Sacudín

El anunciado “sacudón” presidencial resultó el parto de los montes. Sacudón no fue. En todo caso, sacudín. En el gabinete rotaron los mismos nombres, con escasas excepciones que vienen del mismo gobierno. No hay sangre ni ideas nuevas. En cuanto a la estructura, las ideas de reestructurar, agilizar y combatir el burocratismo y la corrupción quedaron diferidas. Sigue habiendo muchos ministerios y en cuanto a los cargos de viceministro, parece que han aumentado, dado que allí fueron reubicados varios de los removidos. Algún ministro (Héctor Rodríguez) es Vicepresidente de un área a la cual no pertenece (Desarrollo Social y Misiones) y ministro (Educación) bajo la coordinación de otro Vicepresidente (Planificación y Conocimiento). Para tanta expectativa generada, la verdad, poco qué comentar. Y si como algunos comentan, porque lo creen o porque lo desean, las decisiones vienen y las anunciarán los ministros y no el Presidente, habrá que verlo. Pues otra hipótesis es que lo que le impide tomar decisiones es, precisamente, lo que no le permitió mover la mata ministerial más a fondo, como todo el mundo pensó que haría, dada su promesa.
Se demostraron ciertos los rumores de que Ramírez y Jaua dejarían sus puestos: lo que no se calculó es que, en ese caso, solo cambiarían de silla en el salón Néstor Kirchner. Ramírez pasa de La Campiña a la Casa Amarilla, y Jaua de allí a la Vicepresidencia de Desarrollo Territorial y como Ministro de las Comunas, una cartera acaso más adecuada para su mayor propensión a lo ideológico. La diplomacia empuja al pragmatismo, por lo cual siempre le fue un poco incómoda, y por lo mismo debería ser de relativamente menos difícil adaptación para quien por tantos años dirigió Pdvsa, aunque sea un debutante absoluto en la materia. Si en las Comunas Jaua es como fue en Agricultura, habrá muchos problemas para gobernadores y alcaldes, y no solo para los de la Unidad. Por más glamorosa que sea Cancillería, allí Ramírez tiene mucho menos poder que el que llegó a alcanzar como zar del petróleo con jurisdicción en toda la economía. Como Vicepresidente de Soberanía se coordina a sí mismo y a otros (Interior, Defensa, Comunicación e Información) que dudosamente lo verán como su jefe. Si la diplomacia la maneja como hizo con el petróleo, tendrían que prepararse la Almirante Meléndez y el General Padrino, porque tendrán mucho trabajo.
La ausencia de anuncios de decisiones no quiere decir que los problemas desaparezcan. Al contrario, es un modo de agravarlos. Si las piensan diferir para después de las parlamentarias habría que plantearse el escenario de una anticipación de la convocatoria comicial, porque esa situación hace rato ya no aguanta y mientras más se difiera afrontarla más costoso para el país será. Si lo que tienen en mente es escaparse de tomarlas, el peligro es mucho mayor. Las decisiones económicas, como dijo un viejo sabio, pueden ser de uno de tres tipos: las buenas, las malas y las inevitables. Siendo este un ejemplo de las terceras, rehuirlas es muy mal síntoma.

Por el discurso fuertemente político de la noche del martes no deberíamos sacar conclusiones definitivas, porque puede ser hablar fuerte para hacer todo lo contrario. Es un discurso para su público político psuvista, y punto. Si de verdad piensa actuar como habló, el futuro se oscurece. Y si lo que tiene en mente es lo contrario, acaba de subirle el costo a sus medidas cuando se atreva a adoptarlas.
No hubo medidas nuevas, las defendidas ya habían sido anunciadas, y apuntan en la misma dirección que nos trajo hasta aquí. Si se lo juzga por ese silencio y por los cambios ministeriales, no hay asomo de rectificación.

Las cinco revoluciones enunciadas, por ahora, están como muchos anaqueles de supermercados. Vacías.
Burocratizar parece una ruta heterodoxa para desburocratizar. Que la lucha contra la corrupción la libre el mismo equipo bajo cuya responsabilidad cundió, es poco creíble. No hubo referencias al control de gasto público y, al revés, sí anuncios de un plan masivo de construcción de 1.500 edificaciones educativas para las cuales “ya tiene los recursos”. Tampoco de decisiones en materia cambiaria, cuando la brecha entre el oficial y el otro se ensancha. De una nueva política petrolera, y aspectos tan resaltantes de ella como los precios del combustible y el destino de Citgo no hubo palabra, y los nombramientos de Chávez y Delpino son más de continuidad que de cambio. El abastecimiento y el estímulo a la producción nacional brillaron por su ausencia. Juntar Agricultura y Alimentación en una cartera no resuelve por sí solo nada. Y dejar a Cabello en Industria, sin que se aclare si se va del Seniat no es exactamente prometedor. ¿Son cargos a medio tiempo? La señora Delgado en Comercio, muy ponderada por el Presidente, ¿será una señal de que se sigue pensando en términos importadores?

Al concluir la cadena unos quedaron decepcionados, otros confundidos, otros perplejos. Nadie satisfecho.

Chávez nuestro

Se sabe de la admiración y el afecto de una parte importante de los venezolanos a la memoria del difunto Presidente Chávez. Eso no puede mirarse sino con respeto. Pero ese invento del “Chávez Nuestro” será religiosamente idolatría y humanamente una ofensa para muchos, cristianos o no, incluso no creyentes. Pero sobre todo es una ridiculez con un efecto, me atrevo a decir, exactamente opuesto al buscado. A menos que el ánimo sea de burla, en cuyo caso pueden haber acertado, pero sería mucho más grave.

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