Ventana abierta – Escasez de esperanza

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Para recordar: “Bendito el que confía en el Eterno, y pone su esperanza en él” (Jeremías 17:7).
Nuestro título lo escuchamos en una entrevista televisiva; luego en Internet; lo han citado en libros, pero la situación que vive nuestro país y el mundo entero, se nos hace fácil hablar del tema.
En la página, verdadesyrumores.com/, Chávez, Darwin (2014) cita a David, su amigo, quien siendo un profesional, tomó la decisión de emigrar de nuestro país y le dijo: “No veo esperanza en Venezuela. Tengo un trabajo estable, pero vivo más tiempo en una cola tratando de conseguir alimentos, que compartiendo con mi familia. Mis ingresos se diluyen en medio de la inflación que algunos maquillan. No duermo en paz cuando mis hijos están en la calle. Sólo pienso, que será ‘del futuro’ de ellos…”. Finalmente, el autor señala: “En Venezuela escasea de todo, pero la escasez más grave es el de la esperanza”.
Así como Darwin, casi todos tenemos un familiar, un amigo, un conocido, que se ha ido porque aparentemente han perdido la esperanza, en el país. Muchos son “cerebros”, instruidos y capaces.
Cuántas personas, habrán repetido la expresión: “La esperanza es lo último que se pierde”.
Algunos dicen que esta expresión tuvo su origen en la mitología Griega, con Zeus, Prometeo, Pandora y su caja; para acortar la historia, ésta última, desobedeció la apertura de dicha caja, dejó salir la salud, el amor, la paz, y tras ello llegaron las guerras, muerte y dolor, al cerrar tan tarde la caja, solo quedó la esperanza, de allí la frase.
Sin tratar de cambiar mitologías, esta situación tuvo su origen cuando Dios le dijo a Adán y Eva, no coman del árbol “de la ciencia del bien y del mal”, pero ellos desobedecieron, comieron y llegó la muerte, la destrucción, y el caos se apoderó de la tierra. Y, sintiendo que habían perdido la esperanza, Dios le dijo a Eva (a la pareja), de ti saldrá a alguien que destruirá el causante de tanta desgracia: La serpiente antigua (ver Génesis 3).
En ese orden, la esperanza terrena escasea y a veces no llega. Pero, es peor cuando ciframos nuestra confianza en personas o entidades y no en Dios.
La Biblia nos reconforta. El salmista David dijo: “Porque tú, oh Señor, oh Eterno, eres mi esperanza, mi confianza desde mi juventud” (Salmo 71:5). El sabio Salomón señaló: La esperanza de los justos es alegría, la esperanza de los impíos perecerá (Proverbios 10:28).
El profeta Jeremías, colocó su confianza en Dios, bajo una bienaventuranza (texto inicial). Inspirado, el apóstol Pablo dijo: “Por esto aun trabajamos y sufrimos oprobio, porque hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo, Salvador de todos los hombres, en especial de los que creen” (1ª Timoteo 4:10).
Agrega Pablo: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1ª Timoteo 6: 17).
El doctor Lucas señaló: “Mantengamos firme la confesión de nuestra esperanza, sin fluctuar, que fiel es el que prometió” (Hebreos 10:23).
Lo anterior nos enseña que solo en Dios, primariamente, debemos confiar, y aunque parezca que no nos responde, siempre lo hace. Una vez dice sí, no, o espérate.
Dios, en su Palabra nos muestra un mundo mejor, aunque haya escasez de esperanza y cosas materiales, en Dios hay abundancia de todo, hasta de la vida eterna.
Eduardo Iván González González
www.ventanabiertalmundo.com

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