#EspecialDivinaPastora La Excelsa Patrona cuidó su corazón

Javier Vargas/KRD | Foto: Rafael Henriquez |

María Leonor Jiménez González tuvo una relación especial con la Divina Pastora. Por 28 años fue quien la vistió. Su devoción mariana se profundizó porque le tocó estar muy cerca de la Virgen por mucho tiempo. Cuenta que cuanto vivió los momentos de salud más duros de su vida, la Pastora también estuvo ahí, siempre cuidándola.

Recuerda que en 1990 se hizo unos exámenes para reintegrarse a la empresa para la cual trabajaba, luego de disfrutar sus vacaciones. Debía llevar los resultados a la empresa de seguros, pero escuchó una voz dentro de ella que le dijo que fuera a Ascardio para que un médico la chequera. “Sin duda fue la Divina Pastora la que me guió para que fuera a ese médico, porque de los contrario no me habría enterado de que estaba enferma”.

Cuenta que el médico vio algo anormal en los resultados y le mandó a realizar un eco. “Me sorprendió cuando me mandó a hacerme otro examen. Yo me sentía bien”.

El mismo médico le sugirió que se hiciera un electrocardiograma para estar seguro de lo que estaban revelando los exámenes. Con el electrocardiograma el médico determinó que tenía las venas obstruidas y corría el riesgo de sufrir un colapso en cualquier momento. La hospitalizaron en el área de Cardiología y le realizaron un cateterismo. “Me dijeron que tenía el puente coronario obstruido en 70% y debían someterme a una operación a corazón abierto lo antes posible porque no estaba bien”.

Estuvo ocho días hospitalizada, en Cardiología. Durante ese tiempo notó que tenía una enfermera parada día y noche a su lado. “Me preguntaba si mi estado de salud era tan crítico para tener una enfermera a mi lado todo el tiempo, no entendía nada”.

La mañana del 20 de marzo de 1990 la trasladaron a la Policlínica Barquisimeto, para realizarle la intervención. “Todos esos días había orado a Dios y a la Virgen, les pedí que saliera bien. Cuando me ingresaron al quirófano estaba tranquila, aunque mi estado de salud era crítico según los médico; yo me sentía fuerte, tranquila, sin miedo”.

La operación fue complicada. Le sacaron parte de tejido de las arterias de las piernas para reconstruirle el puente coronario.

Los primeros tres días luego de la operación estuvo inconsciente. Recuerda que escuchó la voz lejana del médico tratante, llamándola para que se despertara. Lo primero que vio fue el sombrero dorado de la Divina Pastora. Les agradeció porque estaba bien. “Dios y la Virgen siempre estuvieron conmigo en ese momento en que me debatía entre la vida y la muerte. En ese instante entendí que nunca hubo una enfermera para que me cuidara las 24 horas en la clínica; siempre tuve a mi lado una madre, la madre de Cristo”.

Después de aquella experiencia, no ha tenido problemas de salud. Ha consagrado más de la mitad de su existencia a la pastora. Cree que sin ella su vida no sería igual.

Devoción mariana

Por más de 28 años María Leonor Jiménez de González vistió a la Divina Pastora.

Por mucho tiempo escuchó de centenares de favores y peticiones concedidas por la Virgen.
En 1991 le tocó a ella tener su propia experiencia con la patrona. Cuenta que le acompañó durante el momento de mayor riesgo en su vida.

Vistió a la Divina Pastora para momentos especiales como la Misión Continental. Los 150 años de la procesión y durante el Año de la Fe.

Historia de una devoción

Monseñor Tulio Manuel Chirivella y Sevilla

“…Se celebraba una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. También fue invitado Jesús a la boda con sus discípulos. Sucedió que se terminó el vino. Entonces la madre de Jesús le dijo: no tienen vino. Jesús le respondió: ¿Qué quieres de mí? Aún no ha llegado mi hora. Pero su madre dijo: hagan lo que él les diga”. Juan 2, 1-5.

En la avenida Venezuela con avenida Vargas, se maravillaron los devotos de la Divina Pastora cuando se encontraron las dos imágenes: nuestra patrona y la sevillana. Una sola mujer, inmaculada desde el vientre de su madre, nacida sin pecado original pero venerada por dos pueblos: el venezolano y el de Sevilla, España. Este encuentro del año 2007 no fue causalidad: se debió a monseñor Tulio Manuel Chirivella. Chirivella en coordinación con la diócesis de Sevilla, hizo posible la entrega de esta réplica de la Pastora de las Almas, que todavía permanece en la iglesia Nuestra Señora de Coromoto, ubicada en la avenida Libertador.

Se trata de la veneración del pueblo humilde, quienes continúan escribiendo líneas en la historia de la manifestación mariana, la tercera más importante luego de Nuestra Señora de Guadalupe (México) y de Nuestra Señora de Fátima (Portugal).

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