Revolución cognitiva en la formación docente

“La carrera docente en el siglo XXI, así como una gran parte de la tradición que la fundamenta, es presa de las limitaciones y falsas premisas que contaminan tanto sus teorías como su práctica. La carrera docente, y más propiamente la formación de docentes, necesita una revolución cognitiva, un cambio radical que ha de afectar no sólo a nuestras ideas y creencias, sino también, como diría Martín Heidegger, a nuestro ser en el mundo en sus aspectos más básicos y esenciales”.

El planteamiento es defendido por los docentes José Valderrama Rodríguez y Esperanza Piña de Valderrama, en el ensayo denominado “La revolución cognitiva en la formación del docente del siglo XXI”, publicado en la revista Educare de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL-IPB). Se trata de una exposición de ideas con la que más allá de presentar conclusiones invitan a la reflexión de los docentes, para lo cual se basan en los supuestos teóricos de Castaneda (1974, 1975, 1988, 2000), Hilman (2000) y Maturana y Varela (2001) entre otros.

“La idea es que contribuyan a la inmensa tarea de buscar y favorecer los cambios en la formación de docentes en Venezuela. Cambios tan necesarios, para que surja un nuevo docente, un ser humano consciente de su verdadera naturaleza y posibilidades existenciales en una sociedad convulsionada por la incertidumbre en todas sus manifestaciones”, explican.

Los descubrimientos revolucionarios acerca de la percepción llevados a cabo por los brujos de la antigüedad parecen dar la razón a Platón, San Agustín, Kant y Husserl en filosofía, a Chomsky en Lingüística, a Jung en Psicología, a Maturana en Biología, que defendieron desde varias perspectivas el enfoque básico que expresa que “nuestra experiencia de la realidad no la crean los datos que provienen de ella sino de la construcción activa de conocimiento en base a la interpretación de los datos que se realiza en nuestro aparato cognitivo”.

La facultad de cognición implica un hecho homogéneo y global común a la humanidad. Un proceso por el cual reconocemos el mundo que nos rodea, según los docentes autores del ensayo. “Para el mundo de los chamanes del México Antiguo, en cambio, existe la cognición contemporánea y la de los chamanes del mundo antiguo, es decir, que existen sistemas cognitivos que generan mundos enteros de experiencia de vida cotidiana que son intrínsicamente diferentes”.

Tomas Khun acuñó el concepto “paradigma” para referirse a un modo típico de pensar, a un marco mental que provee los axiomas básicos por los que se mueve una comunidad en una determinada época, señalan. “Pero, por sistema cognitivo entendemos algo mucho más inclusivo pues engloba no sólo al paradigma en el nivel mental que le es propio, sino también al aparato perceptivo junto con el emocional y espiritual, esto es, un sistema cognitivo constituye la totalidad del ser y la totalidad del universo.

Proceso perceptivo

El sistema cognitivo implica todos los procesos perceptivos, intelectuales, evaluativos y voluntarios que delimitan lo perceptible, lo real y lo valioso en cualquier grupo humano y época. Constituye un concepto más globalizador que el de paradigma que queda incluido en él. Un sistema cognitivo crea un mundo, define un universo y una imagen del ser humano. El sistema cognitivo es creador de la realidad y, lo que es más importante, nos encierra en ella”.

Valderrama y Piña parten de la convicción de que la formación docente o la docencia, como sistema simbólico, presenta como todo sistema de esta naturaleza, lo que ya hace mucho anunció Lao Tzé un “natural vacío de los símbolos”. Vacío que cada cultura, cada época y cada modelo de formación docente, rellena con su visión del mundo que en un sentido más concreto podría definirse como su peculiar filosofía, paradigma y sistema cognitivo.

“Desde hace más de dos mil años la docencia, entendida como el sistema simple del maestro que enseña y el discípulo que aprende, está inserta en la tradición racionalista occidental. Pero, como sabemos, la docencia es, tanto en su dimensión temporal como en la espacial, mucho más amplia y universal, que la representada por dicha corriente. Se encuentra en culturas preoccidentales y no occidentales y dentro de ellas con enfoques y prácticas muy divergentes”.

En tal sentido, el tema que ocupa a los autores es interpretar cómo la percepción, los sistemas cognitivos y la docencia se entrelazan en una danza acompasada o quizás frenética con la finalidad de encontrarle sentido al mundo, al ser humano, a la educación.

“Como practicantes de la insólita y atrevida maestría de la docencia, esperamos que no nos fallen fuerzas para resistir los embates de las poderosas corrientes colectivas, tan poderosas como dañinas. Fuerzas que nos hipnotizan con idealidades vacías y nos convencen de practicar una docencia descafeinada que sirve esencialmente para alimentar la importancia personal, la compulsión a preocuparnos morbosamente de nuestro destino social y personal”.

La revolución cognitiva que, a juicio de Valderrama y Piña, encierra el mayor potencial evolutivo de inicios del siglo XXI, implica no sólo un reemplazo del paradigma aristotélico y cartesiano que rige la actividad intelectual contemporánea sino, ante todo, un reconocimiento de los límites y problemas del actual sistema cognitivo que impera en el mundo, en la formación y práctica docente.

“Sistema que, para ser superado, necesita no sólo desterrar de nuestra mente una visión intelectual del universo y una limitadísima imagen del ser humano, sino además, y especialmente, una lucha por liberarnos de la basura acumulada (ego, percepción, razón) por el mismo; con el fin de recomponer nuestra salud ontológica al recordar y recuperar quiénes somos, y liberar la energía necesaria para el cambio, para el advenimiento y resurgimiento del ser humano como viajero del “oscuro mar de la conciencia”.

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