  • Desde el enfoque moral Bhetoveen nos deja una alentadora lección sobre la lucha del hombre para superarse y alcanzar las metas en la vida. Ese volar muy alto pese a la falta de alas, aunque esté derrotado en el suelo pero con fuerzas  para levantarse y continuar viviendo. Es su aleccionador mensaje.

Es tal su relevancia estética, social y política que la  adoptan organismos internacionales como la ONU, Unión Europeo y Comité de los Juegos olímpicos en sus actos ceremoniales y públicos.

También la han usado en sus planes propagandísticos el fascismo y comunismo en ese empeño de aparentar democracia y justicia.

Incluso la torcida ideología del maoísmo en China, antes de la actual apertura al capitalismo, la etiqueta de manera despectiva con la ligereza y atraso de los izquierdistas al considerar a su autor un vocero de las ideas de la burguesía emergente de entonces. 

Con todo, es la máxima obra del periodo clásico de la música académica en la recta final de su extraordinaria existencia de 57 años. Todo en consonancia con la Revolución Industrial con sus destellos artísticos. 

El 7 de mayo de 1824 el teatro de Viena es abarrotado por 2 mil espectadores a quienes estremecen las notas de  la nueva obra del genial músico alemán. Lo esperaban desde hacía 2 años. En varias ocasiones casi deliran estallando en aplausos los cuales no escucha Beethoven por su sordera pero que lo catapulta a la gloria. De ese pertinente acontecimiento cultural se  han cumplido por estos días 200 años. El arte de un genial sordo que expresa el espíritu de su transformadora época que principia en el Renacimiento en contraposición a la atrasada Edad Media con su  filosofía de la metafísica y escolástica.

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