Por la puerta del sol – NUNCA ES TARDE PARA LA CREATIVIDAD

“No quiero que mi paso por la vida sea inútil, por eso escribo” (Amanda)

Los años no llegan sin reveses. Unos más que otros van sintiendo los embates del tiempo sobre su vida y su mente. Ni tan tensa la cuerda ni tan floja; no hay obstáculo abrupto, ni dura circunstancia que logre cerrarnos totalmente el camino hacia el disfrute de la existencia. Por evitar el enmohecimiento de nuestros cien mil millones de neuronas, bien vale la pena librar cualquier batalla por difícil que sea. Una vida sin propósitos, sin sueños, sin voluntad, ni alegrías, no solo producirá profundas depresiones y el deterioro acelerado del cuerpo, sino también la pérdida de la memoria. La única manera de detener el deterioro normal es manteniendo alerta la voluntad, vivos los sueños, agilizada la emoción, activada la creatividad. 

Todo lo que hacemos es producto de los hábitos mentales. Podemos crear de múltiples maneras, bien sea ateniéndonos a una escuela o independientemente. El arte de la creación expone el alma interpretativa del que crea, su fuerza creadora, vocación y acierto. El ánimo y estado psicológico influyen grandemente en nuestras obras. No existe arte que trabaje solo. El estilo que imponemos en cuanto a su naturaleza y calidad deriva en mucho de las fuentes éticas en que nos hemos formado. Cada momento surgen ideas que vamos desarrollando, les damos vida, aquí un punto, allá una coma, expresarlo así, o mejor de esta manera, cambiar de puesto el párrafo, alargarlo, reducirlo, y así por el estilo. Durante el tiempo del escrito a veces por largas horas, otras en tiempo corto, terminamos borrándolo todo y escribiendo lo que no íbamos a escribir. A veces nos complica una coma, que quitamos y ponemos, que al final terminamos anulándola. Se gastan muchas horas tratando de crear algo que sirva a otros, lleve un mensaje y nos satisfaga.
Para escribir se requiere de mucha constancia, amor, lectura, investigación, dedicación perenne y mucha paciencia. Es el privilegio que se tiene de crear nuestro propio mundo, mantener viva la curiosidad, aprovechar el tiempo que no espera por nadie.
Hay un instante en el que los dioses se quedan dormidos, momento justo que han aprovechado escritores como García Márquez para escribir sus mejores obras. Cien años de soledad le ha otorgado destacado sitio en la literatura mundial y eternizado ha quedado su nombre en la historia. No en vano gastó años escribiendo su gran obra. Consuela saber que la constancia vence-como dice el refrán: lo que la dicha no alcanza.
El lenguaje por sí mismo es arte y todo arte es superación de la realidad. Todo tipo de cosas utilizamos en un escrito, el amor y el odio, lo claro y lo oscuro, la audacia de la serpiente, la ingenuidad de la paloma. El estilo es la trama más complicada del espíritu. Vida y espíritu juegan importante papel en lo que hacemos.
Escribir es elegir con absoluta libertad nuestro propio lenguaje de expresión. El arte de lo que hacemos es el reflejo de nuestra alma y de lo que ocurre fuera. La calidad de un escrito se mide por la calidad de la idea. La fuerza de lo que creamos deja de ser simple reflejo para convertirse en la expresión profunda de lo que observamos y de nuestras vivencias.
En un mundo de vulgaridades, de indolencias, de intolerancias, de violencias, de falta de apoyo al arte y la cultura del país, nuestra mayor ganancia a la vuelta de los años es haber podido crear un mundo de ideas propias, insobornables, haber seguido la luz de la estrella que nos ayudó a exponer nuestras propias inquietudes humanas, nuestras carencias, nuestras alegrías, amor, constancia y sueños. Tal vez no lleguemos a la fama, al menos lo habremos intentado. Escribir es otorgar un sentido a la vida, es encontrase a sí mismo, es tener la esperanza de que nuestros escritos y antologías no se pierdan en la memoria del tiempo.
Para quien escribe no hay voluntad que no obtenga respuesta, ni caminos que no se puedan recorrer, muros que no se puedan derribar, cumbres que no se puedan alcanzar, sueños que no se puedan realizar.
Seguiré por este camino con mis antorchas encendidas, exprimiendo el arte de mis malabares. Suerte será cuando la ocasión se encuentre con mi experiencia. No me queda más remedio como dice aquel proverbio chino que “Seguir arando con los únicos bueyes que tengo” Nunca es tarde para la creatividad.

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