La mujer venezolana hoy sufre, no celebra #08Mar

Richar Alexander Lameda | Fotos: Archivo |

Hoy la mujer venezolana no celebra el Día Internacional de la Mujer así la Organización de Naciones Unidas (ONU) haya declarado conmemorar este acontecimiento todos los ocho de marzo de cada año.

Es que cuando un gobierno y las estructuras del Estado maltratan la calidad de vida de las mujeres en este país, ellas no pueden sentirse parte de esta celebración.

Hoy la mujer en Venezuela no se siente identificada con este día, si el propio trajín de una cola de la que es víctima en un supermercado en busca de alimentos para su familia no se lo permite.

Tampoco puede estar alegre en el Día Internacional de la Mujer la señora de la tercera edad que protesta frente a una institución bancaria oficialista exigiendo el derecho al pago completo de su pensión.

Menos aún la mujer atravesando condiciones de salud crítica y otras que han muerto en este país petrolero por falta en los hospitales de máquinas para sus debidos tratamientos de diálisis, a las que se suman otras con riesgos de fallecer ante la escasez de tratamientos post trasplantes de riñón.

Las mujeres que padecen cáncer en este país, en lugar de manifestar satisfacción porque hoy se les toma en cuenta su género, agonizan porque no consiguen sus medicamentos oncólogos y los que pudieran encontrar están por encima de cualquier presupuesto con moneda de circulación nacional, debido a la hiperinflación venezolana que devaluó vertiginosamente el bolívar frente a cualquier otro cono monetario en el mundo.

La diáspora venezolana femenina por la situación socioeconómica del país es otro indicador que anula dicha celebración, tanto para las mujeres que partieron a otros países como para sus madres, abuelas, hermanas, tías, primas y amigas que se quedaron con el dolor y la nostalgia de esa ausencia por la crisis que obligó a salir a sus seres queridos en busca de una mejor vida.

Más que un orgullo para las venezolanas de que la ONU haya decidido el 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer, representa una frustración para ellas de no poder lucir elegantes y radiantes, en virtud de los altos costos de los productos de belleza femenina, los que estaba acostumbrados tener en variadas cantidades en sus organizadores, hoy vacíos.

Peor cuando recibe dádivas de un gobierno mediante la figura de bonos, y no obteniendo dinero digno en pago por su trabajo, en un país que ya no ofrece esas posibilidades con empresas cerrando sus puertas ahorcadas por la crisis.

¿Una ley de lujo?

Una mujer en cola y de paso maltratada por funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana es un atentado contra ella y desvirtúa el afán feminista emitido reiteradamente por el Gobierno en defensa de este género, el cual ha venido pregonándose desde Miraflores bajo el fundamento de la Ley Orgánica Sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

Justamente dicha ley alude lo anteriormente expuesto, en el capítulo III, sobre la Definición y Formas de Violencia Contra las Mujeres, en el numeral 4, del artículo 14, al determinar que la mujer es sometida a violencia física en toda acción u omisión que directa o indirectamente esté dirigida a ocasionarle un daño o sufrimiento físico, tales como: “Lesiones internas o externas, heridas, hematomas, quemaduras, empujones o cualquier otro maltrato que afecte su integridad física”.

Entonces, el Estado se mantiene de espaldas para aplicar esta novedosa ley, frente a los malos tratos que reciben las mujeres por parte de funcionarios de los guardias y policías, quienes en lugar de salvaguardar su género, en atención a la normativa vigente en comento, por el contrario las obligaran a estar paradas maratónicas horas al sol, sin derecho a quejarse así estén embarazadas o carguen niños en peso, no sin antes estamparles un número en los brazos o colocarles un sello, dándoles un trato de animales, cuando son las personas en la familia dedicadas por entero a la atención de las necesidades de los hijos y del hogar como cabeza visible.

Nunca en Venezuela ninguna mujer se sintió acorralada o víctima de algún vejamen, acoso o golpes por la autoridad, por el simple hecho de aspirar comprar harina, pan,, papel sanitario, azúcar, café, pasta, caraotas y sardinas productos de diaria necesidad para la dieta alimenticia que requiere en su hogar.

 

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