Fuegos artificiales, pero queman

Con aparatoso espectáculo, invitaciones a “vaciar los anaqueles” y retroceso hacia llamados al orden, sin salir del discurso clasista, el gobierno ha emprendido la que llama “Ofensiva contra la Guerra Económica” consistente en imponer rebajas a los precios que subieron escandalosamente como consecuencia de sus propias políticas. Esto es, sin rectificar esas políticas sino, al contrario, acentuándolas.

Las medidas, muy sonoras y efectistas, llamadas a inyectar adrenalina a los decaídos ánimos de sus propios seguidores, que en las encuestas aparecían decepcionados e inconformes, no atacan el fondo de los problemas. La especulación es posible en la escasez y agrava la inflación, pero no la causa. La inflación tiene su origen en factores monetarios, cambiarios y fiscales que el gobierno no toca, aunque calladito esté hablando de eso con el Fondo Monetario Internacional.

No se producirá más por estas ni por otras medidas anunciadas en el marco de la Habilitante. Pero lo que el gobierno quiere producir no está en la industria o en la agricultura, sino en las mesas electorales. Eso, está por verse.

Nadie puede vender más caro, porque no habrá quien le compre, si los productos son abundantes y fáciles de conseguir a precios accesibles. Los comerciantes no son estúpidos ni los consumidores dementes. La especulación es, hermana siamesa de la escasez.

No se trata de una improvisación y, en la óptica revolucionaria, tampoco una equivocación. Lo que hacen es perfectamente coherente con lo que vienen haciendo, y traerá los mismos resultados. Porque esas políticas no funcionan y nada permite predecir que esta vez sí lo harán.

¿Sus consecuencias? En lo inmediato bajarán los precios y aumentará el consumo. También habrá más oportunidades de corrupción para los funcionarios y para los efectivos de la FAN, a los que se ha acercado a la tentación. En lo mediato, traerán más escasez y precios más altos. Eso sin contar las perversiones derivadas de meter al partido (las UBCH), a los consejos comunales ¡y a los colectivos! en el control de precios y ventas.
A todo esto, sume el agravante del discurso de división clasista, de echar a pelear a unos venezolanos contra otros.
La expresión “jugar con fuego” nunca fue más apropiada.

Tristeza y esperanza

Las sesiones parlamentarias de esta semana, y los anuncios previos por parte de los voceros parlamentarios del oficialismo, parecen extraídos de aquella historieta de mediados del siglo XX llamada “El extraño mundo de Subuso”, personaje miope que imaginaba que las cosas eran como quería verlas. O tal vez como el mundo Bizarro, el anglicismo con el cual el comic de Superman pintaba un mundo al revés.

La institución de la inmunidad parlamentaria existe, en la doctrina y en la Constitución, para proteger la independencia del Parlamento, y en Venezuela acaba de allanársele a una diputada, precisamente para lograr conculcar la autonomía parlamentaria al conseguir que la Asamblea haga lo que el Ejecutivo quería que hiciera. Todo ello con la cooperación activa del Poder Judicial y el Ministerio Público, y el complacido protagonismo del presidente de la AN, quien por descripción de cargo debería ser el principal defensor de los fueros parlamentarios.

El gobierno no consiguió el voto 99, tuvo que producirlo. Y para eso usó, contra la Constitución a los órganos del Poder Público.

La Habilitante, una ley innecesaria e inconveniente, nace además con la mácula de un abuso de poder, que es la forma más grotesca de corrupción.

Este episodio es, para quienes servimos con vocación en el foro legislativo por años, vergonzoso.

En medio de esa triste escena, un dato para el optimismo. En tres meses de intentos reiterados, el gobierno no pudo corromper a ningún diputado de la Unidad. Los halagó, los presionó, les buscó la vuelta por todos lados. Y fracasó, por eso tuvo que recurrir a los jueces. En el país hay gente firme.

Prohibirla no la elimina

No puede nombrarse la escasez, ni siquiera porque aparezca en los informes del Banco Central. El miércoles 13, un titular de El Universal sobre el tema del que todos los venezolanos hablan porque todos lo padecen, le ganó varios minutos de adjetivos por parte del responsable del Poder Ejecutivo.

Pero la realidad es un dato inútil de prohibir. En la estadística oficial del BCV, la escasez de diez y nueve productos alimentarios aumentó entre septiembre y octubre. La de aceite de maíz llegó a 99.9% y la de aceite de girasol a 99.4, desabastecimiento casi total, mientras los aceites mezclados escasean en 78.4%. En 90.1 están la de leche descremada líquida y leche pasteurizada completa. La de leche en polvo completa es apenas menor, con 87.7%. Y la única escasez que descendió en el mes fue la descremada en polvo, que pasó a 71% desde 88.9. En las harinas, la escasez de precocida de maíz llega a 77.6%, cuando vamos a hacer hallacas y la de trigo a 77% en la época del pan de jamón. La falta de uvas en los anaqueles casi se duplica en un mes, para tocar el 63.9%.

PLAN B

El Gobierno no se cruza de brazos cuando, al acercarse la temida fecha electoral, todo indica que tendrá pérdidas cuantiosas. Invierte recursos considerables en dividir a la alternativa en varias localidades claves, y pisa a fondo el acelerador de una propaganda de clásico corte goebbeliano, prólogo de quien sabe qué insensatez. Aparentemente descartada la tentación de suspender las elecciones, la cual analizaron en serio, parece haber tomado el camino de quitar del medio a ciertos candidatos con rostro ganador, o a liderazgos potentes con fuerte incidencia en los votantes.

Se busca desactivar opciones y desmoralizar electores. Al leerlo así puede entender mejor las acusaciones contra Miguel Cocchiola, primera opción para la Alcaldía de Valencia, Enzo Scarano, alcalde de San Diego y líder ascendente en el mismo estado, y Henri Falcón, nuestro gobernador de Lara.

Rincón de libros

Interesantísima la biografía Andreotti, la vita di un uomo político, la storia di un’epoca del periodista italiano Massimo Franco (Mondadori. Milano, 2010), acerca de la figura discutida y potentísima de Giulio Andreotti, uno de los personajes más importantes de la vida italiana y de las relaciones internacionales a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. Los claroscuros del ser humano, los contrastes del político, son presentados con objetividad. No es un panfleto para reivindicarlo o para condenarlo. Andreotti, ministro desde la juventud hasta bien entrada la tercera edad, incluso varias veces Presidente del Consejo de Ministros, confidente de varios Papas y experto en relaciones peligrosas, siempre se declaró servidor de la razón de Estado que en él fue, más bien, pasión de Estado. Acaso la única pasión que tuvo un hombre por definición desapasionado, si se excluye su condición de tifoso de la A.C.Roma.

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