Notas Pastorales – Trigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario /B (15/11/2015)

Mons. Antonio José López Castillo, Arzobispo de Barquisimeto | Archivo |

“En aquellos días después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, lo astros se tambalearan. Entonces verán venir al Hijo del Hombre sobre las nubes, con gran poder y majestad” (Marcos 13,24-26).

Una de las funciones importantes de los que dirigen los pueblos, es aquella de que se haga justicia en su comunidad. Que se pronuncien sentencias, que puedan definir el derecho de cada uno.

Esta función judicial al principio del antiguo testamento, fue ejercida por Moisés a sus ancianos “Al día siguiente, Moisés se sentó y dicto sentencia, en los problemas de los Israelitas, los cuales estuvieron todo el día de pie delante de él” (Éxodo 18,13). A todos estos jueces, les dice Yavhé “No violenten el derecho, no hagan acepción de persona, no acepten regalos, porque los regalos cierran los ojos de los sabios y corrompen las sentencias de los justos. Sigan estrictamente la justicia, para que vivan y gocen de la tierra que Yavhé, tu Dios está para darles en posesión” (Deuteronomio 16,19-20).

Con todo y estas exigencias de Dios, en la practica bien sea porque no es fácil, por corrupción o por impericia, se dista mucho de respetar los derechos de cada uno, de observar con mayor aproximación la justicia.

Aquel pueblo, sentía esa deficiencia, y esta la refiere sólo a Dios para que le de su sentencia.

“Él juzgará a los míseros del pueblo, salvará a los hijos de los pobres y aplastará al opresor” (Salmo 72,4)

Por ello la fe en el juicio definitivo de Dios, será siempre la gran esperanza de un pueblo, es quizás la única justicia aguardada por aquellos seres humanos maltratados injustamente en la vida, porque Yavhé (sondea las entrañas y los corazones) (Jeremías 11,20), y por él conoce al justo y al culpable.

A Dios se recurre espiritualmente y confiadamente, como al juez superior, “Más tú oh Yahvé, sabes juzgar con justicia y escrutas los riñones y el corazón, haz que yo pueda ver tu venganza contra ellos, porque a ti he confiado mi causa “Jeremías 11,20); a Yavhé se le confía la causa, implorando su intervención para restablecer el derecho usurpado.

En los salmos encontramos gritos a Yavhé, por parte de justos y perseguidos “hazme justicia, o Yavhé, pues en mi integridad he caminado, he confiado en Yavhé, pues en mi integridad he confiado, en Yavhé sin vacilar “(Salmo 35,1).

La experiencia histórica, le enseña a aquel pueblo ejemplos concretos del juicio divino, al que están sometidos hombres y pueblo; en el Éxodo Dios juzgó a Egipto; Israel mismo es castigado en el desierto al ser infiel.

Así también debe entenderse el diluvio (Génesis 6, 13).

El juicio divino es una constante llamada a la conversión.

Los profetas postexílicos, evocan un juicio final que envolverá a todas las comunidades opuestas a Dios; es todo un anuncio de salvación.

Dios juzgará al mundo por el fuego “Isaías 66,16). Los pecadores empedernidos temblaran, los justos serán protegidos por Dios (Sabiduría 4, 15ss).

La injusticias humanas acabaran en una confrontación ultima, será el juicio final el día de Yavhé.

Por eso, ante las limitaciones de la justicia humana, pero sobre todo cuando muchos sufren por la corrupción de algunos o frente a la impunidad. Aún cuando se debe seguir luchando por una justicia autentica en esta vida; sin embargo al final, sí habrá un juicio contundente y definitivo, donde no habrá padrinos, ni dinero, ni poder político, ni cómplices.

Entonces “Verán al Hijo del Hombre entre nubes con gran poder y gloria” Para juzgar a los vivos y a los muertos.

¡A comer en familia!

El Papa Francisco dedicó la Audiencia General a la convivencia familiar y la relación que toda familia debe tener en el hogar, pero sobre todo en torno a la mesa doméstica. …“Saber compartir es una virtud preciosa”, afirmó. “Su símbolo, su ‘icono’ es la familia reunida alrededor de la mesa doméstica”.

“Una familia que no come casi nunca junta, o en cuya mesa no se habla pero se ve la televisión, o el smartphone, es una familia ‘poco familia’”… “hoy muchos contextos sociales ponen obstáculos a la convivencia familiar” y señaló que “debemos encontrar el modo de recuperarla, aunque sea adaptándola a los tiempos”.

“Podemos bien decir que la familia es ‘de casa’ a la Misa porque lleva a la Eucaristía la propia experiencia de convivencia y la abre a la gracia de una convivencia universal, del amor de Dios por el mundo”.

…“Que el Señor les ayude, queridos jóvenes, a ser promotores de misericordia y reconciliación; les sostenga a ustedes, queridos enfermos, a no perder la confianza, ni siquiera en los momentos de dura prueba; y les conceda a ustedes, querido esposos noveles, encontrar en el Evangelio la alegría de acoger cada vida humana, sobre todo la más débil e indefensa”.

– Marcos (13,24-32): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre con gran poder y majestad. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.» Palabra del Señor. Gloria a Tí, Señor Jesús.

 

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