Benedicto XVI en Cuba

 Después de una visita eminentemente pastoral a México, donde fue recibido por el Presidente Calderón y acompañado por centenares de miles de feligreses, y exhortar a buscar la paz a los mexicanos que se desangran en una guerra contra las mafias de traficantes de estupefacientes, el Pontífice de la Iglesia Católica se dirigió a Cuba, a una misión también pastoral pero con objetivos evidentemente políticos.

La visita de su Santidad el Papa Benedicto XVI a la Cuba de Raúl Castro, ha dado lugar a diferentes lecturas o interpretaciones, todas desde un punto de vista político, debido a las expectativas que se crearon acerca de la posible influencia que podría tener la palabra del máximo representante de la Iglesia Católica, en el rumbo que ha comenzado a darle el actual Jefe del Estado al régimen comunista impuesto a los cubanos desde hace más de 50 años por la voluntad omnímoda y el poder militar que logró acumular en sus manos el Comandante Fidel Castro.

Después que el propio Fidel declaró que el comunismo no sirve ni a Cuba, después del derrumbe del Muro de Berlín y de la Unión Soviética, en cuyo desenlace se le atribuye una determinada influencia espiritual a la visita que hiciera a la Europa de Este, el Papa Juan Pablo II, muchos han pensado que algo parecido podría pasar en la Cuba comunista, después del rotundo fracaso que significa la pobreza que afecta a la mayoría de los cubanos, de la dependencia económica, primero de la Unión Soviética y luego de la Venezuela presidida por Hugo Chávez, por lo que muchos analistas y políticos no se explican cómo se sostiene todavía el gobierno cubano.

Sin embargo, pareciera que algunos esperaban y hasta pretendían que Benedicto XVI interviniera abiertamente en la política interna de Cuba y se reuniera con las Damas de Blanco, papel que no corresponde a la Iglesia, por lo que tampoco lo hizo Juan Pablo II en la Europa Comunista. Su mensaje fue, como el de su sucesor, de profundo contenido espiritual, cuya repercusión en la sociedad cubana dependerá más de la fe, la esperanza y la capacidad de lucha de los propios cubanos, por la paz, la reconciliación y la democracia.

Cuando su Santidad el Papa Benedicto XVI expresó su convencimiento de que Cuba mira hacia el futuro, no sólo quiso reconocer las reformas que ha introducido Raúl Castro desde que asumió la Jefatura del Estado, sino también estimular a los cubanos a participar y profundizar la lucha por mayores reformas, políticas y sociales, no sólo económicas. El mensaje de la Iglesia Católica debe ser asimilado tanto por los feligreses como por los demócratas cubanos, e incluso latinoamericanos, que creen en los cambios pacíficos y rechazan la violencia.

Y aunque no habrá milagros, la fe, la esperanza y la lucha pueden abrir un mejor y próspero futuro a los cubanos, si son capaces de interpretar las parábolas con las que se dirigió tanto a las autoridades cubanas como a millones de ciudadanos que buscan la conquista de un régimen democrático. Esta visita puede comprenderse como la continuación de su antecesor Juan Pablo II, quien con su mensaje espiritual, según analistas internacionales, contribuyó sustancialmente a provocar los cambios pacíficos que se produjeron en el mundo comunista de Europa del Este, incluyendo la Unión Soviética.

La experiencia mundial indica que la lucha entre los totalitarismos y la democracia, para que ésta tenga éxito, ha sido fundamentalmente pacífica, perseverante y sin miedo, porque la violencia totalitaria termina afectando también a muchos de los que inicialmente la promovieron. Las sociedades democráticas aprenden de la historia universal y sobretodo de sus propios errores, que generalmente las conducen a fortalecer la lucha, la unidad de todos los demócratas, sin excluir a los disidentes que deben ser bien venidos. Al margen tienen que quedar los odios, las viejas rencillas y el espíritu de venganza, porque lo fundamental para los pueblos es la conquista de la democracia, de allí las enseñanzas que se derivan de la experiencia Chilena frente al dictador Pinochet, de la concertación en España ante las amenazas de franquismo, y sin ir muy lejos en la Venezuela del Pacto de Punto Fijo, que con algunas excepciones, unió a a más del noventa por ciento de los venezolanos, que les permitió consolidar durante varias décadas un sistema democrático. .

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